¡Mira que eres linda!

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Moza na romería de San Fins de Castro. Ca. 40-50 Foto: José Vidal. Fuente: María Jesús Vázquez. Grupo de Facebook «Ollar Galicia»

Aunque la belleza sea algo que todos consideramos cosa fácil de identificar, el asunto no es tan sencillo como parece. Y es que lo que unos consideran bello, otros lo pueden considerar aberrante.

Si miramos en el diccionario qué es el “canon de belleza”, leeremos algo así como: “conjunto de características que una sociedad considera convencionalmente como hermoso o atractivo, sea una persona o un objeto”. Lo más curioso de todo ello es que el canon de belleza es distinto según la cultura, y aún dentro de ella, según la época histórica a la que pertenezca.

Para comprobar cómo ha cambiado el canon de belleza en nuestro cultura solo tenemos que pasearnos por un museo donde haya pinturas anteriores a nuestro siglo. Por ejemplo, si vamos al Prado y vemos “Las tres gracias” de Rubens podemos comprobar que en el s.XVII la hermosura femenina era más apreciada cuando una mujer era boluminosa y entrada en carnes.

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“Las tres gracias”, pintura de estilo barroco de Pedro Pablo Rubens, 1636-1639

Cuatrocientos años después, en pleno s.XXI, si escribimos en el buscador de Google: “mujeres guapas” seguramente esta no sea la primera imagen que aparezca. Podríamos hacer la misma prueba con el género masculino y comprobaríamos que las diferencias también son evidentes.

Pero no hace falta dar un salto de cuatro siglos para encontrar diferencias. Si preguntamos a los alumnos de MEMOGA podremos comprobar que, cuando les tocó ser jóvenes y fijarse en el sexo contrario, las cosas que se valoraban eran significativamente diferentes a las que se valoran hoy en día. Esta es la conversación que se generó en el centro de Lugo, cuando les pregunté sobre cual era el canon de belleza femenino y masculino en la época que les tocó “mocear”:

 

Para propiciar recuerdos en esta materia, además de realizar las preguntas pertinentes, eché mano del tomo “Los ritos sociales de la Galicia tradicional” de la Gran Biblioteca temática de Galicia donde se dice lo siguiente sobre la belleza masculina y femenina:

Para ellos, el ideal de belleza lo representaba la mujer de piel blanca, mejillas rosadas y de cuerpo no excesivamente delgado, pero con una estrecha cintura:

“Eres branca como o leite,

vermella como o coral;

delgadiña da cintura

como unha dama real.”

Las virtudes que más se apreciaban eran la de ser trabajadora, discreta y que supiese cocinar.

En el hombre también se valora la piel blanca, así como que sea trabajador, valiente y honrado. Mientras tanto, aquellos económicamente débiles, o los que tenían defectos físicos que le impedían trabajar no eran queridos por las muchachas. Lo que no se perdonaba era que fuese vago:

“Adiós, miña miniña,

terra fría non da pan;

vale mais quedar solteira

que casar cun balandrán.”

Sean rubi@s o moren@s, hablar de este tema con las personas mayores es un buen recurso que genera un gran abanico de recuerdos positivos y que nos permiten conocer una faceta desconocida de ellos. ¿A quién no le gusta hablar de viejos amores?

 

Ya llegan los Reyes

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Cabalgata de Reyes, 1961. José Luis Vega Fernández

Un año más ha terminado. Ahora son fechas para hacer balance y reflexionar sobre lo rápido que pasa el tiempo. Para palpar cada momento presente antes de que desaparezca sin darnos cuenta y entre a formar parte del archivo de nuestra memoria. También son fechas para reflexionar sobre nuestros éxitos y nuestros fracasos y sobre el rumbo que queremos dar a nuestra vida para sentirnos bien con nosotros mismos y con los que nos rodean.

En estas fechas los niños también reflexionan, a nivel más sencillo, cuando tienen que responder a sus progenitores si este año se han portado bien o mal y si son merecedores, por ello, de recibir regalos en la visita de sus Majestades los Reyes Magos. Un balance, por otra parte, que en nuestro mundo actual siempre suele ser positivo, a juzgar por la gran cantidad de regalos que reciben los niños.

Hubo otra época que no fue así. Y no es precisamente porque los niños antes se portasen tan mal que no fueran merecedores de regalos (si en algún momento podemos llegar a ponernos de acuerdo sobre qué es “portarse mal”). Más bien lo que ocurría es que los Reyes no eran tan ricos como para ser tan generosos y gracias a ello, de rebote, enseñaban a los niños a ser menos caprichosos, trabajando su frustración y preparándolos para ser más felices en un mundo donde las cosas no se reciben a cambio de nada.

Provocar los recuerdos de Infancia en relación a los Reyes Magos suele tener éxito asegurado entre nuestros mayores. Y además nos enseña que no es precisamente la abundancia de regalos lo que fomentará un recuerdo agradable en nuestra futura vejez, sino la existencia de otros valores que deberíamos considerar si siguen vigentes en nuestra época o no.  Por lo general, estos recuerdos suelen estar bastante presentes en las personas mayores, pues con la llegada de sus hijos y más tarde de sus nietos, han tenido que ir confrontando y reviviendo anécdotas relacionadas con el tema en diferentes etapas de su vida. Por eso, cuando les preguntas por el tema, surgen recuerdos de su infancia, pero también de su vida adulta, como padres y de su vejez como abuelos. E inevitablemente surge la reflexión sobre qué es mejor o peor y sobre lo que han cambiado las cosas en todo este tiempo. Un ejemplo de ello es el siguiente corte de audio, extraído de una conversación con los alumnos del Centro de Lugo:

 

Ahora cierra los ojos e intenta regresar a aquellas noches de Reyes en que dejabas con ilusión tus zapatos y te ibas a dormir temprano, con la esperanza de conciliar el sueño enseguida y así despertar cuanto antes al día siguiente. Lo más seguro es que lo recuerdes con agrado, que se generen emociones positivas y que sientas cierta mezcla de placer y nostalgia unido a una pizca de felicidad. ¿Lo has experimentado?

Si es sí, comprenderás lo importante que es generar estos recuerdos y mantener la ilusión de los niños durante el tiempo que sea posible. Lo hacen en la actualidad los medios de comunicación cubriendo la noticia de la visita de los Reyes y televisando las espectaculares cabalgatas que quedarán fijadas para siempre en las memorias de nuestros más pequeños. Y a lo largo de la historia, la sociedad ha colaborado también en ello, sabedora del bien que se les estaba haciendo a sus integrantes más jóvenes. De hecho, si preguntas a los mayores por las cabalgatas, los de edad más avanzada ya te podrán hablar de ello, si acaso vivieron en una ciudad. En el rural gallego, sin embargo, no existían cabalgatas pero sí la tradición de ir a cantar los “reises” por las casas (de forma similar a como se hacía en nochebuena con el aguinaldo).

Tirando de Hemeroteca, encontré algún artículo de principios del siglo XX que ya cubre la gran noticia de la visita de los Reyes en forma de cabalgata:

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Diario “El Progreso”. 05/01/1923

Lo que hoy en día organiza el ayuntamiento, por aquel entonces era organizado por “Ligas de Amigos” o agrupaciones culturales que con gran empeño y dedicación se esmeraban en mantener viva la ilusión. Según se lee en este artículo de La Voz de Galicia, el primer año que se celebró cabalgata en A Coruña fue 1909. Fue una gran iniciativa que, además, pretendía que los mismos Reyes repartieran en persona los regalos a domicilio. Para ello contaban con la colaboración de los padres que, previamente, habían solicitado tal servicio. Al día siguiente El Eco de Galicia relataba cómo había ido el acontecimiento. En este enlace puedes consultar el documento en PDF de la página donde aparece la noticia.

La Iglesia también  fomentaba que la fiesta de Reyes fuera un evento que llegase a todos los niños, incluso lo más necesitados. No en vano esta es una fiesta de influencia claramente religiosa. El siguiente recorte de prensa así lo atestigua:

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Diario “El Pueblo Gallego”. 03/01/1947

En el siguiente corte de audio, una alumna nacida en 1929 explica que en el catecismo se solían repartir unos tíquets o vales cada vez que acudía. Estos eran para poder canjearlos por regalos una vez llegaba la víspera de Reyes. Otra alumna, que también lo recuerda, comenta que esta era una estrategia para asegurar la asistencia de los niños a la Catequesis.

En el mismo audio, grabado en el Centro de Pontevedra, podrás escuchar también más anécdotas y curiosidades relacionadas con esta noche tan mágica, así como la diferencia de costumbres entre el rural y la urbe.

 

Para finalizar, una imagen para la reflexión del gran Castelao. No os deseo que os traigan muchas cosas los Reyes sino, simplemente, que podáis sentir emociones positivas en esta recta final de las Navidades. Ahí es nada.  ¡Hasta la próxima!

 

 

 

Falcatruadas

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Esta foto pertenece a Xosé Veiga Roel y se titula FALCATRUADA. Me encanta esta palabra en gallego. Su traducción viene a ser algo así como “travesura”, las que solían realizar los niños en su descubrimiento del mundo y de sus normas. Travesuras que podían tener un buen o mal recibimiento por parte de sus víctimas aunque en ello también radicaba la emoción.

La violación de una norma, de forma moderada, es una acción necesaria y sana por parte de los integrantes de toda sociedad. Que uno o varios días al año se de licencia para realizar ciertas locuras que escapan del orden establecido ayuda a romper con la monotonía y, aunque parezca mentira, a establecer mejores lazos de unión entre la comunidad.

En el ámbito de nuestra Galicia rural, las fechas más propicias para estas bromas solían ser las del Carnaval (cualquiera que conozca el “Entroido” de Ourense podrá dar fe de esta afirmación) pero también se daban en la noche de San Juan cuando se permitían ciertos actos de vandalismo. Por ejemplo, que tu carro o la verja de tu casa desaparecieran de su sitio habitual para hacerlo en cualquier inhóspito o inaccesible lugar de la parroquia. Pero quizás, el día más extendido para las bromas sea precisamente el de los Santos Inocentes, y no deja de ser paradójico, pues según la Biblia, ese día se conmemora la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén con la intención de así acabar con la vida del niño Jesús. Imagino que nada mejor para recordar tal masacre que hacerlo con un acto inocente (la broma) que es característico de los niños y que está cargado de sano humor. Inteligente y creativa forma de reivindicar, quizás deberíamos tomar ejemplo para aplicarlo en las manifestaciones de nuestro mundo actual.

Todos tendréis en mente la broma del famoso monigote que se pegaba en la espalda de viandantes despistados. Pero en la Galicia Rural se realizaban otras como por ejemplo inventar noticias falsas que causaran disgusto o noticias buenas que generaran decepción al descubrir que eran mentira. También se engañaba para que alguien acudiera a algún sitio sin que realmente hiciera falta o se le obligaba a realizar un fatigoso trabajo que luego era totalmente inútil. Había quien clavaba monedas en el suelo o le ataba un hilo a un billete para que quien lo encontrara se llevara un chasco o quien rellenaba paquetes con cosas pueriles y hasta asquerosas para que quien lo abriera se acordara de su madre.

A continuación escucharéis y leeréis ejemplos de las bromas que los alumnos de MEMOGA recuerdan de su infancia y juventud, esa época mágica e inocente que todos los niños del mundo deberían poder vivir con plenitud sin que ni un solo “Herodes” se la arrebate.

“A mi me hicieron una buena. Trabajábamos para un abogado que era
de Vigo y tenía una huerta enorme. Todos los días le llevábamos la leche.
Ese día, en vez de cargar leche nos metieron piedras. Yo le decía
a mi compañera: ¿será posible que pese tanto la leche hoy? Al rato
nos paramos para mirar lo que llevábamos y vimos la tina toda llena de
piedras”. Carmen (Pontevedra, 1944)

“Fixemos unha vez unhas roscas feitas coas cabezas dos nabos. Parecían
roscas e iámolas dando. Estaban rebozadas e parecían roscas
de verdade. En canto as metían na boca… “. Regina (Viveiro, 1925)

La siguiente audición pertenece al Centro de Ourense, en ella Elena (1934) explica una que hizo ella cuando era niña:

“E resulta que por Santos Inocentes, faciamos unha caixiña moi preparadiña e se cadra ibamos ao primer piso o ao segundo: Mire, está a señora abaixo e díxome que lle traiga este regaliño. ¿E como se chama? Pois non sei. Díxome, nena, fas o favor, subes arriba ao segundo piso e dáslle esta caixa. Díceslle que e dunha amiga. ¿E que iba na caixa? Pedras, hasta con permiso basura. Bueno. E despois nós sorriamos e diciamos, ay, Dios mío, cando abriran e que vexan… As veces nos daban unha cadela ou can de propina.”

Y en el Centro de Lugo también se habló del tema, es lo que escucharéis en este otro corte de audio:

“En tempos o periódico traía sempre unha inocentada. Houbo unha que en la epoca de Jorge Negrete, resulta que salía que chegava as 12 da mañá no tren á estación o dichoso Jorge Negrete. E todas as mulleres de Lugo estiveron alí na estación espera que te espera e Jorge Negrete non chegou e ainda non chegou. E fixeron outra, que se falaba que iban poñer un carrillón na catedral e que xa poñeran o carrillón e que as 12 da mañá se inaguraba e toda a plaza de Santa María chea mirando si tocaba o carrillón.” Antonio (Lugo, 1933)

Lo que dice Antonio sobre Jorge Negrete se puede corroborar en el blog de Paco Rivera donde se comenta la que se armó en los años cincuenta con esta inocentada. Además de aquella, hubo otras relacionadas con la Catedral como la que comenta Antonio o aquella otra, con fotomontaje incluído, que anunciaba que las torres de la catedral de Santa María habían caído. Al respecto, parece que anunciar la caída de torres también era bastante habitual, pues otra alumna del centro de Betanzos me comentó que a ella le habían intentado “colar” que la torre de Hércules se había caído.

Dado que el 28 está al caer, tened mucho cuidado con vuestra inocencia y a disfrutar de esta tradición que aún sigue latente en nuestros días.

Los “Fazais”

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“El Prestidigitador y el ratero” Atribuido a El Bosco, 1502 o posterior.

Una de las profesiones más antiguas (y la imagen nos lo demuestra) es la de embaucador de inocentes e ingenuos. En esta imagen atribuida a el Bosco, vemos como un individuo absorto en el discurso del charlatán, perderá la bolsa de sus dineros a manos de un habilidoso y disimulado ladrón.

En Galicia, como en todos sitios, existieron y existen grupos de dudosa honestidad que, aprovechando las concentraciones de gente y los lugares donde se mueve dinero, lanzaban su caña con verdadera arte para pescar el jornal ajeno.

Ahora que es tiempo de San Froilán y la ciudad es un hervidero de gente, viene al pelo hablar en este post de los “Fazais”, una suerte de carteristas, trileros o charlatanes, que operaron en la ciudad allá por los años 40 y que aprovechaban precisamente fiestas como la de San Froilán o la feria de ganado para poner en práctica su labor.

Es fácil de imaginar lo tentadora y suculenta que podía ser para un carterista una feria de ganado a mediados del siglo pasado. De aquella, las transacciones económicas se pagaban al contado porque los ingresos a cuenta o pagos con tarjeta eran aún perfectos desconocidos. De esto estábamos hablando en en Centro de Lugo cuando salió el tema de los “Fazais”:

 

Jesús (A Coruña, 1942): “Aquí en Lugo había unos personajes muy típicos, la gente de Lugo tal vez los conozca, que se llamaban los “Fazais”. Yo he tenido el privilegio de vivir al lado de la muralla, yo era un criajo, son recuerdos de la infancia que tengo, y los veía subir por la rampa y había siempre un cebo: un señor que estaba allí jugando a la baraja. Yo les veía desde la ventana de mi casa ahí jugando a la baraja, y llegaba el paisano de turno que había vendido la vaca, con la cartera así y le decían verdaderas perrerías. Entonces el índice cultural era muy bajo, igual le decían que si había visto volar un buey. La cosa era decir cualquier cosa para llamarle la atención al individuo. Iban paseando desde la muralla y veían dos tíos jugando la pasta y uno ganaba la ostia. ¡Pero este no sabe jugar!, le decía el gancho. Y el paisano empezaba a retorcer la gorra. Claro, normalmente la gente en aquel entonces iba a la taberna y había fama de los buenos jugadores y decía, joder pero este no tiene ni idea. El paisano se quedaba con la copla y veía que el otro ganaba y ganaba. Y le decía: ¡Eu si tivera cartos probaba, probe usted si ten cartos! Claro, el paisano se empezaba a meter allí y le dejaban sin cartos con dos o tres manos paliza a paliza y se marchaba algunas veces sin la vaca. Nosotros, desde casa, gritábamos: ¡Señores los Fazais! a los críos nos tenían verdadero odio y rabia porque descubríamos el pastel. Pero eran tan obcecados que ni oían ni nada. Y cantidad de gente. Aquí la muralla de Lugo se quedó sin pasta”

Tal y como habéis podido escuchar, el mundo de las ferias era una auténtica selva donde tenías que lidiar, primeramente contra los tratantes que iban a ponerte mil y una escusas para no pagarte lo que valía tu animal, y más tarde cuando el bolsillo ya estaba lleno, contra carteristas y bandidos en el viaje de retorno a casa. Y en Lugo, además, no dejarte camelar por los “Fazais”.

Efectivamente, los “Fazais” debían su nombre a su lugar de origen. Una aldea muy cercana a Lugo. Era tan pequeña que no me extraña que la gente de bien que provenía de allí, se cuidara mucho de no revelar su origen, tal era la mala fama de los de Fazai. Está visto que actuaban siempre en grupo, con vigilantes que alertaban de peligros con la autoridad, con auténticos actores que sabían hacerse los tontos para animar a las víctimas a apostar su dinero y con verdaderos charlatanes que eran capaces de vender los árboles de la plaza Mayor (antigua plaza España), como dice José Manuel en el corte de audio.

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Vista aérea Plaza Mayor de Lugo. Fuente: Pinterest (Majo Seijas)

De esto último se comenta que tal vez no fuera más que una leyenda urbana y que en realidad no existió tal incauto que llegara a creerse que le vendían los árboles de la plaza ni que se presentó allí con una sierra para comenzar a talarlos. Tal vez esto no se pueda demostrar nunca, pero a juzgar por la foto y dado que por aquel entonces la madera era un bien muy preciado como combustible, no es de extrañar que alguien creyera que había hecho el negocio del siglo.

Si queréis saber un poco más sobre estos personajes son interesantes estos comentarios extraídos del blog del periodista lucense Paco Rivera. En cualquier caso, y sobretodo si vais a comer el pulpo al San Froilán, ¡tened mucho cuidado con vuestras carteras!

 

 

La suerte del pajarito

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Foto Bene c.a 1950

Esta foto de mediados del s.XX es una auténtica llave para abrir los recuerdos de aquellos que presenciaron las ferias y romerías del siglo pasado en Galicia. Lo que vemos en ella es ni más ni menos que una jaula abierta de la cual sale un pájaro amaestrado. Esta inocente ave, que lo único que ansiaba era recibir como premio un cañamón, nunca fue consciente de las innumerables esperanzas e ilusiones que la gente depositaba en ella. Una alumna explicaba que conoció a una persona cuyo marido había emigrado a Cuba. Emigrar por aquel entonces suponía marchar muy lejos y no tener noticias ni forma de comunicarte con los tuyos durante mucho tiempo. En ocasiones, incluso, la distancia física y emocional era tal, que el emigrado comenzaba una nueva vida desde cero, olvidándose de los que dejó en Galicia y formando una nueva familia. El caso es que esta señora no tenía noticias de su marido desde hacía meses. Seguramente las malas lenguas en la aldea ya la estuvieran coronando con una cornamenta monumental, pero ella nunca perdía la ocasión, cada vez que acudía a la feria, de consultar a aquel pajarito con la esperanza de que él sí le pudiera decir algo de su marido. Cliente fiel de aquel tenderete, se dirigía a la dueña del pájaro, le pagaba lo estipulado y con la emoción contenida esperaba a que aquel animal saliera de la jaula y pacientemente eligiese un papelito de los muchos que había en la bandeja que le ofreció la dueña. No sabemos cuantos intentos tuvo que hacer la pobre para encontrar un mensaje que le satisfaciera, pero finalmente el pajarito dio en el clavo con un mensaje donde le vaticinaba que un familiar cercano regresaría desde muy lejos después de mucho tiempo. Podéis imaginar la alegría que aquellas palabras generaron en alguien que llevaba tanto tiempo esperándolas. Alegría que se transformó en desilusión, incertidumbre y desesperación cuando los días que sucedieron a la noticia aviar no trajeron ni a familiar cercano ni a familiar lejano. Es posible que aquel pájaro perdiera una clienta con el paso del tiempo, ese es el riesgo cuando juegas con el sentimiento de las personas.

En el siguiente corte de audio los alumnos del Centro de Lugo nos explican otra anécdota relacionada con la suerte del pajarito:

 

Antonio (Lugo, 1933): “Dabas una peseta y entonces el pajarito salía de la jaula, cogía con el pico un papel y te lo daba. El pajarito salía porque la señora después le daba un grano de cañamón. Entonces leías lo que te ponía y voy a explicar una anécdota que le pasó a mi familia. Mi hermana iba con un primo mío y le salió que iba a recibir una herencia de un tío por parte de madre y no tenía más tío que el padre del primo que iba con ella. El otro se llevó un disgusto… y que le iba a morir el padre, y que le iba a morir el padre y que le iba a dejar la herencia a mi hermana. El padre al final murió con setenta y tantos años”.

La popularidad de esta atracción de feria se da por hecho cuando hablas con tantos gallegos que la recuerdan. En la siguiente foto extraída del Archivo Histórico Provincial de Lugo,  podemos ver otro ejemplo de esta atracción.

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Foto: Lugo, 1962. José Luís Vega Fernández

No fue, sin embargo, algo exclusivo de Galicia. En una ocasión hablé con una persona mayor que me confirmó que ella también lo había visto en la Rambla de Barcelona hacía muchos años. Cuando me puse a investigar por internet, encontré un precioso documento que demuestra que así fue:

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Fuente: http://www.todocoleccion.net Vendedor: santvictor26

 No sé vosotros, pero yo no puedo remediar ver cierto paralelismo entre esto y el horóscopo de nuestros días.

Al seguir buscando por internet descubrí también que en México se atribuyen el origen de esta tradición. Allí aún hay familias que llevan toda una vida dedicándose al adiestramiento de canarios pero por lo visto, es algo que ya no va en aumento y está en vías de desaparición igual que desapareció en nuestro país. Siempre he pensado que, para presenciar ciertas manifestaciones culturales de nuestro pasado no hace falta viajar en el tiempo, simplemente tienes que viajar a otro país. Este sería un ejemplo de ello. Mirad este vídeo donde se entrevista a uno de estos “domadores” de canarios. No parecen haber tantas diferencias entre unos países y otros, ¿no?.

Subidos al autobús

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Los inventos seguían llegando al s. XX. Eso sí, muy poco a poco. Las carreteras apenas albergaban vehículos motorizados. En los pueblos, muy de tanto en tanto pasaban coches, por lo que lo que los niños corrían por las calles sin preocupaciones, las bicicletas circulaban libremente y los carros, tirados por vacas o bueyes, lo hacían también a su velocidad, sin necesidad de señalizar la lentitud de sus pasos. Estos mismos carros, o más bien, sus ruedas, eran el terror de los escasos coches que circulaban, pues las tachuelas que iban clavadas en la madera y servían para evitar un desgaste prematuro, a veces se soltaban y provocaban numerosos pinchazos.

El hecho de que no pasasen tantos coches hacía que no se les tuvieran en cuenta a la hora de celebrar alguna fiesta. Si llegaba una orquesta, se instalaba el escenario y el baile en medio de la carretera, si era preciso. De forma que, si llegaba algún coche muy de tanto en tanto, la gente que estuviera bailando se apartaba simplemente para dejarlo pasar, y luego continuaba con lo suyo.

Fuente: www.canedo.eu

A Palentina en Allariz nun día de feira. Bus dos americanos c.a 1940. Foto: Chelo Lago Ct en (OLLAR GALICIA.FOTOGRAFÍA ANTIGA. Grupo de Facebook).

Si bien la gente no utilizaba el coche, sí comenzó a aprovechar los autobuses que tenían líneas regulares entre poblaciones. Fue un gran avance, en tanto que ya no había que recorrer a pie o a caballo la distancia que te separaba de la feria. (Si no llevabas alguna vaca o cerdo para vender, claro está). En una Galicia rural con carreteras mal asfaltadas y repletas de curvas, los trayectos motorizados duraban una eternidad. La velocidad que alcanzaban los autobuses no era para tirar cohetes. De hecho, como me comentaba algún alumno de MEMOGA, los coches de línea circulaban tan lentamente que era posible coger de los árboles la fruta si ibas sentado en el techo. Ese techo que, como se ve en la foto, no sólo transportaba pasajeros sino también cualquier tipo de mercancía.

Para hablar de este tema, yo leí a los alumnos un texto extraído del libro “Galicia no Recordo” de Fernando Lorenzo Rey que podéis escuchar en la audición. Lo que explico forma parte del recuerdo del autor pontevedrés sobre una anécdota que le ocurrió en el techo de uno de esos autobuses. La intención de leerles un texto así no es otra que la de generar en la audiencia otros recuerdos relacionados. Y eso es lo que precisamente ocurrió:

En la audición me llama la atención el comentario de Pilar (Villalba, 1931) que recuerda lo que hacían algunos ciclistas con los autobuses para ahorrar energía y tiempo, aún a riesgo de acabar mal parados. Parece que era una costumbre bastante común porque, de hecho, en el mismo grupo había alguien que reconocía haber realizado una práctica tan peligrosa:

Antonio (Lugo, 1933): “Eu tería uns dez anos o así, ía para o catecismo no San Froilán en bicicleta, eu tiña unhas zapatillas novas. E parou en una gasolineira, en San Fernando, un coche militar. Eu engancheime no coche militar pra ir correndo con el. Pero metín os dedos no choio onde se poñía a porta de atrás e entonces non os podía sacar. Ata que cheguei á porta Falsa non sei como fixen que tirei para arriba e caín e cheguei ao catecismo chorando coas zapatillas comidas por diante e sangrando. E había unha señorita que se chamaba señorita Lina, que era muy buena, e tivo tanta lástima de min que foi á farmacia pra comprarme unhas zapatillas novas para que non se enterara a miña nai porque se non…”

Auroras Boreales

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Foto: Lasse Holsthansen

En la Galicia de 1938 la gente no estaba para presenciar más casos extraordinarios. Pero el caso es que sí ocurrió algo excepcional. Fue en enero de aquel año, y no solo se presenció en Galicia, sino en el resto de toda Europa.

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El Diario de Pontevedra : periódico liberal: Año LII Número 71583 – 1938 enero 27

Una rojiza Aurora Boreal tiñó el cielo, para espanto de muchos que, sin haber visto nunca nada semejante, pensaron que el fin del mundo estaba a punto de comenzar.

Así se puede leer en esta columna extraída de El Diario de Pontevedra del día siguiente al fenómeno. Según el periódico, la mayor intensidad se produjo entre ocho y nueve de la noche y a las dos de la madrugada ya había desaparecido. En la zona de Galicia, Asturias y Cantabria, se observó una cortina inmensa suspendida del cielo que apareció en colores verde y rojo subido, casi púrpura.

Comentan también el espanto que sufrieron en algunas poblaciones de la provincia de Sevilla, donde la gente, creyendo que el fin del mundo había llegado, se lanzaron al campo o a las iglesias a rogar.

Teniendo en cuenta la cantidad de gente que viaja a los países nórdicos para presenciar tan bonito espectáculo natural, parece un desperdicio que en aquella época desaprovecharan tal oportunidad de verlo desde su propia casa. Pero era otra época, no nos engañemos, y la ignorancia unida a creencias irracionales propiciaron este tipo de reacciones. Más suerte tuvieron los vecinos de Lalín de contar con un párroco estudiado, que les explicó lo que sucedía sin que a nadie le diera un sofoco de más.

En este artículo de La Voz de Galicia se habla sobre este caso y el que se produjo en 1989, con una nueva Aurora Boreal, esta vez en exclusiva para Galicia.

También se habla sobre la Aurora frustrada de 2015. Supongo que más de uno se llevaría una decepción.

Y es que hoy en día se ha perdido el romanticismo. Si lo piensas, la naturaleza poco nos puede sorprender. Si va a suceder algo, enseguida hay meteorólogos, geólogos, sismologos, o cualquier “loquesealogo” que vaticine el acontecimiento. Y después, una vez ha sucedido, los encargados de ello ya se dedican a explicarte científicamente lo que ha pasado. Francamente, así perderemos la capacidad de asombrarnos.

No es el caso de lo que aconteció en Fátima en 1917 con el denominado “milagro del Sol”. La cuestión es que aquel día sí que existía también un vaticinador (los pastores), lo que hizo que se agolparan unas 70.000 personas esperando ver lo que sucedía. Es de esperar que tras ver danzar el sol de forma milagrosa, y teniendo en cuenta el estado de fe en el que se encontraban aquellas personas, la explicación de los hechos fueran del todo menos científica y racional. Hoy en día, una de las teorías que explicarían lo sucedido se respaldan en la gran actividad solar que hubo por aquellas fechas, al igual que sucede cuando se producen Auroras Boreales.

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Devotos contemplando el milagro del Sol. Fátima (Portugal). Octubre de 1917

En MEMOGA también surgió el tema de la Aurora Boreal de 1938. El recuerdo surgió de la forma más mágica posible, la asociación: estas rememorando algo y sin saber cómo lo relacionas con otro recuerdo que no tiene nada que ver pero que, como es el caso, tiene un importante valor histórico. Aquel día estábamos hablando en el Centro de Lugo sobre los Inventos del s. XX y cuando hablábamos de la luz y la electricidad, Antonio, nacido en Lugo en 1933, nos regaló esto:

“Hablando de la corriente, aquí en Lugo, se surtía de una central que hay frente a la playa, entonces había un problema, cuando había una crecida pues no había corriente, no había luz, y cuando había una sequía pues también daban pocas horas de luz porque no había agua suficiente para generar. Eso también pasaba. Y ardió, una vez ardió y también, hace muchísimos años, tendría yo 10 años o 12. Y fuera en un caso, hubiera una Aurora Boreal que fue la única que se acuerda por aquí en Lugo, decían que era la sangre de los muertos de la guerra. Y toda la gente en la calle, toda la gente asustada porque aquí ni Rita conocía lo que era una Aurora Boreal. Pero por ahí, a los 8 días, ardió la fábrica de la luz y entonces estaba el cielo todo rojo y volvíamos a decir que era la sangre de los muertos de la guerra. Eso es lo que decían los mayores.”

Bailes con “permite”

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Foto: Xosé Vázquez “Rizo”

El baile con “permite” era una modalidad de baile donde existía la norma tácita de que se tenía que ceder la pareja en mitad del baile si así lo solicitaba el interesado. Vendría a ser algo parecido a estas reuniones para conocer gente que se hacen ahora en la que vas intercambiando cada poco tiempo tu interlocutor.

Es de imaginar que en estos bailes surgieran conflictos y malentendidos cuando el chico no quisiera ceder a su pareja a cualquier desconocido o cuando ella no quisiera soportar a un nuevo bailador.

Si la gente no aceptaba la norma, la disputa estaba asegurada. Así me lo explicó Josefa de Ourense (1921) cuando su hermano, que bailaba con ella, no quiso ceder el baile a un chico que así se lo pidió. Llegaron a las manos y finalmente fue ella la que le propinó tal manotazo al interesado que le tiró el sombrero al suelo. Según Josefa, aquella fiesta acabó con la clausura del baile por parte de la Guardia Civil y su hermano encerrado en los calabozos.

En la audición de MEMOGA, Jesús (A Coruña, 1942) y Divina del Centro de Lugo nos explican sus experiencias en este tipo de bailes:

“Eso lo he vivido, la verdad es que me extraño, he participado en el tema y todavía hoy me río. A mí me utilizaban de comodín. Había un chico que estaba enamorado de una chica y lo que se decía, si iba un tercero a pedirle le tocaba el brazo y decía: ¿permite? y tenía que dejarle la chica. Había una normativa. Dentro de la misma pieza un señor no podía ir dos veces a la misma chica. Podía ir este, este, el otro y eso, pero una persona dos veces no podía ir. Entonces aquel chico que estaba enamorado, me decía: vete tú y sácala y luego se la cedía a él. Eso daba origen a muchos problemas.”