¡Mira que eres linda!

0

Moza na romería de San Fins de Castro. Ca. 40-50 Foto: José Vidal. Fuente: María Jesús Vázquez. Grupo de Facebook «Ollar Galicia»

Aunque la belleza sea algo que todos consideramos cosa fácil de identificar, el asunto no es tan sencillo como parece. Y es que lo que unos consideran bello, otros lo pueden considerar aberrante.

Si miramos en el diccionario qué es el “canon de belleza”, leeremos algo así como: “conjunto de características que una sociedad considera convencionalmente como hermoso o atractivo, sea una persona o un objeto”. Lo más curioso de todo ello es que el canon de belleza es distinto según la cultura, y aún dentro de ella, según la época histórica a la que pertenezca.

Para comprobar cómo ha cambiado el canon de belleza en nuestro cultura solo tenemos que pasearnos por un museo donde haya pinturas anteriores a nuestro siglo. Por ejemplo, si vamos al Prado y vemos “Las tres gracias” de Rubens podemos comprobar que en el s.XVII la hermosura femenina era más apreciada cuando una mujer era boluminosa y entrada en carnes.

lastresgarcias

“Las tres gracias”, pintura de estilo barroco de Pedro Pablo Rubens, 1636-1639

Cuatrocientos años después, en pleno s.XXI, si escribimos en el buscador de Google: “mujeres guapas” seguramente esta no sea la primera imagen que aparezca. Podríamos hacer la misma prueba con el género masculino y comprobaríamos que las diferencias también son evidentes.

Pero no hace falta dar un salto de cuatro siglos para encontrar diferencias. Si preguntamos a los alumnos de MEMOGA podremos comprobar que, cuando les tocó ser jóvenes y fijarse en el sexo contrario, las cosas que se valoraban eran significativamente diferentes a las que se valoran hoy en día. Esta es la conversación que se generó en el centro de Lugo, cuando les pregunté sobre cual era el canon de belleza femenino y masculino en la época que les tocó “mocear”:

 

Para propiciar recuerdos en esta materia, además de realizar las preguntas pertinentes, eché mano del tomo “Los ritos sociales de la Galicia tradicional” de la Gran Biblioteca temática de Galicia donde se dice lo siguiente sobre la belleza masculina y femenina:

Para ellos, el ideal de belleza lo representaba la mujer de piel blanca, mejillas rosadas y de cuerpo no excesivamente delgado, pero con una estrecha cintura:

“Eres branca como o leite,

vermella como o coral;

delgadiña da cintura

como unha dama real.”

Las virtudes que más se apreciaban eran la de ser trabajadora, discreta y que supiese cocinar.

En el hombre también se valora la piel blanca, así como que sea trabajador, valiente y honrado. Mientras tanto, aquellos económicamente débiles, o los que tenían defectos físicos que le impedían trabajar no eran queridos por las muchachas. Lo que no se perdonaba era que fuese vago:

“Adiós, miña miniña,

terra fría non da pan;

vale mais quedar solteira

que casar cun balandrán.”

Sean rubi@s o moren@s, hablar de este tema con las personas mayores es un buen recurso que genera un gran abanico de recuerdos positivos y que nos permiten conocer una faceta desconocida de ellos. ¿A quién no le gusta hablar de viejos amores?

 

La suerte del pajarito

3
img_20180815_1515392141902065.jpg

Foto Bene c.a 1950

Esta foto de mediados del s.XX es una auténtica llave para abrir los recuerdos de aquellos que presenciaron las ferias y romerías del siglo pasado en Galicia. Lo que vemos en ella es ni más ni menos que una jaula abierta de la cual sale un pájaro amaestrado. Esta inocente ave, que lo único que ansiaba era recibir como premio un cañamón, nunca fue consciente de las innumerables esperanzas e ilusiones que la gente depositaba en ella. Una alumna explicaba que conoció a una persona cuyo marido había emigrado a Cuba. Emigrar por aquel entonces suponía marchar muy lejos y no tener noticias ni forma de comunicarte con los tuyos durante mucho tiempo. En ocasiones, incluso, la distancia física y emocional era tal, que el emigrado comenzaba una nueva vida desde cero, olvidándose de los que dejó en Galicia y formando una nueva familia. El caso es que esta señora no tenía noticias de su marido desde hacía meses. Seguramente las malas lenguas en la aldea ya la estuvieran coronando con una cornamenta monumental, pero ella nunca perdía la ocasión, cada vez que acudía a la feria, de consultar a aquel pajarito con la esperanza de que él sí le pudiera decir algo de su marido. Cliente fiel de aquel tenderete, se dirigía a la dueña del pájaro, le pagaba lo estipulado y con la emoción contenida esperaba a que aquel animal saliera de la jaula y pacientemente eligiese un papelito de los muchos que había en la bandeja que le ofreció la dueña. No sabemos cuantos intentos tuvo que hacer la pobre para encontrar un mensaje que le satisfaciera, pero finalmente el pajarito dio en el clavo con un mensaje donde le vaticinaba que un familiar cercano regresaría desde muy lejos después de mucho tiempo. Podéis imaginar la alegría que aquellas palabras generaron en alguien que llevaba tanto tiempo esperándolas. Alegría que se transformó en desilusión, incertidumbre y desesperación cuando los días que sucedieron a la noticia aviar no trajeron ni a familiar cercano ni a familiar lejano. Es posible que aquel pájaro perdiera una clienta con el paso del tiempo, ese es el riesgo cuando juegas con el sentimiento de las personas.

En el siguiente corte de audio los alumnos del Centro de Lugo nos explican otra anécdota relacionada con la suerte del pajarito:

 

Antonio (Lugo, 1933): “Dabas una peseta y entonces el pajarito salía de la jaula, cogía con el pico un papel y te lo daba. El pajarito salía porque la señora después le daba un grano de cañamón. Entonces leías lo que te ponía y voy a explicar una anécdota que le pasó a mi familia. Mi hermana iba con un primo mío y le salió que iba a recibir una herencia de un tío por parte de madre y no tenía más tío que el padre del primo que iba con ella. El otro se llevó un disgusto… y que le iba a morir el padre, y que le iba a morir el padre y que le iba a dejar la herencia a mi hermana. El padre al final murió con setenta y tantos años”.

La popularidad de esta atracción de feria se da por hecho cuando hablas con tantos gallegos que la recuerdan. En la siguiente foto extraída del Archivo Histórico Provincial de Lugo,  podemos ver otro ejemplo de esta atracción.

img_20180929_174005302523732.jpg

Foto: Lugo, 1962. José Luís Vega Fernández

No fue, sin embargo, algo exclusivo de Galicia. En una ocasión hablé con una persona mayor que me confirmó que ella también lo había visto en la Rambla de Barcelona hacía muchos años. Cuando me puse a investigar por internet, encontré un precioso documento que demuestra que así fue:

pajaritodelasuerte1

pajaritodelasuerte2

Fuente: http://www.todocoleccion.net Vendedor: santvictor26

 No sé vosotros, pero yo no puedo remediar ver cierto paralelismo entre esto y el horóscopo de nuestros días.

Al seguir buscando por internet descubrí también que en México se atribuyen el origen de esta tradición. Allí aún hay familias que llevan toda una vida dedicándose al adiestramiento de canarios pero por lo visto, es algo que ya no va en aumento y está en vías de desaparición igual que desapareció en nuestro país. Siempre he pensado que, para presenciar ciertas manifestaciones culturales de nuestro pasado no hace falta viajar en el tiempo, simplemente tienes que viajar a otro país. Este sería un ejemplo de ello. Mirad este vídeo donde se entrevista a uno de estos “domadores” de canarios. No parecen haber tantas diferencias entre unos países y otros, ¿no?.

¡Morreu o demo, acabouse a peseta!

0

Foto: Barriga Verde. Foto Vega. Lugo. c.a. 1960

En la infancia de todo niño se viven episodios que permanecen presentes para siempre en el recuerdo. La carga emotiva de una experiencia es fundamental para fijar en la memoria los acontecimientos, y esa podría ser una de las explicaciones para los recuerdos imborrables. Cuando somos niños, aún mantenemos viva la capacidad de sorprendernos. La curiosidad nos impele a experimentar, y descubrir cosas desconocidas nos genera un estado emocional propicio para aprender y fijar ese conocimiento.

Es curioso que al preguntar a cualquier persona que nació en Galicia entre 1920 y 1960 (por acotar una fecha) si significa algo para ellos el título de este post, todos puedan decirte algo, más o menos fidedigno, sobre quién era el que lo pronunciaba. Tal fue la importancia de este personaje en ferias y romerías en la Galicia de aquel tiempo. A pesar de todo, y pese a que se expuso a tanta gente a través de sus espectáculos, no existen demasiadas fotos de él, o al menos de su cara al descubierto, pues la mayoría de las veces, o iba maquillado (como en la foto del post) o estaba detrás del escenario dando vida con sus propias manos a aquellos títeres que tanto divertían a pequeños y mayores, entre los cuales se encontraba el famoso Barriga Verde.

El nombre del artífice de todo aquel tinglado era José Silvent, un extremeño de origen francés que vivió en Portugal para aprender el oficio que después pondría en práctica en toda Galicia. En este enlace encontraréis más datos de quién era y de todo lo que hizo.

Los alumnos de MEMOGA, con mayor o menor precisión, conocían también la historia de Barriga Verde. En este fragmento, Luis (A Coruña, 1936) del Centro de Ourense, es quien más se acercó a la realidad en el recuerdo de este personaje.

 

Su dilatada existencia le permitió llegar a lo más alto en su profesión, haciéndose a sí mismo y progresando poco a poco hasta llegar a tener una barraca cada vez más grande y más rentable. Su espectáculo recibió el reconocimiento merecido: le esperaban en todas las fiestas importantes de las ciudades (San Froilán de Lugo, La Peregrina de Pontevedra, San Lucas de Mondoñedo, La Ascensión en Santiago…), no le faltaban clientes dispuestos a pagar y las críticas en los diarios eran siempre muy positivas. Esta del diario “La Noche” nos describe a un José ya maduro, que ha comenzado a delegar en su nieto (uno de los pocos que aprendió a utilizar la palleta que les permitía cambiar las voces de los personajes) y que parece tener asegurada su continuidad.

BarrigaVerde2

Diario La Noche, mayo 1957

El autor de este artículo, que firma con el seudónimo Borobó, es en realidad Raimundo García Dominguez que, en aquellos años, dirigía el diario “La Noche”, poco antes de pasar a dirigir “El Correo Gallego” en 1960.

Seis años después, en otra entrevista del mismo diario al yerno de José, comprobamos que esa continuidad que parecía asegurada no era tal. Y la historia lo demostró. Pese a tener 8 hijos, finalmente nadie continuó con aquella empresa. En esta entrevista es también interesante ver qué tipo de premios se repartían en las tómbolas.

barrigaverde

Diario La Noche, 22 de mayo de 1963

Antes de morir Barriga Verde, el poeta Manuel María se inspiró en el personaje que tantas veces había visto en ferias, para escribir una serie de textos teatrales que recopiló en un libro llamado Barriga Verde.

Y tras la muerte, el olvido. Pasaron los años y los títeres, la barraca y todo lo que giraba en torno a ellos quedó abandonado en un trastero hasta bien entrado nuestro siglo. Tras 40 años, un grupo de personas decidió recuperar el títere tradicional y fue así como surgió una asociación que, entre otras muchas cosas, se centró en reconstruir y recrear la barraca de José tal y como fue. Tenéis información detallada en su web.

Gracias a ellos y al recuerdo de todos los que lo vieron y viven para contarlo, Barriga Verde sigue repartiendo leña a ese “demo” para acabar con él y dar por finalizada la peseta.

 

El día de la tortilla

0
VIV41

Foto: Carmen Méndez Goás (1966)

En este fragmento, Carmen (Celeiro, 1939) del Centro de Viveiro, nos explica cómo se celebraba el día de la tortilla. Esta fiesta popular en Viveiro se hace el domingo anterior al Domingo de Ramos:

O dia das tortillas ven a ser o dia de San Lázaro, antes de domingo de Ramos. Pois onde se facía unha tortilla e a comiamos no campo. Antes pouco máis había que unha tortilla. Despois xa nos iamos facendo uns buñuelos, un “cake”… Mentres eramos chavaliñas íamos solas, nenas. Hasta estabamos na escola separados. Entonces, así que eramos máis grandes e había un rapaz que quería acompañarnos, nos pedía si podía vir na pandilla. Pasabámolo moi ben, era una festa típica de Viveiro. Inda hoxe se fai. Pero no íamos a “playa”, íamos todos ao campo. Faciamos churros toda a pandilla, faciamos buñuelos, faciamos tal, e todo isto era a escote. Se chovía comiámolo igual na casa, ou íamos a un café e no reservado comiamos a tortilla ou a tarta ou o que houbera.”