“A cada cerdo le llega su San Martín”

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Foto: Propiedad de Carmiña Tinoca. Autor: Xosé Vázquez Arias “O Rizo” Fuente: www.aquelacelanova.es Localización: Rúa de Abaixo (Celanova) c.a 1960

Tarde o temprano llega el momento. No es agradable para los habitantes de la casa porque quien más o quien menos le ha cogido cariño a ese animal que te mira y parece que piense. Desde que lo adquirimos en la feria, hemos estado durante casi un año alimentándolo bien para que se cebara, le hemos dado paseos por la “eira” y le hemos tratado a cuerpo de rey. Hasta le hemos puesto nombre y lo hemos protegido de la envidia y el mal de ojo poniendo un amuleto en su corte. Pero todo 11 de noviembre llega. Ya comienza a hacer frío y en casa, la familia, necesita un aporte extra de proteína en la alimentación para hacer frente al invierno que se acerca y que no sólo se puede pasar con un caldo de verduras o unas castañas con leche. La despensa ya no tiene chorizos, el lacón se acabó hace tiempo y del jamón solo queda un hueso rancio que hará su última función sumergido en el último caldo que por no llevar ya no lleva ni unto.

Es por esto, porque el hambre aprieta, por lo que nuestro apreciado cochino pasará a mejor vida y nos dará, con su sacrificio, la vida que le quitamos. El día de matanza será una fiesta, invitaremos a familiares y haremos filloas de sangre, a ver si así evitamos que los más pequeños acaben con anemia, que están en tiempo de crecer y no siempre reciben la mejor alimentación.

Hablar de la matanza con los alumnos de MEMOGA es una experiencia donde siempre aprendes. Ellos vivieron esos años donde se mataba para comer y cualquier sacrificio del animal de la casa estaba justificado pues eran muchas las bocas que alimentar. Era necesario llenar la despensa sobretodo en una estación del año donde no era fácil encontrar alimento.

El audio de este Post dura bastante tiempo, lo reconozco. Es del Centro de Betanzos, en un día que vinieron pocos alumnos: en la conversación sólo participan Rosario (Coirós, 1931) y Felipe (Oza de los Ríos, 1937). Quizás gracias a ello la conversación se hizo más fluida y nítida. Es así como pude saber que si el matarife no era muy diestro en su faena el cerdo podía arrancar a correr con el cuchillo clavado, que los cerdos comían todo lo que pudieran y más con tal de llegar cebados a su sacrificio, que del cerdo todo se aprovecha, conocí la diferencia entre sebo y unto, o la manera de hacer que un jamón no se echara a perder por culpa de la dichosa mosca.

Este audio es muy largo pero no he visto por donde recortarlo, todo me parecía interesante, por eso lo cuelgo tal cual. De esta forma, os podéis hacer también una idea de como era la parte inicial de una sesión de MEMOGA, en la que conversábamos sobre el tema del día apoyados en material visual (fotos) y también material oral (textos sobre el tema que introducía dentro de las conversaciones para estimular el recuerdo de los participantes). Para haceros más amena la escucha os muestro parte de ese material gráfico que me servía de apoyo para reconducir la sesión. Disfrutadlo.

 

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Bailes con “permite”

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Foto: Xosé Vázquez “Rizo”

El baile con “permite” era una modalidad de baile donde existía la norma tácita de que se tenía que ceder la pareja en mitad del baile si así lo solicitaba el interesado. Vendría a ser algo parecido a estas reuniones para conocer gente que se hacen ahora en la que vas intercambiando cada poco tiempo tu interlocutor.

Es de imaginar que en estos bailes surgieran conflictos y malentendidos cuando el chico no quisiera ceder a su pareja a cualquier desconocido o cuando ella no quisiera soportar a un nuevo bailador.

Si la gente no aceptaba la norma, la disputa estaba asegurada. Así me lo explicó Josefa de Ourense (1921) cuando su hermano, que bailaba con ella, no quiso ceder el baile a un chico que así se lo pidió. Llegaron a las manos y finalmente fue ella la que le propinó tal manotazo al interesado que le tiró el sombrero al suelo. Según Josefa, aquella fiesta acabó con la clausura del baile por parte de la Guardia Civil y su hermano encerrado en los calabozos.

En la audición de MEMOGA, Jesús (A Coruña, 1942) y Divina del Centro de Lugo nos explican sus experiencias en este tipo de bailes:

“Eso lo he vivido, la verdad es que me extraño, he participado en el tema y todavía hoy me río. A mí me utilizaban de comodín. Había un chico que estaba enamorado de una chica y lo que se decía, si iba un tercero a pedirle le tocaba el brazo y decía: ¿permite? y tenía que dejarle la chica. Había una normativa. Dentro de la misma pieza un señor no podía ir dos veces a la misma chica. Podía ir este, este, el otro y eso, pero una persona dos veces no podía ir. Entonces aquel chico que estaba enamorado, me decía: vete tú y sácala y luego se la cedía a él. Eso daba origen a muchos problemas.”