Ya llegan los Reyes

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Cabalgata de Reyes, 1961. José Luis Vega Fernández

Un año más ha terminado. Ahora son fechas para hacer balance y reflexionar sobre lo rápido que pasa el tiempo. Para palpar cada momento presente antes de que desaparezca sin darnos cuenta y entre a formar parte del archivo de nuestra memoria. También son fechas para reflexionar sobre nuestros éxitos y nuestros fracasos y sobre el rumbo que queremos dar a nuestra vida para sentirnos bien con nosotros mismos y con los que nos rodean.

En estas fechas los niños también reflexionan, a nivel más sencillo, cuando tienen que responder a sus progenitores si este año se han portado bien o mal y si son merecedores, por ello, de recibir regalos en la visita de sus Majestades los Reyes Magos. Un balance, por otra parte, que en nuestro mundo actual siempre suele ser positivo, a juzgar por la gran cantidad de regalos que reciben los niños.

Hubo otra época que no fue así. Y no es precisamente porque los niños antes se portasen tan mal que no fueran merecedores de regalos (si en algún momento podemos llegar a ponernos de acuerdo sobre qué es “portarse mal”). Más bien lo que ocurría es que los Reyes no eran tan ricos como para ser tan generosos y gracias a ello, de rebote, enseñaban a los niños a ser menos caprichosos, trabajando su frustración y preparándolos para ser más felices en un mundo donde las cosas no se reciben a cambio de nada.

Provocar los recuerdos de Infancia en relación a los Reyes Magos suele tener éxito asegurado entre nuestros mayores. Y además nos enseña que no es precisamente la abundancia de regalos lo que fomentará un recuerdo agradable en nuestra futura vejez, sino la existencia de otros valores que deberíamos considerar si siguen vigentes en nuestra época o no.  Por lo general, estos recuerdos suelen estar bastante presentes en las personas mayores, pues con la llegada de sus hijos y más tarde de sus nietos, han tenido que ir confrontando y reviviendo anécdotas relacionadas con el tema en diferentes etapas de su vida. Por eso, cuando les preguntas por el tema, surgen recuerdos de su infancia, pero también de su vida adulta, como padres y de su vejez como abuelos. E inevitablemente surge la reflexión sobre qué es mejor o peor y sobre lo que han cambiado las cosas en todo este tiempo. Un ejemplo de ello es el siguiente corte de audio, extraído de una conversación con los alumnos del Centro de Lugo:

 

Ahora cierra los ojos e intenta regresar a aquellas noches de Reyes en que dejabas con ilusión tus zapatos y te ibas a dormir temprano, con la esperanza de conciliar el sueño enseguida y así despertar cuanto antes al día siguiente. Lo más seguro es que lo recuerdes con agrado, que se generen emociones positivas y que sientas cierta mezcla de placer y nostalgia unido a una pizca de felicidad. ¿Lo has experimentado?

Si es sí, comprenderás lo importante que es generar estos recuerdos y mantener la ilusión de los niños durante el tiempo que sea posible. Lo hacen en la actualidad los medios de comunicación cubriendo la noticia de la visita de los Reyes y televisando las espectaculares cabalgatas que quedarán fijadas para siempre en las memorias de nuestros más pequeños. Y a lo largo de la historia, la sociedad ha colaborado también en ello, sabedora del bien que se les estaba haciendo a sus integrantes más jóvenes. De hecho, si preguntas a los mayores por las cabalgatas, los de edad más avanzada ya te podrán hablar de ello, si acaso vivieron en una ciudad. En el rural gallego, sin embargo, no existían cabalgatas pero sí la tradición de ir a cantar los “reises” por las casas (de forma similar a como se hacía en nochebuena con el aguinaldo).

Tirando de Hemeroteca, encontré algún artículo de principios del siglo XX que ya cubre la gran noticia de la visita de los Reyes en forma de cabalgata:

elProgreso05011923

Diario “El Progreso”. 05/01/1923

Lo que hoy en día organiza el ayuntamiento, por aquel entonces era organizado por “Ligas de Amigos” o agrupaciones culturales que con gran empeño y dedicación se esmeraban en mantener viva la ilusión. Según se lee en este artículo de La Voz de Galicia, el primer año que se celebró cabalgata en A Coruña fue 1909. Fue una gran iniciativa que, además, pretendía que los mismos Reyes repartieran en persona los regalos a domicilio. Para ello contaban con la colaboración de los padres que, previamente, habían solicitado tal servicio. Al día siguiente El Eco de Galicia relataba cómo había ido el acontecimiento. En este enlace puedes consultar el documento en PDF de la página donde aparece la noticia.

La Iglesia también  fomentaba que la fiesta de Reyes fuera un evento que llegase a todos los niños, incluso lo más necesitados. No en vano esta es una fiesta de influencia claramente religiosa. El siguiente recorte de prensa así lo atestigua:

El Pueblo gallego diario de la mañana1947 enero 3

Diario “El Pueblo Gallego”. 03/01/1947

En el siguiente corte de audio, una alumna nacida en 1929 explica que en el catecismo se solían repartir unos tíquets o vales cada vez que acudía. Estos eran para poder canjearlos por regalos una vez llegaba la víspera de Reyes. Otra alumna, que también lo recuerda, comenta que esta era una estrategia para asegurar la asistencia de los niños a la Catequesis.

En el mismo audio, grabado en el Centro de Pontevedra, podrás escuchar también más anécdotas y curiosidades relacionadas con esta noche tan mágica, así como la diferencia de costumbres entre el rural y la urbe.

 

Para finalizar, una imagen para la reflexión del gran Castelao. No os deseo que os traigan muchas cosas los Reyes sino, simplemente, que podáis sentir emociones positivas en esta recta final de las Navidades. Ahí es nada.  ¡Hasta la próxima!

 

 

 

La Navidad de entonces

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“Aguinaldo en Asturias”. Grabado de J. Cuevas (1884-1930).

Una de las tradiciones más arraigadas en nuestra cultura y que pasa menos desapercibida por nuestro vivir cotidiano son sin duda las Navidades. Esta celebración que se extiende desde la llegada del invierno hasta la recepción de un nuevo año (con visita incluida de tres foráneos engalanados con túnicas) trastoca de forma irremediable nuestra rutina. Hay quien la rechaza sin tapujos, quien la celebra de forma ñoña, quien la recibe de mal humor mientras dura o quien se tira sin remordimientos (o con ellos) en la telaraña que la sociedad de consumo le tiende maliciosamente. A veces cada uno de nosotros elegimos una forma u otra de transitar por estas fechas, pues si algo nos deja claro esta vida es que cuanto más nos empeñamos en teñir de blanco o de negro, lo que finalmente predomina es el gris. En cualquier caso, se acercan baches, y toca poner un poco de atención para sortearlos (sin dejar de disfrutar de la mejor forma que queramos).

Cuando llegas a una edad avanzada, además de hacerte mayor, eres un testigo presencial de los cambios que se han producido en tu cultura. De hecho, una cultura que no haya cambiado en 80 años se podría decir que está enferma o prácticamente muerta. Pero no siempre los cambios son bien vistos. En realidad, el ser humano, por norma general, se aferra a la rutina, intenta conservar su zona de confort y no adentrarse en zona desconocida. Se empeña en mantenerse rodeado de todo aquello que le de seguridad y coherencia de pensamiento. En este empeño conservador tiene mucho que ver nuestro cerebro, una máquina maravillosa pero llena de imperfecciones que tiene entre sus máximas ahorrar toda la energía posible para mantener su autonomía.

Resumiendo, cuando nos hacemos mayores predomina (no digo que sea así en todo los individuos) aquel pensamiento de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. En esto la memoria juega también malas pasadas (otra vez el cerebro imperfecto) al recordar el pasado no como sucedió sino obviando principalmente los eventos negativos y conservando los positivos.  Además, es lógico que recordemos nuestra etapa de juventud y adolescencia como una etapa excitante y llena de emociones agradables, pues en la mayoría de los casos esta etapa fue precisamente eso.

Si a todo esto le añadimos que, con la llegada del Estado del bienestar, ciertos valores se quedaron por el camino para ver aflorar otros, no es de extrañar que haya una opinión predominante entre los mayores considerando que la Navidad no es lo que era y que el cambio no les ha traído más cosa que tristeza. Esta conversación del Centro de Viveiro trata sobre esto:

 

“Agora non hai nada. Todos salen co seu coche… É moi triste. Agora vivese mellor, todo o mundo vive ben pero non hai aquel espiritu da Navidad. Nin amor, nin ese compañerismo, nin ese aprecio, esa cousa que había. Antes ibamos a misa e xuntabámonos ao mellor sete ou oito no camin. E mira, ibamos falando. As chicas jovenes iban falando coa xente maior. E hoxe non. A xente nova vai sola e os maiores detrás. Levaban unha conversación co maior como se fosemos todos iguales. E agora non.”

Cuando preguntas a un mayor cómo eran antes sus Navidades, una de las cosas que predomina y que, según ellos ha ido perdiéndose, es el uso de la música durante todo el tiempo que duraban las fiestas. Primero en Nochebuena y Navidad, con villancicos y “panxoliñas” (de estas se sabe que en el s.XV ya se cantaban), y después se continuaba con cantos de Aninovo, los cantos a los Manueles y los cantos a los Reises.

Así pues la música, a falta de otros entretenimientos más tecnológicos, era la protagonista y venía a quedarse durante toda la celebración. Estas canciones se cantaban en las reuniones familiares improvisando con cualquier objeto como instrumento, pero también se iba por las casas, sobretodo mozos y mozas, pidiendo el aguinaldo: una recompensa por la actuación que podía recibirse en forma de alimentos o dinero. Cuando acababan de tocar, se hacía la repartición de lo ganado o se hacía una fiesta sólo para los más jóvenes. En la imagen de esta entrada, que forma parte de la fabulosa colección de grabados del dibujante asturiano José Cuevas, se recrea el momento en el que los niños reciben unos chorizos tras haber cantado el aguinaldo. Dicen que si la persona no colaboraba, existían composiciones que les criticaban con la intención de que todo el vecindario lo supiera:

“Cantámosche os  Reises

guedellas de cabra

Cantámosche os Reises

Non nos deches nada.

Esta casa é de palla,

esta casa non val nada…”

Enciclopedia La Voz de Galicia. Do Entroido ao Nadal.

El bache de la Navidad al que apelaba al principio, también se caracteriza por un exceso gastronómico. En estas fechas comemos y no paramos de comer. En la actualidad, es típico ganar algún kilo de más de forma que a partir de enero uno de los propósitos más frecuentes es apuntarse al gimnasio. ¿Pero antes se comía así? ¿Y se comía lo mismo? Pues cuando preguntas te das cuenta de que las cosas no son siempre como esperabas. Por ejemplo, el marisco no comenzó a llenar las mesas navideñas hasta entrados los años cincuenta. Algún alumno de MEMOGA me comentó que antes de esa fecha, un manjar tan preciado como es el percebe, se utilizaba para abonar los huertos. Tampoco se solía comer carne en Nochebuena y el plato más extendido solía ser era el bacalao con repollo o coliflor.

Según Xosé Ramón Mariño Ferro, en su libro “Antropoloxía de Galicia” estos eran algunos de los platos de aquella época:

Os pratos típicos da cea de Noiteboa non conteñen carne porque antano nas vésperas das festas gardaban abstinencia. En terras de Miranda o menu inclúe coliflor con bacallao, torradas de pan molladas en leite, fritas en manteiga e adozadas con azucre, e compota de pera con viño tinto. En Velle cean repolo con bacallao; en Verín, polbo, bacallao con grelos ou verzas e sopa de améndoas, a base de améndoas moídas fervidas en leite augado ó que lle agregan cachiños de pan frito en mantenga de vaca.

Os doces máis comúns son as papas de arroz, as sopas borrachas, as torradas, as compotas, os froitos secos, as castañas cocidas ou asadas.

O de Noiteboa é un banquete familiar. Celebrando a constitución da Sagrada Família, reúnense e comen xuntos os pais, os fillos e fillas solteiros que viven fora e as fillas casadas acompañadas do marido e dos nenos. Tamén se teñen em conta os ausentes, e deixanselles um sitio na mesa co seu correspondente prato.

En Castro Caldelas e outros lugares non recollen a mesa ata o día seguinte por se as animas veñen comer. Ás veces póñenlle-la comida na lareira para que non pasen frío.”

En el siguiente corte podéis escuchar lo que opinan los alumnos del Centro de Pontevedra sobre la Navidad, qué hacían y qué comían en esas fiestas cuando eran jóvenes.

 

Carmen (Meis, 1933) : “Íbamos a cantar por las puertas y luego pues te daban algo. Te daban Mucha nuez porque como se cogían en el campo, no la compraban tu te comías las nueces y te daban higos, higos pasos. En todas te daban algo pero también te daban un dinerillo y nosotros después, como íbamos con la pandilla pues íbamos a la repartición.”

Vidalina (Sanxenxo, 1940): “Lo que me gustaba a mí mucho en aquel tiempo es lo que hacíamos en nuestra parroquia en la Iglesia. Hacíamos un nacimiento. Uno se vestía de San José. Había unos profesores allí, los señores de Mendez y eran los que lo organizaban. Hacían como cuando nació Jesús, hacían los villancicos y luego iba todo el mundo allí. También recuerdo en mi casa, era una casa muy pobre, mi madre había quedado viuda con cinco hijos, no hay nada que decir en aquellos tiempos difíciles pero recuerdo un entrañamiento, un amor y una cosa que ahora no la veo, no existe. En la pobreza teníamos una pobreza pero bueno, lo dijimos aquí un día, el bollo en la lareda y unas manzanitas asadas, y unos pescaditos guisados que hacía mi madre muy bien con unas patatitas y era una cena de maravilla. Pero no se, aquello sabía a gloria.”

José (Vilasantar, 1948): “Yo hablar de marisco ni oí hablar hasta que tuve 20 años. En mi casa, una casa de aldea, de interior, de familia numerosa, eramos ocho hermanos de los que seis estábamos en casa más los dos padres. La cena de nochebuena era coliflor con bacalao y luego algo de turrón. Normalmente nos gustaba el duro que yo no sé que coño debía ser porque había que partirlo con martillo. El turrón duro es lo único que había. Por Reyes se formaban por allí por la parroquia unos grupos de gaitas y gente que le daba muy bien a cantar. Entonces iban a cantar por las casas y al mismo tiempo pedían un poco de aguinaldo. Y tengo el recuerdo de una vez en mi casa que estábamos de matanza y mi padre estaba con una camisa casi negra y como él no quería soltarles nada les dijo: ¡Non, aquí non cantedes que estamos de loito!”

Ahora que se acercan estas fechas y la gente se reúne con la familia no dejéis pasar la oportunidad de preguntar a vuestros mayores por todo esto. Os podrán decir cosas muy interesantes, como estas que nos cuenta Concha de Luneda y que confirman lo que hemos leído y escuchado en este post. Las imágenes están extraídas del programa “Alalá” de la TVG que se emitió en diciembre del año 2006.

¡Feliz Navidad a tod@s!