Falcatruadas

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Esta foto pertenece a Xosé Veiga Roel y se titula FALCATRUADA. Me encanta esta palabra en gallego. Su traducción viene a ser algo así como “travesura”, las que solían realizar los niños en su descubrimiento del mundo y de sus normas. Travesuras que podían tener un buen o mal recibimiento por parte de sus víctimas aunque en ello también radicaba la emoción.

La violación de una norma, de forma moderada, es una acción necesaria y sana por parte de los integrantes de toda sociedad. Que uno o varios días al año se de licencia para realizar ciertas locuras que escapan del orden establecido ayuda a romper con la monotonía y, aunque parezca mentira, a establecer mejores lazos de unión entre la comunidad.

En el ámbito de nuestra Galicia rural, las fechas más propicias para estas bromas solían ser las del Carnaval (cualquiera que conozca el “Entroido” de Ourense podrá dar fe de esta afirmación) pero también se daban en la noche de San Juan cuando se permitían ciertos actos de vandalismo. Por ejemplo, que tu carro o la verja de tu casa desaparecieran de su sitio habitual para hacerlo en cualquier inhóspito o inaccesible lugar de la parroquia. Pero quizás, el día más extendido para las bromas sea precisamente el de los Santos Inocentes, y no deja de ser paradójico, pues según la Biblia, ese día se conmemora la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén con la intención de así acabar con la vida del niño Jesús. Imagino que nada mejor para recordar tal masacre que hacerlo con un acto inocente (la broma) que es característico de los niños y que está cargado de sano humor. Inteligente y creativa forma de reivindicar, quizás deberíamos tomar ejemplo para aplicarlo en las manifestaciones de nuestro mundo actual.

Todos tendréis en mente la broma del famoso monigote que se pegaba en la espalda de viandantes despistados. Pero en la Galicia Rural se realizaban otras como por ejemplo inventar noticias falsas que causaran disgusto o noticias buenas que generaran decepción al descubrir que eran mentira. También se engañaba para que alguien acudiera a algún sitio sin que realmente hiciera falta o se le obligaba a realizar un fatigoso trabajo que luego era totalmente inútil. Había quien clavaba monedas en el suelo o le ataba un hilo a un billete para que quien lo encontrara se llevara un chasco o quien rellenaba paquetes con cosas pueriles y hasta asquerosas para que quien lo abriera se acordara de su madre.

A continuación escucharéis y leeréis ejemplos de las bromas que los alumnos de MEMOGA recuerdan de su infancia y juventud, esa época mágica e inocente que todos los niños del mundo deberían poder vivir con plenitud sin que ni un solo “Herodes” se la arrebate.

“A mi me hicieron una buena. Trabajábamos para un abogado que era
de Vigo y tenía una huerta enorme. Todos los días le llevábamos la leche.
Ese día, en vez de cargar leche nos metieron piedras. Yo le decía
a mi compañera: ¿será posible que pese tanto la leche hoy? Al rato
nos paramos para mirar lo que llevábamos y vimos la tina toda llena de
piedras”. Carmen (Pontevedra, 1944)

“Fixemos unha vez unhas roscas feitas coas cabezas dos nabos. Parecían
roscas e iámolas dando. Estaban rebozadas e parecían roscas
de verdade. En canto as metían na boca… “. Regina (Viveiro, 1925)

La siguiente audición pertenece al Centro de Ourense, en ella Elena (1934) explica una que hizo ella cuando era niña:

“E resulta que por Santos Inocentes, faciamos unha caixiña moi preparadiña e se cadra ibamos ao primer piso o ao segundo: Mire, está a señora abaixo e díxome que lle traiga este regaliño. ¿E como se chama? Pois non sei. Díxome, nena, fas o favor, subes arriba ao segundo piso e dáslle esta caixa. Díceslle que e dunha amiga. ¿E que iba na caixa? Pedras, hasta con permiso basura. Bueno. E despois nós sorriamos e diciamos, ay, Dios mío, cando abriran e que vexan… As veces nos daban unha cadela ou can de propina.”

Y en el Centro de Lugo también se habló del tema, es lo que escucharéis en este otro corte de audio:

“En tempos o periódico traía sempre unha inocentada. Houbo unha que en la epoca de Jorge Negrete, resulta que salía que chegava as 12 da mañá no tren á estación o dichoso Jorge Negrete. E todas as mulleres de Lugo estiveron alí na estación espera que te espera e Jorge Negrete non chegou e ainda non chegou. E fixeron outra, que se falaba que iban poñer un carrillón na catedral e que xa poñeran o carrillón e que as 12 da mañá se inaguraba e toda a plaza de Santa María chea mirando si tocaba o carrillón.” Antonio (Lugo, 1933)

Lo que dice Antonio sobre Jorge Negrete se puede corroborar en el blog de Paco Rivera donde se comenta la que se armó en los años cincuenta con esta inocentada. Además de aquella, hubo otras relacionadas con la Catedral como la que comenta Antonio o aquella otra, con fotomontaje incluído, que anunciaba que las torres de la catedral de Santa María habían caído. Al respecto, parece que anunciar la caída de torres también era bastante habitual, pues otra alumna del centro de Betanzos me comentó que a ella le habían intentado “colar” que la torre de Hércules se había caído.

Dado que el 28 está al caer, tened mucho cuidado con vuestra inocencia y a disfrutar de esta tradición que aún sigue latente en nuestros días.

Premoniciones de muerte

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Virxilio Vieitez. (c.a) 1960.

Si hay algo que está en peligro de extinción en nuestra cultura gallega es esa forma tan especial que teníamos de enfrentarnos a la muerte. La despoblación de las zonas rurales y por tanto de un estilo de vida comunitario ha contribuido sin duda a esta pérdida. También lo ha hecho un cambio de mentalidad en la sociedad, motivado por los avances en la medicina y por la pérdida de creencias de carácter religioso. Hemos conseguido con el tiempo silenciar a la muerte, alejarla de nuestro lado, ignorarla. Y cuando llega, porque siempre llega, nos resistimos a mirarla a los ojos y le desviamos la mirada, aterrados por lo que sentimos, pues en ningún momento nos hemos preparado para recibirla.

En la Galicia Rural del siglo pasado es donde encontraremos los últimos vestigios de este peculiar mecanismo de defensa elaborado por una sociedad y cuyos principales beneficiarios eran sus propios integrantes. Aún existe quien puede recordar como era aquella forma de vivir y aquella forma de morir.

De hecho, se podría decir que en aquella Galicia, la vida y la muerte coexistían. Los vivos y los muertos danzaban en un mismo escenario, en la vida cotidiana. Podías estar caminando tranquilamente en dirección a la feria y ser sorprendido en una encrucijada por la visita de alguien del otro mundo o recibir una señal que te anunciara un tránsito inevitable.

De señales vamos a hablar en esta entrada. Para ello, como viene siendo habitual, contaremos con las conversaciones de los alumnos de MEMOGA, y también con la transcripción de testimonios que relataron su experiencia al antropólogo Marcial Gondar Portasany. Esos testimonios están recogidos en su libro “Romeiros do Alén”.

Las premoniciones o señales son interpretaciones de una información que nos llega por los sentidos y que nos anuncia un hecho futuro. Existen tantos tipos de premoniciones como cerebros estén dispuestos a interpretarlas, pero a la hora de preguntar a los mayores por ellas, siempre hay algunas que se repiten y que han ido transmitiéndose en la sociedad hasta formar parte de un conocimiento colectivo. Entre estas encontramos, por ejemplo, el olor a cera, un tañer de campanas determinado, un pájaro negro sobrevolando, una gallina que cante como un gallo, un perro aullando… Aparentemente son hechos cotidianos, situaciones a las que no deberíamos dar la mayor importancia pero, sin embargo, se convierten en señales.

De esto hablé con los alumnos del Centro de Ourense.  En el siguiente corte de audio, podréis conocer que rezando a San Pascual Baylón todos los días este te avisará antes de morir dando tres golpecitos, que los cuervos y las urracas suelen traer malos augurios, que puedes sentir un malestar inexplicable en medio de la noche cuando un familiar cercano está en tránsito a muchos kilómetros de distancia, que las gallinas, si cantan como gallos, están anunciando una muerte, que las campanas según toquen pueden también estar dando una señal, de la misma manera que ruidos inexplicables:

 

A continuación veremos más ejemplos de señales extraídos del libro de Marcial Gondar. En el siguiente testimonio, se habla de los cuervos, negros pájaros carroñeros que siempre se relacionaron con la visita de la muerte. Cuando uno de estos aparecía, se solía decir que el pájaro pedía plato:

“Unha vez estábamos na praia collendo argazo eu mais miña irmán Dionisia-esto foiche verdá como estamos aquí-, e nesto veu por alí o señor José de Coros, que viña a ver como lle estaba o barco. E díxonos:

-Buenas tardes, fruta de mi tiempo.

E nosoutras éramos pícaras e el home vello. E no palo dun dos barcos que estaban alí había un corvo que berraba. E dixo o tío José:

-¿Non sabedes que pide aquel corvo?

-Eu non sei, tío José, ¿que hei saber?

-Pide plato, pero eu non llo dou.

-¿Que pide que?

-Cando os corvos fan así, piden plato; logo morre alguén. Pero vaino comer o demo, que eu non llo dou; pódello dar calquera. Xa veredes que logo morre alguén.

E pró outro día, ás doce, víñamos nosoutras da veiga, as que estábamos alí, ás que nos contou o conto, e oímos chorar. Cando chgamos á casa, dixémoslle á mamá:

-Mamá, no Sixto choran.

-¿Choran?

-Choran.

-Pois ide a ver quen é o que chora.

Dionisia non quixo ir, e fun eu. E estaban: ¡Ai, José! ¡Ai, mi madre! ¡Ai, mi padre! ¡Ai, José! Eu fun chegando, fun chegando, e era na casa de Coros. O que nos dicía que o corvo pedía plato estaba difunto. Ergueuse pra ir ó mar, e ó chegar hasta riba da fonte de Sixto volveuse e foise prá cama e non se levantou dela. E á muller mandouna ir traballar a Barcofeito, e mais á filla, e cando viñeron atopárano morto na cama. Ves, o corvo pedía plato, e el dicía que non llo daba, e foi el quen llo deu (Cambados)”

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Además de visual, la señal también puede ser auditiva. En el siguiente caso, un extraño ruido es el anunciador de la muerte, a pesar de producirse esta a miles de kilómetros:

“Unha muller que tiña o home traballando en Venezuela, nunhas minas de petróleo, estaba un día na casa e oeu un ruído moi forte, como si explotara algo; saleu á ventana a mirar e non veu nada. Entonces preguntoulle á súa filla se non oíra un ruído moi forte, e ela díxolle que non. Ó cabo dunhas horas, chegoulle un telegrama dándolle o pésame pola morte do seu home nunha explosión do petróleo. (Viveiro)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

La siguiente premonición es similar a la que relataba la alumna de Ourense, cuando no podía dormirse por la noche y descubrió al día siguiente que su madre había muerto esa misma madrugada. Se trata de un malestar físico que se explica por tener una conexión muy íntima con el finado:

“Sempre me acordarei do caso que me pasou cando morreu o meu pai. Eu estaba nos Ánxeles, na América. Facía pouco que chegara. E a noite que morreu el, máis ou menos á mesma hora-serían as tres da mañán-, despertei sobresaltado e pensando nel. Non sei polo que foi, pasoume así sin máis; e despois volvinme a quedar dormido. Ó día seguinte recibín o cable comunicándome que morrera: o que máis me estrañou foi que coincidisen as horas. Non sei por que pasou, o caso é que foi tal como cho contei. (Neda)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Algunas señales son tan extrañas que son difíciles de interpretar. Sólo cobran sentido cuando la muerte ya ha hecho acto de presencia:

“Marchaba eu pró río, cando vin na leira, detrás da casa, catro luces grandes e unha máis pequena por enriba delas. Eu collín medo, e non fun ó río. Corrín a chamar a miña nai, e baixámo-las dúas; mais, xa pra entonces, inda que as catro luces seguían brillando, a pequena desaparecera. Á mañán seguinte fun ó medico ca miña filla; ó volver, tíñamos na casa a noticia da morte dunha irmán miña no Grove, e marchamos miña nai e mais eu pra alá. De corpo presente, catro velas esquinaban a caixa e unha lucita pequena estaba por riba tal como eu vira a noite pasada. Pouco despois, esta lucita fundiuse. E foi cando me din conta de que pasara o mismo a noite pasada. (Ribeira)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Estas otras luces, igual de misteriosas, no reproducen una escena de velatorio, sino que desempeñan otra función:

“Un irmán meu, por mandato de miña nai, subeu ó sobrado pa fecha-las ventanas; pois estaban a face-la cocedura, e as corrientes de aire non son boas. Meu irmán tardou en baixar do sobrado. E, á volta, contounos:

-Miña nai, vin como unha luz pequena levantábase do atrio da iglesia e marchou hacia o campo de Agra, pousándose enriba da casa de Saturno durante un bo pedazo, logo levantouse e foi ó cementerio novo.

Ás doce da mañán do día seguinte, sóubose que morreran afogados tres membros da casa onde se pousara a luz. Os mortos eran: Saturno, dono da dorna, o seu fillo Manuel e o seu xenro Xoán. (Corrubedo)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

En este otro testimonio, se hace un repaso de la diversidad de señales. Muchas ya han salido pero hay otras nuevas que, francamente, hielan la sangre.

“… se berra a curuxa, trae mortes; se se ve pasar a paxariña, hai mortes. Cando cae un fachuzo nunha casa, morre alguén. Din que cando morre o cabo da casa hai sete anos de perda, ben sexa antes, ben sexa despois, nos animales ou noutra cousa; normalmente é antes. Sin ir máis lonxe, o caso de Antón de Xastre: polo San Clodio, mataron o porco; e perdéuselles todo. E inda hubo que dixo:

-É sabido, cando vai pasar un caso así nunha casa, sempre hai perdas.

Pero hai máis. Cando ouvean os cas, traen morte. Tamén soñar con culebras é señal de morte, sobre todo si no soño se poden matar. Antes de que veñan comunica-la morte a alguién, síntense petos na porta. Cando canta unha pita como un galo, ou cando canta un galo á medianoite, si non se mata axiña é que vai haber morte. Cando tocan as campanas doloridas, é que vai haber morte. Cando tocan as campanas doloridas, é que vai haber morte. Cando morre un ánxel na parroquia e leva os ollos abertos, pasa tres veces a cruz pola parroquia. Haberá cousa de tres meses, morreu a nena de Alicia, e levaba os ollos abertos; naquela semana houbo tres enterros: Antón de Xastre, Consuelo de Couto e Manuel do Correo; e dous deles morreron de repente.” (Laxe)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Virxilio Vieitez

Visto lo visto, en la Galicia de aquel entonces no se podía decir que la muerte llegara de improviso. Para finalizar con un toque de humor (siempre necesario) os dejo con el siguiente relato extraído de la Gran Biblioteca temática de Galicia:

Un rapaz encontrouse coa morte unha vez, e fixéronse moi amigos. Entonces o rapaz díxolle á morte que, xa que eran amigos, que lle iba a pedir un favor: que se podría avisar antes de ir por el, que así podía divertirse mellor. A morte prometeulle ao rapaz que así o faría. Despedíronse, e pasaron moitos anos sin que o rapaz recibira ningún aviso da morte. Pero un día presentouse a morte diante do rapaz, que agora xa ía indo vello, e díxolle que viña por el. O home, todo asustado, díxolle que iso non era o convenido, que quedara de avisalo con tempo, e que estas non eran palabras. A morte contestoulle:

-¿Blanqueouche o pelo?

-Blanqueou-contestou o home.

-¿Caéronche os dentes?

-Caeron.

-¿Cansáronseche as pernas?

-Cansaron.

-¿Perdiches as forzas?

-Perdín.

-E logo, ¿qué máis avisos querías?

Escolma da literatura popular galega

¡Morreu o demo, acabouse a peseta!

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Foto: Barriga Verde. Foto Vega. Lugo. c.a. 1960

En la infancia de todo niño se viven episodios que permanecen presentes para siempre en el recuerdo. La carga emotiva de una experiencia es fundamental para fijar en la memoria los acontecimientos, y esa podría ser una de las explicaciones para los recuerdos imborrables. Cuando somos niños, aún mantenemos viva la capacidad de sorprendernos. La curiosidad nos impele a experimentar, y descubrir cosas desconocidas nos genera un estado emocional propicio para aprender y fijar ese conocimiento.

Es curioso que al preguntar a cualquier persona que nació en Galicia entre 1920 y 1960 (por acotar una fecha) si significa algo para ellos el título de este post, todos puedan decirte algo, más o menos fidedigno, sobre quién era el que lo pronunciaba. Tal fue la importancia de este personaje en ferias y romerías en la Galicia de aquel tiempo. A pesar de todo, y pese a que se expuso a tanta gente a través de sus espectáculos, no existen demasiadas fotos de él, o al menos de su cara al descubierto, pues la mayoría de las veces, o iba maquillado (como en la foto del post) o estaba detrás del escenario dando vida con sus propias manos a aquellos títeres que tanto divertían a pequeños y mayores, entre los cuales se encontraba el famoso Barriga Verde.

El nombre del artífice de todo aquel tinglado era José Silvent, un extremeño de origen francés que vivió en Portugal para aprender el oficio que después pondría en práctica en toda Galicia. En este enlace encontraréis más datos de quién era y de todo lo que hizo.

Los alumnos de MEMOGA, con mayor o menor precisión, conocían también la historia de Barriga Verde. En este fragmento, Luis (A Coruña, 1936) del Centro de Ourense, es quien más se acercó a la realidad en el recuerdo de este personaje.

 

Su dilatada existencia le permitió llegar a lo más alto en su profesión, haciéndose a sí mismo y progresando poco a poco hasta llegar a tener una barraca cada vez más grande y más rentable. Su espectáculo recibió el reconocimiento merecido: le esperaban en todas las fiestas importantes de las ciudades (San Froilán de Lugo, La Peregrina de Pontevedra, San Lucas de Mondoñedo, La Ascensión en Santiago…), no le faltaban clientes dispuestos a pagar y las críticas en los diarios eran siempre muy positivas. Esta del diario “La Noche” nos describe a un José ya maduro, que ha comenzado a delegar en su nieto (uno de los pocos que aprendió a utilizar la palleta que les permitía cambiar las voces de los personajes) y que parece tener asegurada su continuidad.

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Diario La Noche, mayo 1957

El autor de este artículo, que firma con el seudónimo Borobó, es en realidad Raimundo García Dominguez que, en aquellos años, dirigía el diario “La Noche”, poco antes de pasar a dirigir “El Correo Gallego” en 1960.

Seis años después, en otra entrevista del mismo diario al yerno de José, comprobamos que esa continuidad que parecía asegurada no era tal. Y la historia lo demostró. Pese a tener 8 hijos, finalmente nadie continuó con aquella empresa. En esta entrevista es también interesante ver qué tipo de premios se repartían en las tómbolas.

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Diario La Noche, 22 de mayo de 1963

Antes de morir Barriga Verde, el poeta Manuel María se inspiró en el personaje que tantas veces había visto en ferias, para escribir una serie de textos teatrales que recopiló en un libro llamado Barriga Verde.

Y tras la muerte, el olvido. Pasaron los años y los títeres, la barraca y todo lo que giraba en torno a ellos quedó abandonado en un trastero hasta bien entrado nuestro siglo. Tras 40 años, un grupo de personas decidió recuperar el títere tradicional y fue así como surgió una asociación que, entre otras muchas cosas, se centró en reconstruir y recrear la barraca de José tal y como fue. Tenéis información detallada en su web.

Gracias a ellos y al recuerdo de todos los que lo vieron y viven para contarlo, Barriga Verde sigue repartiendo leña a ese “demo” para acabar con él y dar por finalizada la peseta.

 

Cantares de ciego

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(Foto: Benedicto Conde González “Bene”, 1960)

Antes de que en las ferias existieran las tómbolas, las casetas de tiro, los puestos de algodón de azúcar y los autos de choque. Mucho antes de todo eso, las ferias eran, igual que ahora, un lugar para pasear, entretenerte y salir de la rutina. En las ferias se acudía a comerciar (comprar o vender) pero también a relacionarte con el vecino y a ponerte al día de las noticias de aquí o de allá hablando con este o aquel.

Cuando no existía prensa rosa, ni periódicos de sucesos, el cantar de ciego era uno de los medios que había para enterarte de sucesos insólitos, de episodios truculentos que podían ponerte los pelos de punta. Era como ir al cine a ver una película de miedo pero con más dosis de imaginación.

Para los ciegos era una forma de ganarse la vida (era como la ONCE de hoy en día), y acudían de feria en feria, recitando sus poemas de raíces populares, similares a los romances medievales. Es lo que ha venido a llamarse literatura de cordel.

Acompañados de un violín, un acordeón o una zanfoña y ayudados por sus mujeres o lazarillos, vendían unos pliegos donde poder leer (quien supiera) aquellas historias que luego podían explicarse de boca en boca junto al calor de la “lareira”.

En la imagen del post, perteneciente a “Bene” se puede intuir en el papel el título del documento que está distribuyendo la mujer del invidente (“A tu vera”). Es de suponer que en 1960, era cuestión de adaptarse o morir, sustituyendo aquellas historias que ya se podían conocer en otros medios, por un contenido más interesante para el público que acudía a las ferias.

En el Centro de Ourense, la señora Corona (Abavides, 1942) comenzó a recitarme uno de esos cantares que recordaba de haber escuchado y que después pude transcribir en su totalidad. Es interesante leer al final la moraleja del episodio. También os recomiendo escucharla en persona recitando los primeros versos al final de post.

“En términos de Gerona cerca de tierra francesa

verán lo que ha sucedido con un hombre en una venta.

Un día al amanecer un caballero llegó

montado en su caballo y allí se hospedó.

Metió el caballo en la cuadra y a la cocina pasó

y con los dueños de casa se pone en conversación.

Componía esta familia de esta solitaria venta,

un matrimonio y dos hijas y que eran dos niñas pequeñas.

Conversando el caballero les dijo que iba a la feria,

a comprar un par de mulas para llevar a su tierra.

El hombre de buena fe les contaba su secreto,

mientras que ellos pensaban en robarle el dinero.

Tan pronto como cenaron pronto se fue a acostar,

porque el buen caballero deseaba madrugar.

No sabía el pobre hombre que dentro de aquella venta,

la muerte le esperaba por la maldita moneda.

Y mientras el pobre hombre tranquilo se acostaba,

el marido a su esposa de esta manera le hablaba.

Es mejor asesinarlo para quitarle el dinero

y lo enterramos en la huerta para no ser descubiertos.

Yo me voy a hacer el hoyo mientras se queda dormido

dijo el marido a su esposa llevado por el egoísmo.

Tan pronto como termine subo a la habitación

y después de darle muerte lo tiro por el balcón.

Tú lo coges en seguida y arrastrándolo lo llevas

y lo metes en el hoyo y le echas bastante tierra.

Volvamos al caballero que solo en la habitación

el pobre estuvo escuchando toda la conversación.

 Él en vez de acostarse al momento se prepara

de una buena pistola que él consigo llevaba.

Tras de la puerta a pie firme varias horas se pasó

esperando al asesino con energía y valor.

A las dos de la mañana por fin el ladrón llegó

en vez de encontrar dinero con la muerte se encontró.

Tan pronto abrió la puerta el caballero valiente

dos tiros le disparó que le causaron la muerte.

El caballero al momento en sus brazos lo estrechó

y como el tenía dicho lo tiró por el balcón.

La mujer que lo esperaba con energía y valor

en el hoyo que él hiciera a su marido enterró.

El caballero al instante baja de la habitación

coge el caballo en la cuadra y de la venta marchó.

Tan pronto salió el día el hombre llegó a Jilguera

declara lo sucedido y a la justicia se entrega.

Volvamos a su mujer que al terminar su faena

llamaba por su marido pero éste no le contesta.

Pasea toda la casa y en ella no lo encuentra

tan solamente sus hijas que duermen sin darse cuenta.

Al verse sola en la casa se dijo llena de pena

este tunante se fue con toda esa riqueza.

Al otro día siguiente un coche para a la puerta

del que baja la justicia diciendo de esta manera:

Llame usted por su marido que queremos su presencia

queremos hablar con él cosas que le interesan.

Mi marido no está la pobre mujer contesta

desde ayer falta de casa yo no sé donde se encuentra.

Venga usted con nosotros vamos a mirar a la huerta

que allí enterraron a un hombre según tenemos sospecha.

Empezaron a excavar y muy pronto apareció

y al ver que era su marido la mujer se desmayó.

Vuelta en su conocimiento le toman declaración

y llorando amargamente su engaño confesó.

A la cárcel fue llevada y clausurada la venta

y a las niñas las metieron en una beneficencia.

Así termina la historia de esta familia egoísta

que por querer lo ajeno halló su propia ruina.”