Falcatruadas

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Esta foto pertenece a Xosé Veiga Roel y se titula FALCATRUADA. Me encanta esta palabra en gallego. Su traducción viene a ser algo así como “travesura”, las que solían realizar los niños en su descubrimiento del mundo y de sus normas. Travesuras que podían tener un buen o mal recibimiento por parte de sus víctimas aunque en ello también radicaba la emoción.

La violación de una norma, de forma moderada, es una acción necesaria y sana por parte de los integrantes de toda sociedad. Que uno o varios días al año se de licencia para realizar ciertas locuras que escapan del orden establecido ayuda a romper con la monotonía y, aunque parezca mentira, a establecer mejores lazos de unión entre la comunidad.

En el ámbito de nuestra Galicia rural, las fechas más propicias para estas bromas solían ser las del Carnaval (cualquiera que conozca el “Entroido” de Ourense podrá dar fe de esta afirmación) pero también se daban en la noche de San Juan cuando se permitían ciertos actos de vandalismo. Por ejemplo, que tu carro o la verja de tu casa desaparecieran de su sitio habitual para hacerlo en cualquier inhóspito o inaccesible lugar de la parroquia. Pero quizás, el día más extendido para las bromas sea precisamente el de los Santos Inocentes, y no deja de ser paradójico, pues según la Biblia, ese día se conmemora la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén con la intención de así acabar con la vida del niño Jesús. Imagino que nada mejor para recordar tal masacre que hacerlo con un acto inocente (la broma) que es característico de los niños y que está cargado de sano humor. Inteligente y creativa forma de reivindicar, quizás deberíamos tomar ejemplo para aplicarlo en las manifestaciones de nuestro mundo actual.

Todos tendréis en mente la broma del famoso monigote que se pegaba en la espalda de viandantes despistados. Pero en la Galicia Rural se realizaban otras como por ejemplo inventar noticias falsas que causaran disgusto o noticias buenas que generaran decepción al descubrir que eran mentira. También se engañaba para que alguien acudiera a algún sitio sin que realmente hiciera falta o se le obligaba a realizar un fatigoso trabajo que luego era totalmente inútil. Había quien clavaba monedas en el suelo o le ataba un hilo a un billete para que quien lo encontrara se llevara un chasco o quien rellenaba paquetes con cosas pueriles y hasta asquerosas para que quien lo abriera se acordara de su madre.

A continuación escucharéis y leeréis ejemplos de las bromas que los alumnos de MEMOGA recuerdan de su infancia y juventud, esa época mágica e inocente que todos los niños del mundo deberían poder vivir con plenitud sin que ni un solo “Herodes” se la arrebate.

“A mi me hicieron una buena. Trabajábamos para un abogado que era
de Vigo y tenía una huerta enorme. Todos los días le llevábamos la leche.
Ese día, en vez de cargar leche nos metieron piedras. Yo le decía
a mi compañera: ¿será posible que pese tanto la leche hoy? Al rato
nos paramos para mirar lo que llevábamos y vimos la tina toda llena de
piedras”. Carmen (Pontevedra, 1944)

“Fixemos unha vez unhas roscas feitas coas cabezas dos nabos. Parecían
roscas e iámolas dando. Estaban rebozadas e parecían roscas
de verdade. En canto as metían na boca… “. Regina (Viveiro, 1925)

La siguiente audición pertenece al Centro de Ourense, en ella Elena (1934) explica una que hizo ella cuando era niña:

“E resulta que por Santos Inocentes, faciamos unha caixiña moi preparadiña e se cadra ibamos ao primer piso o ao segundo: Mire, está a señora abaixo e díxome que lle traiga este regaliño. ¿E como se chama? Pois non sei. Díxome, nena, fas o favor, subes arriba ao segundo piso e dáslle esta caixa. Díceslle que e dunha amiga. ¿E que iba na caixa? Pedras, hasta con permiso basura. Bueno. E despois nós sorriamos e diciamos, ay, Dios mío, cando abriran e que vexan… As veces nos daban unha cadela ou can de propina.”

Y en el Centro de Lugo también se habló del tema, es lo que escucharéis en este otro corte de audio:

“En tempos o periódico traía sempre unha inocentada. Houbo unha que en la epoca de Jorge Negrete, resulta que salía que chegava as 12 da mañá no tren á estación o dichoso Jorge Negrete. E todas as mulleres de Lugo estiveron alí na estación espera que te espera e Jorge Negrete non chegou e ainda non chegou. E fixeron outra, que se falaba que iban poñer un carrillón na catedral e que xa poñeran o carrillón e que as 12 da mañá se inaguraba e toda a plaza de Santa María chea mirando si tocaba o carrillón.” Antonio (Lugo, 1933)

Lo que dice Antonio sobre Jorge Negrete se puede corroborar en el blog de Paco Rivera donde se comenta la que se armó en los años cincuenta con esta inocentada. Además de aquella, hubo otras relacionadas con la Catedral como la que comenta Antonio o aquella otra, con fotomontaje incluído, que anunciaba que las torres de la catedral de Santa María habían caído. Al respecto, parece que anunciar la caída de torres también era bastante habitual, pues otra alumna del centro de Betanzos me comentó que a ella le habían intentado “colar” que la torre de Hércules se había caído.

Dado que el 28 está al caer, tened mucho cuidado con vuestra inocencia y a disfrutar de esta tradición que aún sigue latente en nuestros días.

Los “Fazais”

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“El Prestidigitador y el ratero” Atribuido a El Bosco, 1502 o posterior.

Una de las profesiones más antiguas (y la imagen nos lo demuestra) es la de embaucador de inocentes e ingenuos. En esta imagen atribuida a el Bosco, vemos como un individuo absorto en el discurso del charlatán, perderá la bolsa de sus dineros a manos de un habilidoso y disimulado ladrón.

En Galicia, como en todos sitios, existieron y existen grupos de dudosa honestidad que, aprovechando las concentraciones de gente y los lugares donde se mueve dinero, lanzaban su caña con verdadera arte para pescar el jornal ajeno.

Ahora que es tiempo de San Froilán y la ciudad es un hervidero de gente, viene al pelo hablar en este post de los “Fazais”, una suerte de carteristas, trileros o charlatanes, que operaron en la ciudad allá por los años 40 y que aprovechaban precisamente fiestas como la de San Froilán o la feria de ganado para poner en práctica su labor.

Es fácil de imaginar lo tentadora y suculenta que podía ser para un carterista una feria de ganado a mediados del siglo pasado. De aquella, las transacciones económicas se pagaban al contado porque los ingresos a cuenta o pagos con tarjeta eran aún perfectos desconocidos. De esto estábamos hablando en en Centro de Lugo cuando salió el tema de los “Fazais”:

 

Jesús (A Coruña, 1942): “Aquí en Lugo había unos personajes muy típicos, la gente de Lugo tal vez los conozca, que se llamaban los “Fazais”. Yo he tenido el privilegio de vivir al lado de la muralla, yo era un criajo, son recuerdos de la infancia que tengo, y los veía subir por la rampa y había siempre un cebo: un señor que estaba allí jugando a la baraja. Yo les veía desde la ventana de mi casa ahí jugando a la baraja, y llegaba el paisano de turno que había vendido la vaca, con la cartera así y le decían verdaderas perrerías. Entonces el índice cultural era muy bajo, igual le decían que si había visto volar un buey. La cosa era decir cualquier cosa para llamarle la atención al individuo. Iban paseando desde la muralla y veían dos tíos jugando la pasta y uno ganaba la ostia. ¡Pero este no sabe jugar!, le decía el gancho. Y el paisano empezaba a retorcer la gorra. Claro, normalmente la gente en aquel entonces iba a la taberna y había fama de los buenos jugadores y decía, joder pero este no tiene ni idea. El paisano se quedaba con la copla y veía que el otro ganaba y ganaba. Y le decía: ¡Eu si tivera cartos probaba, probe usted si ten cartos! Claro, el paisano se empezaba a meter allí y le dejaban sin cartos con dos o tres manos paliza a paliza y se marchaba algunas veces sin la vaca. Nosotros, desde casa, gritábamos: ¡Señores los Fazais! a los críos nos tenían verdadero odio y rabia porque descubríamos el pastel. Pero eran tan obcecados que ni oían ni nada. Y cantidad de gente. Aquí la muralla de Lugo se quedó sin pasta”

Tal y como habéis podido escuchar, el mundo de las ferias era una auténtica selva donde tenías que lidiar, primeramente contra los tratantes que iban a ponerte mil y una escusas para no pagarte lo que valía tu animal, y más tarde cuando el bolsillo ya estaba lleno, contra carteristas y bandidos en el viaje de retorno a casa. Y en Lugo, además, no dejarte camelar por los “Fazais”.

Efectivamente, los “Fazais” debían su nombre a su lugar de origen. Una aldea muy cercana a Lugo. Era tan pequeña que no me extraña que la gente de bien que provenía de allí, se cuidara mucho de no revelar su origen, tal era la mala fama de los de Fazai. Está visto que actuaban siempre en grupo, con vigilantes que alertaban de peligros con la autoridad, con auténticos actores que sabían hacerse los tontos para animar a las víctimas a apostar su dinero y con verdaderos charlatanes que eran capaces de vender los árboles de la plaza Mayor (antigua plaza España), como dice José Manuel en el corte de audio.

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Vista aérea Plaza Mayor de Lugo. Fuente: Pinterest (Majo Seijas)

De esto último se comenta que tal vez no fuera más que una leyenda urbana y que en realidad no existió tal incauto que llegara a creerse que le vendían los árboles de la plaza ni que se presentó allí con una sierra para comenzar a talarlos. Tal vez esto no se pueda demostrar nunca, pero a juzgar por la foto y dado que por aquel entonces la madera era un bien muy preciado como combustible, no es de extrañar que alguien creyera que había hecho el negocio del siglo.

Si queréis saber un poco más sobre estos personajes son interesantes estos comentarios extraídos del blog del periodista lucense Paco Rivera. En cualquier caso, y sobretodo si vais a comer el pulpo al San Froilán, ¡tened mucho cuidado con vuestras carteras!