El Pasatiempo

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Entre aquellos gallegos que atravesaron el océano Atlántico en busca de oportunidades, hubo quien consiguió hacer grandes fortunas. Muchos de estos continuaron viviendo en su lugar de acogida hasta el final de sus días, aprovechando un estilo de vida que nunca hubieran imaginado poder vivir. Otros sin embargo, retornaron a su lugar de orígen y construyeron edificaciones muy diferentes a las tradicionales, con una gran palmera en el jardín, anunciando así su estatus de “Indiano”. Estos retornados podían mostrarse ostentosos, recordando a sus convecinos cada día la dimensión de su fortuna, o por el contrario, podían contribuir al desarrollo de aquella aldea que abandonaron de jóvenes, escapando de la pobreza y de la falta de oportunidades.

Este último caso es el de los hermanos Juan María y Jesús García Naveira. Nacidos en el seno de una familia “labrega” de Betanzos, marcharon a Argentina en 1869 y 1871 respectivamente. Con apenas 20 años se lanzaron a la aventura de la emigración, buscando horizontes de éxito y prosperidad. Lo lograron. Al cabo de otros 20 años, en 1893, estaban de vuelta en España. Desde esa fecha, intentaron contribuir al desarrollo social de su población con la aportación de varios proyectos que sin duda, dieron un gran impulso a Betanzos. La situación por aquel entonces era de gran precariedad. Existía mucho analfabetismo y poco empleo. Tampoco existían instituciones que acogieran a los más desfavorecidos. Es por ello que se construyeron una serie de edificaciones que buscaban solventar estas problemáticas. Por supuesto, en la construcción de las mismas participaron los propios betanceiros, con lo que también se contribuyó a aumentar el empleo. Entre estas edificaciones se contaba con dos lavaderos, un refugio para personas con discapacidad física, un sanatorio, escuelas municipales, una “Casa del Pueblo” y un parque de recreo denominado “El Pasatiempo”, el cual servía a su vez como fuente de ingresos para su mantenimiento propio y el de las otras instituciones construidas.

El precio de la entrada al parque que pagaban turistas y foráneos (se comenta que los vecinos de Betanzos tenían la entrada gratuita) y la venta de postales como la de la imagen (se vendían al precio de una peseta en 1915), era el dinero que servía para la manutención del Parque y la “Obra Social” de los Hermanos.

Este parque no se construyó de un día para otro. A lo largo de los años se fueron añadiendo zonas y escenarios que solían inspirarse en viajes por el mundo que realizaban los hermanos. Esto fomentó la creación de un lugar mágico, una especie de parque temático que en su época de esplendor atrajo muchos visitantes.

Las épocas de esplendor suelen anteceder a épocas de decadencia. Y esto es lo que ocurrió con el parque. Uno de los hermanos murió antes de los previsto en 1912, el otro lo hizo ya entrado en años en 1933. A partir de ahí, no hubo relevo y el parque inició su decadencia. Es por ello que los alumnos de MEMOGA del centro de Betanzos, al rebuscar entre sus recuerdos de infancia, rememoran un parque abandonado, ruinoso y decadente. Un escenario a donde se acudía a jugar, hacer travesuras, darse el primer beso y, seguramente, realizar algún tipo de acción vandálica.

A pesar de todo ello, el Pasatiempo resistió el paso del tiempo. Yo lo conocí precisamente en 2008, el año que impartí MEMOGA en Betanzos y tengo que reconocer que pasear por él me produjo una mezcla de sentimientos encontrados. En primer lugar sentí esa suerte de fascinación que te aborda cuando pisas un lugar ruinoso, testigo del pasado que se ha quedado parado como un reloj antiguo con el mecanismo roto. No me costó trabajo transportar mis sentidos 100 años atrás y dar rienda suelta a la imaginación. En ese sentido, fue un descubrimiento muy inspirador.

Por otra parte, me abordó algo similar a la nostalgia, una especie de tristeza que, si bien es dolorosa de forma ténue, me permitía apreciar la belleza de aquel lugar y transformar el dolor en poesía. Esto conecta sin duda con el concepto de romanticismo. Me pregunto cuantos antes que yo, han ido allí a contemplar la belleza estática que el transcurso de los años esculpe en escenarios como este. Al respecto, creo que es muy acertado el nombre de “Pasatiempo”.

Y finalmente tuve otro sentimiento, en este caso menos noble, al contemplar ciertas esculturas que se me antojaban “cutres” o mal logradas. Era un sentimiento ridiculidizador parecido al que te aborda cuando visitas un parque de atracciones antiguo y ves las paradas y los diferentes artilugios obsoletos y decadentes.

Aquel descubrimiento me alentó a introducir el tema del parque en el aula el día que hablamos de “Divertimentos en la edad adulta”. Y esta es la conversación que se generó:

 

Tengo que reconocer que mi descubrimiento del “Pasatiempo” ha dejado una placentera impronta en mi memoria. Y os puedo asegurar que este primer descubrimiento ha vuelto a renacer cuando he buscado por internet información al respecto para escribir esta entrada. La idea de escribir sobre ello nació precisamente al conocer uno de los lectores de este blog: José Souto. Él contactó conmigo en Instagram explicando que existe una Asociación de Amigas del Parque del Pasatiempo que luchan a diario por mantener en pie esta joya del pasado. Podéis consultar su blog personal en este enlace.

Conocer a José y su labor me llevó a conocer otro blog que es sin duda el referente obligado para todo aquel que quiera investigar sobre el “Pasatiempo”. A pesar de que no he podido ver por ningún lado (quizás no lo he visto bien) quien es el autor del mismo, no dudaría que José fuera el responsable dada la implicación que ha demostrado en este monumento. Este es el enlace del blog. En él he descubierto gratamente de nuevo el parque que visité en 2008 y he podido conocer un gran número de curiosidades y datos muy bien documentados.

También, a través del blog, puedes consultar el horario de visitas y descubrir, tristemente, que actualmente el parque se encuentra cerrado. Un derrumbamiento reciente (el enésimo ya) es el causante de mantener el parque más solitario, si cabe, que en años anteriores.

Aunque tal vez, si se trata de buscar culpables, deberíamos investigar por qué razón no se invierte más en mantener el patrimonio histórico de Galicia. A pesar de la labor bien intencionada de la gente del pueblo, no se podrá lograr la preservación en su totalidad  de joyas como el “Pasatiempo”, sin la intervención de quien tenga más poder e influencia. Y la cosa es urgente porque el tiempo no perdona.

 

Pasar más hambre que un maestro de escuela

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

Mirad esta foto. Fijaos en sus protagonistas, niños y niñas que miran a la cámara. ¿Qué pensarían en ese momento? ¿Se imaginaban tal vez que 100 años después completos desconocidos podríamos estar mirándoles a los ojos? Hay algo mágico en todo esto. ¿No creéis?

No os perdáis ninguna de sus expresiones. Cada mirada, cada cabeza alberga un mundo, una forma personal de entender y percibir la realidad que les tocó vivir. Vidas que estaban comenzando, que confluyeron en aquel aula durante el tiempo que duraron sus estudios. Vidas que siguieron su propio camino a lo largo de los años. Unas se truncaron prematuramente, otras fueron exitosas y placenteras, otras solo conocieron el sufrimiento, otras fueron tan dilatadas que prácticamente abrazaron el s.XXI. Hoy nadie de ellos existe. Lo podemos decir con total seguridad. ¿Sí?, ¿seguro?¿No podría ser que hablar de ellos, tenerlos presentes, mirarles a los ojos e imaginar sus vidas haga, en parte, que sigan vivos? Vivos de alguna forma, a pesar de todo.

Lo que sí es cierto es que durante toda su vida terrenal, estas personas tuvieron algo en común, algo con lo que viajaron y que se mantuvo presente en sus cerebros prácticamente hasta su final: el nombre de su profesor. Ese referente que les instruyó y que les enseñó aquellos conocimientos básicos para labrarse un futuro. Es posible que el nombre que estuviera grabado en los cerebros de los protagonistas de esta imagen fuera el de Pedro Brey Guerra (1889-1967), un maestro aficionado a la fotografía que retrató, a lo largo de su vida, las personas que formaron su entorno más próximo en su Estrada natal. En el siguiente enlace podéis conocer su biografía además de contemplar fotos como la de arriba.

Tal como dice el título de esta entrada, ser maestro en aquellos años significaba estar dispuesto a pasar ciertas penurias ya que el sueldo no era lo más atractivo de la profesión. Si además hablamos de una escuela rural, el profesor tenía que exponerse a ciertos contratiempos como podían ser: no contar con la infraestructura más adecuada, tener que atender a un número muy elevado de alumnos con niveles y edades diversas, sufrir absentismo en aquellos meses en que las labores del campo eran más activas… Precisamente, podemos hacernos una idea de esto al leer el siguiente párrafo que pertenece al informe que elaboraron los inspectores que visitaron la escuela rural de Arnois cuando estaba ejerciendo de maestro Pedro Brey allá por el año 1921:

“O ensino encontrase en estado satisfactorio, aínda que dificulte moito o labor do mestre o excesivo número de alumnos e as pésimas condicións do local… Inservible para o obxecto, mal iluminado e con mala ventilación, sen patios de recreo, nin lavabos, nin retretes, cunha soa dependencia de 8,5 por 3,5 por 2,15 metros. Cun presuposto total de 2.750 pesetas ao ano, incluído o soldo do mestre. Cun número total de 130 alumnos matriculados, sistema mixto, de idades entre 8 a 12 anos; que teñen que percorrer camiñando, desde a súa casa á escola, até 4 km de distancia, e que asisten irregularmente a clase porque axudan nos labores do campo. E 28 alumnos de entre 14 e 31 anos, labradores de profesión predominante. Escola situada nun val, na estrada de Ourense a Santiago. Zona de industria e comercio moi escaso, e bastante emigración”

La siguiente foto podría representar con total acierto la escena que acabáis de leer:

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

En MEMOGA hablamos largo y tendido sobre la escuela. Lo vivido en esos años es algo que permanece guardado en la memoria y que se recuerda con agrado. Es curioso (podéis hacer la prueba con vosotros mismos) la potencia del recuerdo para nombres de profesores y compañeros de escuela. De la misma forma que comentaba que los niños de la fotografía podían tener grabado a fuego el nombre de ese referente que fue su maestro, nosotros no somos tan diferentes de ellos, a pesar de la distancia temporal que nos separa.

En el siguiente corte de audio, Rosario del Centro de Betanzos (Coirós, 1931), recuerda con nombres y apellidos las que fueron sus profesoras y rememora con detalle su escuela.

 

La Guerra Civil truncó la educación de muchos alumnos en edad escolar. El conflicto bélico obligaba a muchos profesores a marcharse, a esconderse. Ya fueran monjas o curas, ya fueran profesores sin condición religiosa, pensar de una forma u otra era un peligro ante mentes obcecadas y llenas de odio. Quien mantuvo su posición, a pesar de todo, llevó hasta el final su labor educativa:

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“La última lección del maestro”. Alfonso Manuel Rodriguez Castelao.

Todos conocemos más o menos cómo era la enseñanza una vez se instauró el Régimen a partir de 1940. Como en toda dictadura, la educación se orientó para transmitir a las nuevas generaciones una forma de ser y de entender el mundo condicionado a los valores de la propia dictadura. Por ejemplo, se intentó erradicar el idioma gallego del aula aún sabiendo que muchos de los alumnos (sobretodo en el rural) se expresaban habitualmente en esta lengua. Para muchos de ellos esta obligación de expresarse en un idioma que no dominaban (el castellano) favoreció sin duda su fracaso escolar. Esto  es un hecho que me constataron muchos de los alumnos de MEMOGA pero que también pude comprobar cuando leí “Memorias dun neno labrego”.

Y a pesar de todo, las condiciones de las escuelas rurales bien entrada la segunda mitad del s.XX continuaban siendo casi tan precarias como la de Pedro Brey. En el siguiente corte, MªCarmen (Pontedeume, 1942), del Centro de Pontedeume que trabajó de profesora, nos explica su experiencia profesional en una escuela de Puente Nuevo (actual Pontenova) en la provincia de Lugo.

Los profesores, como se puede comprobar en este audio, no contaban tampoco en 1963 con un gran sueldo. Parece que el título de este post les ha ido acompañando a lo largo del s.XX cual losa pesada. Es de suponer que la profesión les aportaría otra retribución de carácter no económico que supliera la carencia. De lo contrario, haría mucho tiempo que la profesión de maestro se habría extinguido.

Los “Fazais”

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“El Prestidigitador y el ratero” Atribuido a El Bosco, 1502 o posterior.

Una de las profesiones más antiguas (y la imagen nos lo demuestra) es la de embaucador de inocentes e ingenuos. En esta imagen atribuida a el Bosco, vemos como un individuo absorto en el discurso del charlatán, perderá la bolsa de sus dineros a manos de un habilidoso y disimulado ladrón.

En Galicia, como en todos sitios, existieron y existen grupos de dudosa honestidad que, aprovechando las concentraciones de gente y los lugares donde se mueve dinero, lanzaban su caña con verdadera arte para pescar el jornal ajeno.

Ahora que es tiempo de San Froilán y la ciudad es un hervidero de gente, viene al pelo hablar en este post de los “Fazais”, una suerte de carteristas, trileros o charlatanes, que operaron en la ciudad allá por los años 40 y que aprovechaban precisamente fiestas como la de San Froilán o la feria de ganado para poner en práctica su labor.

Es fácil de imaginar lo tentadora y suculenta que podía ser para un carterista una feria de ganado a mediados del siglo pasado. De aquella, las transacciones económicas se pagaban al contado porque los ingresos a cuenta o pagos con tarjeta eran aún perfectos desconocidos. De esto estábamos hablando en en Centro de Lugo cuando salió el tema de los “Fazais”:

 

Jesús (A Coruña, 1942): “Aquí en Lugo había unos personajes muy típicos, la gente de Lugo tal vez los conozca, que se llamaban los “Fazais”. Yo he tenido el privilegio de vivir al lado de la muralla, yo era un criajo, son recuerdos de la infancia que tengo, y los veía subir por la rampa y había siempre un cebo: un señor que estaba allí jugando a la baraja. Yo les veía desde la ventana de mi casa ahí jugando a la baraja, y llegaba el paisano de turno que había vendido la vaca, con la cartera así y le decían verdaderas perrerías. Entonces el índice cultural era muy bajo, igual le decían que si había visto volar un buey. La cosa era decir cualquier cosa para llamarle la atención al individuo. Iban paseando desde la muralla y veían dos tíos jugando la pasta y uno ganaba la ostia. ¡Pero este no sabe jugar!, le decía el gancho. Y el paisano empezaba a retorcer la gorra. Claro, normalmente la gente en aquel entonces iba a la taberna y había fama de los buenos jugadores y decía, joder pero este no tiene ni idea. El paisano se quedaba con la copla y veía que el otro ganaba y ganaba. Y le decía: ¡Eu si tivera cartos probaba, probe usted si ten cartos! Claro, el paisano se empezaba a meter allí y le dejaban sin cartos con dos o tres manos paliza a paliza y se marchaba algunas veces sin la vaca. Nosotros, desde casa, gritábamos: ¡Señores los Fazais! a los críos nos tenían verdadero odio y rabia porque descubríamos el pastel. Pero eran tan obcecados que ni oían ni nada. Y cantidad de gente. Aquí la muralla de Lugo se quedó sin pasta”

Tal y como habéis podido escuchar, el mundo de las ferias era una auténtica selva donde tenías que lidiar, primeramente contra los tratantes que iban a ponerte mil y una escusas para no pagarte lo que valía tu animal, y más tarde cuando el bolsillo ya estaba lleno, contra carteristas y bandidos en el viaje de retorno a casa. Y en Lugo, además, no dejarte camelar por los “Fazais”.

Efectivamente, los “Fazais” debían su nombre a su lugar de origen. Una aldea muy cercana a Lugo. Era tan pequeña que no me extraña que la gente de bien que provenía de allí, se cuidara mucho de no revelar su origen, tal era la mala fama de los de Fazai. Está visto que actuaban siempre en grupo, con vigilantes que alertaban de peligros con la autoridad, con auténticos actores que sabían hacerse los tontos para animar a las víctimas a apostar su dinero y con verdaderos charlatanes que eran capaces de vender los árboles de la plaza Mayor (antigua plaza España), como dice José Manuel en el corte de audio.

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Vista aérea Plaza Mayor de Lugo. Fuente: Pinterest (Majo Seijas)

De esto último se comenta que tal vez no fuera más que una leyenda urbana y que en realidad no existió tal incauto que llegara a creerse que le vendían los árboles de la plaza ni que se presentó allí con una sierra para comenzar a talarlos. Tal vez esto no se pueda demostrar nunca, pero a juzgar por la foto y dado que por aquel entonces la madera era un bien muy preciado como combustible, no es de extrañar que alguien creyera que había hecho el negocio del siglo.

Si queréis saber un poco más sobre estos personajes son interesantes estos comentarios extraídos del blog del periodista lucense Paco Rivera. En cualquier caso, y sobretodo si vais a comer el pulpo al San Froilán, ¡tened mucho cuidado con vuestras carteras!

 

 

¡Morreu o demo, acabouse a peseta!

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Foto: Barriga Verde. Foto Vega. Lugo. c.a. 1960

En la infancia de todo niño se viven episodios que permanecen presentes para siempre en el recuerdo. La carga emotiva de una experiencia es fundamental para fijar en la memoria los acontecimientos, y esa podría ser una de las explicaciones para los recuerdos imborrables. Cuando somos niños, aún mantenemos viva la capacidad de sorprendernos. La curiosidad nos impele a experimentar, y descubrir cosas desconocidas nos genera un estado emocional propicio para aprender y fijar ese conocimiento.

Es curioso que al preguntar a cualquier persona que nació en Galicia entre 1920 y 1960 (por acotar una fecha) si significa algo para ellos el título de este post, todos puedan decirte algo, más o menos fidedigno, sobre quién era el que lo pronunciaba. Tal fue la importancia de este personaje en ferias y romerías en la Galicia de aquel tiempo. A pesar de todo, y pese a que se expuso a tanta gente a través de sus espectáculos, no existen demasiadas fotos de él, o al menos de su cara al descubierto, pues la mayoría de las veces, o iba maquillado (como en la foto del post) o estaba detrás del escenario dando vida con sus propias manos a aquellos títeres que tanto divertían a pequeños y mayores, entre los cuales se encontraba el famoso Barriga Verde.

El nombre del artífice de todo aquel tinglado era José Silvent, un extremeño de origen francés que vivió en Portugal para aprender el oficio que después pondría en práctica en toda Galicia. En este enlace encontraréis más datos de quién era y de todo lo que hizo.

Los alumnos de MEMOGA, con mayor o menor precisión, conocían también la historia de Barriga Verde. En este fragmento, Luis (A Coruña, 1936) del Centro de Ourense, es quien más se acercó a la realidad en el recuerdo de este personaje.

 

Su dilatada existencia le permitió llegar a lo más alto en su profesión, haciéndose a sí mismo y progresando poco a poco hasta llegar a tener una barraca cada vez más grande y más rentable. Su espectáculo recibió el reconocimiento merecido: le esperaban en todas las fiestas importantes de las ciudades (San Froilán de Lugo, La Peregrina de Pontevedra, San Lucas de Mondoñedo, La Ascensión en Santiago…), no le faltaban clientes dispuestos a pagar y las críticas en los diarios eran siempre muy positivas. Esta del diario “La Noche” nos describe a un José ya maduro, que ha comenzado a delegar en su nieto (uno de los pocos que aprendió a utilizar la palleta que les permitía cambiar las voces de los personajes) y que parece tener asegurada su continuidad.

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Diario La Noche, mayo 1957

El autor de este artículo, que firma con el seudónimo Borobó, es en realidad Raimundo García Dominguez que, en aquellos años, dirigía el diario “La Noche”, poco antes de pasar a dirigir “El Correo Gallego” en 1960.

Seis años después, en otra entrevista del mismo diario al yerno de José, comprobamos que esa continuidad que parecía asegurada no era tal. Y la historia lo demostró. Pese a tener 8 hijos, finalmente nadie continuó con aquella empresa. En esta entrevista es también interesante ver qué tipo de premios se repartían en las tómbolas.

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Diario La Noche, 22 de mayo de 1963

Antes de morir Barriga Verde, el poeta Manuel María se inspiró en el personaje que tantas veces había visto en ferias, para escribir una serie de textos teatrales que recopiló en un libro llamado Barriga Verde.

Y tras la muerte, el olvido. Pasaron los años y los títeres, la barraca y todo lo que giraba en torno a ellos quedó abandonado en un trastero hasta bien entrado nuestro siglo. Tras 40 años, un grupo de personas decidió recuperar el títere tradicional y fue así como surgió una asociación que, entre otras muchas cosas, se centró en reconstruir y recrear la barraca de José tal y como fue. Tenéis información detallada en su web.

Gracias a ellos y al recuerdo de todos los que lo vieron y viven para contarlo, Barriga Verde sigue repartiendo leña a ese “demo” para acabar con él y dar por finalizada la peseta.

 

La paletilla caída

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Galicia fue, durante gran parte del s.XX una comunidad principalmente rural, donde las inclemencias del tiempo, las distancias y los pocos medios impedían, cuando se necesitaba, acudir a un médico que diera consulta en la capital del Concello. Por eso, y porque no siempre se disponía de dinero para consultar a un facultativo, se recurría a una serie de personajes que, con una práctica más o menos fundamentada, daban solución y remedio al mal que estuviera sufriendo el parroquiano.

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Foto: Carmen Méndez Goás

Estos curanderos, abanderados de la medicina popular, eran muy bien considerados por la gente de la aldea. Su sabiduría popular, mezcla de creencias religiosas, hechicería pagana y conocimientos sobre la capacidad curativa de plantas o elementos naturales, les ha llevado a sobrevivir hasta nuestros días, en parte al éxito de sus intervenciones, en parte a la transmisión del oficio que, como es el caso del personaje de la foto, se transmitió de padres a hijos.

Su nombre es Fidel de Bravos, y tuvo mucho éxito en su zona como “compoñedor” de huesos y como levantador de la famosa paletilla.

Quizás si preguntamos a alguien que nació en los últimos 20 o 30 años si sabe qué es tener la paletilla caída no encontrará respuesta a la pregunta. Sin embargo, para los alumnos de MEMOGA esta expresión era de lo más conocida. Había varios nombres para denominar este mal.

Los síntomas eran tan variados, que aún hoy en día le resulta complicado a un médico determinar qué enfermedad de manual es exactamente aquella paletilla caída. Los diferentes nombres como se conoce a la enfermedad, no hacen sino referencia a diversas partes del cuerpo. Según el doctor Cabaleiro Goás, “la paletilla puede identificarse con el apéndice xifoides, situado en el esternón, la espiñela, con el omóplato, el calleiro, con el estómago, y las asaduras con las vísceras de la cavidad abdominal.” (extraido de la Gran Enciclopedia Temática de Galicia).

La cuestión es que una persona aquejada por ansiedad, angustia, depresión, achaques tuberculosos, catarros crónicos o lesiones en el aparato digestivo podría estar sufriendo todo esto simplemente porque algo en su interior estaba fuera de sitio. Para poner remedio tendría que acudir a un compoñedor que, primeramente miraría si estaba aquejada por esta dolencia sentándola en una silla, con los pies descalzos y juntos. Si al estirar los brazos hacia delante palma contra palma, la longitud de los dedos no coincidía, estábamos indudablemente ante un caso severo de paletilla caída. Diagnóstico hecho, sólo quedaba aplicar el tratamiento.

Soluciones había tantas como compoñedores. Unas más sencillas que otras, unas más esotéricas que otras. Valga como ejemplo las que nos dan las alumnas del Centro de Viveiro, que, como podréis comprobar, saben mucho del tema. Una de ellas, Carmen, es la que me cedió la foto del “tío Fidel”. Dicen que una de sus técnicas era frotar las barbas contra las mujeres. En la audición hablan de él y también de sus herederos, los cuales continuaron la tradición. También podéis encontrar información de él en el siguiente artículo.

 

Regina (Orol, 1925): “Tiña una irmán que agora está en Montevideo, un pouco máis nova ca min, e andaba sempre ao canso, non estaba nada ben. E dicían, ao mellor está  enferma, chamábase someterse así do peito. E recórdome que onde está agora a estación do tren, aí non había aínda o tren e había una casa que, iso si que non recordo, si vivía alí o viña alí, unha señora que era algo así, algo curandeira. E lle dicían a mamá que porque non a traia alí, que porque non a traia alí e tróuxoa. Eu viñera tamén con ela. Eu recordo que a mandou tirarse así no suelo, tirou así un non sei que, unha manta o non sei. Mediuna cunha cinta métrica, e aínda non sei si seria cinta métrica, e aínda me parece que era un cordón e facían nudos, que sei eu. Mediulle, despois colleuna, botoulle as mans dela por diante e espileuna. E iso si que o sei, mandoulle que rezara, non sei cantos días, non sei que. O caso foi que miña irmá curou enseguida.”

Personajes emblemáticos

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La diferencia siempre ha llamado la atención y en una villa donde todo el mundo se conoce, no es fácil pasar desapercibido si tu aspecto es diferente al resto. Esta es la historia de las dos en Punto (las Marías) de Santiago o doña Sagrario de Pontevedra.

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Foto: Pinterest (Hotel/Albergue La Salle)

De las primeras mucho se ha hablado en Compostela, y a pesar de su carácter huraño y aspecto extravagante sí que fueron muy queridas por la sociedad, hasta el punto de que el ayuntamiento instaló una escultura de ambas en la entrada de la Alameda. No hay turista que vaya a Santiago y no se fotografíe junto a ellas, a pesar de no saber ni siquiera quienes fueron. Podéis conocer un poco más sobre ellas en este post de Lecturafilia.

Todo el que vivió en Santiago en los años 50 y 60 puede dar testimonio del paseo que se daban todos los días a las dos en punto de la tarde (de ahí su apodo). En el audio de este post, Marina (Villagarcía, 1935) del Centro de Pontevedra, nos explica cómo era una de las canciones que les dedicaban a esta pareja de hermanas.

“Cuando pasean y van del brazo las dos Marías

su maquillaje parece fenomenal

no nos cansamos de verlas todos los días,

por el Toral, por el Toral, por el Toral.

Pero mira que placer, pero mira que ilusión,

el día que me acerqué ella me dijo que no,

-Anda María no seas tan fría bésame un momento

que ya tengo gorra, que ya soy sargento,

-Vete a la porra no me hagas camorra, no seas imprudente,

no quiero sargento, que quiero un teniente.”

“Porque ellas a los estudiantes los querían, pero si le decía un piropo un labrador o un pobre hombre, se ponían… le llamaban de todo. Tenían una boca impresionante.

Entonces los estudiantes se arrodillaban y le decían: ¡ay María me muero por ti! Ellas se les veían felices entonces.

Muchas canciones les teníamos. Le cantábamos alguna obscena y salíamos corriendo.”

En Pontevedra, igual que en Santiago, también había algún personaje de parecidas características. En este caso, Encarna (1934), nos habla de Doña Sagrario:

“Doña Sagrario, yo la conocí. Aquello era un carnaval. Iba siempre maquilladísima, el pelo muy rubio, los labios con unos piquitos, unos coloretes pero coloretes. Llevaba las medias a juego, el jersey a juego. Siempre con colores verde, rojo, amarillo, verde… Nos metíamos con ella y ella se enfadaba.”