La construcción del aeropuerto de Lavacolla

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Cuando llegas a Compostela a pie por el Camino de Santiago, llama la atención el gran rodeo que realiza la senda cuando estás llegando a Lavacolla. Es un giro artificial y absurdo que te desvía de dirección siempre centrada hacia el oeste y que no responde a ninguna barrera natural, sino a una valla que se prolonga metros y metros. Mientras vas rumiando qué se esconde detrás de aquel cercado es posible que caigas en la cuenta de golpe, sorprendido por un avión al despegar. El aeropuerto de Lavacolla es un pegote en el Camino. De hecho, se construyó sobre la senda original, mancillando una ruta milenaria y obligando al peregrino moderno a añadir algún kilómetro más a su etapa. El hecho de que se permitiera realizar tal atentado contra un patrimonio de la humanidad como es el Camino, hace pensar que esa decisión se tomó hace mucho tiempo, cuando no se valoraba en absoluto la senda milenaria. En aquella época tampoco se valoraban ciertos derechos humanos, como he podido comprobar. Aunque tampoco vamos a entrar a juzgar aquella época viendo como nos va en la actualidad.

Esta entrada nace, al igual que las anteriores, tras escuchar las audiciones de los talleres de MEMOGA. El procedimiento es siempre el mismo: selecciono una conversación y lo que se habla en ella es lo que me motiva a ponerme en situación, investigar y escribir sobre ello. Así que os pido que escuchéis la siguiente. Os sitúo: Estamos en el Centro de Mayores de Santiago de Compostela y MªDominga (Santiago, 1927) nos explica una anécdota relacionada con el criado de su casa. En la misma conversación, Dolores (Portodosón, 1921) añade también información.

 

El hecho de que MªDominga naciera en el año 1927 y que esté relatando un recuerdo de infancia nos hace suponer que las obras del aeropuerto de Lavacolla en las que intervino su criado, se realizaron en los años 30. Si investigamos la historia de esta construcción comprobamos que efectivamente se inició en aquellos años. Primero fue un aeródromo promovido por un grupo de aficionados a la aeronáutica (el Aeroclub Compostela) que en el año 1934 buscaron un lugar idóneo para volar sus planeadores primitivos. Según Juan Cuevas, presidente del Real Aero Club de Santiago de Compostela, en una entrevista que le hizo Ramón J. Castro de Onda Cero Radio, “se escogió Lavacolla por las circunstancias climatológicas, los vientos reinantes en la zona y por el cerro que constituye en sí mismo Lavacolla. Se habían barajado muchos lugares, entre ellos una zona de A Sionlla”. Las obras para las tres pistas de aterrizaje iniciales se terminaron en 1935, de forma que el día 28 de Julio de aquel año se pudo hacer la inauguración:

El Eco de Santiago diario independiente Año XXXIX Número 16284 1935 julio 29

Fuente: El Eco de Santiago diario independiente. 29 de Julio de 1935.

En este otro recorte de prensa nos podemos hacer una mejor idea del gran esfuerzo que en la época se tuvo que realizar para semejante hazaña:

El Pueblo gallego rotativo de la mañana Año XII Número 3528 1935 julio 28

Fuente: El Pueblo gallego rotativo de la mañana. 28 de Julio de 1935.

La llegada de la guerra civil no interrumpió el progreso de esta infraestructura, más bien al contrario, ya que fue utilizada como punto estratégico para el conflicto bélico. Por tanto se siguieron haciendo obras en la zona. Los periódicos de la época relatan también la aportación de donativos económicos, además de la “gran generosidad” de los “picheleiros” o santiagueses:

“Con gran entusiasmo y amor patrio, continúan los campesinos de las cercanías de Compostela prestando su colaboración personal acudiendo a trabajar en las importantes obras que se están realizando en el Aeropuerto Compostela, merced a la incansable labor de los buenos santiagueses que con su óbolo contribuyen a ello, y al entusiasmo que el bizarro comandante de Artillería del Grupo 16 Ligero de esta ciudad D. José Bermúdez de Castro pone para dotar a Compostela y a Galicia de un magnífico aeropuerto” El Eco de Santiago: diario independiente. 20 de noviembre de 1936.

Esta información casa con lo que nos decía MªDominga en la audición de más arriba. Sin embargo, parece difícil creer que las personas que acudían a trabajar lo hicieran de forma tan voluntaria, y más teniendo en cuenta la situación socio-política que se estaba viviendo en aquel 1936. En el mismo diario, el 28 de diciembre de 1936 se escribe: “Santiagueses: Si por vuestra indiferencia alguien pudiera usurparos el Aeropuerto Central de Galicia, las generaciones venideras os maldecirán”. Broma o no (se publicó un 28 de diciembre), parece que alguien no estaba tan satisfecho con la colaboración de la ciudadanía.

Según el relato de MªDominga, su criado iba obligado a trabajar dos veces por semana con el carro de bueyes y no recibía ningún tipo de remuneración (a no ser que consideremos los huevos cocidos como remuneración). Cuando he consultado los periódicos para contrastar esto, descubrí lo que se denominó la “prestación personal” y que consistió precisamente en la obligación a tener que acudir a trabajar a las obras del aeropuerto. Esta prestación era personal e intransferible no pudiendo sustituirte ningún familiar. Si no podías o no querías acudir, siempre podías librarte entregando una aportación-bula de 5 pesetas. Una cantidad que no todo el mundo podía permitirse. En el siguiente artículo se nombra esta prestación personal a la que hago referencia, aunque tal y como está escrito el artículo, no parece que fuera algo de carácter obligatorio.

El Eco de Santiago diario independiente Año XLI Número 16813 1937 agosto 7

Fuente: El Eco de Santiago diario independiente. 7 de agosto de 1937

En este artículo, además de comentar que existió la “generosa” aportación de las personas que contribuyeron con su prestación personal también se habla de centenares de obreros que ganaban su sustento. Este dato también se tendría que matizar si le echamos un vistazo al libro ‘Diario del soldado republicano Casimiro Jabonero’ de Victor Santidrián Arias, donde se pone de manifiesto la existencia de un campo de concentración en Lavacolla en el que prisioneros republicanos tuvieron que realizar trabajos forzosos en la construcción del aeropuerto.

Además de los prisioneros republicanos, creo que más de un santiagués tuvo que acabar cansado de tanto aeropuerto y de tanta prestación personal. En los periódicos de la época se publicaba con bastante frecuencia el anuncio y advertencia de que guardias municipales pasarían a cobrar las “dichosas” cinco pesetas, como podéis comprobar en este otro recorte:

El Eco de Santiago diario independiente Año XLII Número 17422 1938 junio 24

Fuente: El Eco de Santiago diario independiente. 24 de Junio de 1938.

Las obras continuaron durante los años 40 para poder recibir mayor tráfico y establecer lineas regulares nacionales e internacionales. Los textos explican que inicialmente, para recibir a los pasajeros, se contaba con un barracón de madera que sirviera de refugio ante las inclemencias del tiempo:

Helipuerto-de-Compostela.

Primer barracón de pasajeros del Aeropuerto. Años 40 Fuente: http://www.santiagoaeropuerto.com

Y poco a poco hasta nuestros días, con nueva terminal inaugurada en 2011 y una antigua que, sin uso y decadente, nos recuerda también a las nuevas generaciones que el paso del tiempo es inexorable y que lo que vimos en nuestra juventud se convierte con los años en historia.

Pasar más hambre que un maestro de escuela

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

Mirad esta foto. Fijaos en sus protagonistas, niños y niñas que miran a la cámara. ¿Qué pensarían en ese momento? ¿Se imaginaban tal vez que 100 años después completos desconocidos podríamos estar mirándoles a los ojos? Hay algo mágico en todo esto. ¿No creéis?

No os perdáis ninguna de sus expresiones. Cada mirada, cada cabeza alberga un mundo, una forma personal de entender y percibir la realidad que les tocó vivir. Vidas que estaban comenzando, que confluyeron en aquel aula durante el tiempo que duraron sus estudios. Vidas que siguieron su propio camino a lo largo de los años. Unas se truncaron prematuramente, otras fueron exitosas y placenteras, otras solo conocieron el sufrimiento, otras fueron tan dilatadas que prácticamente abrazaron el s.XXI. Hoy nadie de ellos existe. Lo podemos decir con total seguridad. ¿Sí?, ¿seguro?¿No podría ser que hablar de ellos, tenerlos presentes, mirarles a los ojos e imaginar sus vidas haga, en parte, que sigan vivos? Vivos de alguna forma, a pesar de todo.

Lo que sí es cierto es que durante toda su vida terrenal, estas personas tuvieron algo en común, algo con lo que viajaron y que se mantuvo presente en sus cerebros prácticamente hasta su final: el nombre de su profesor. Ese referente que les instruyó y que les enseñó aquellos conocimientos básicos para labrarse un futuro. Es posible que el nombre que estuviera grabado en los cerebros de los protagonistas de esta imagen fuera el de Pedro Brey Guerra (1889-1967), un maestro aficionado a la fotografía que retrató, a lo largo de su vida, las personas que formaron su entorno más próximo en su Estrada natal. En el siguiente enlace podéis conocer su biografía además de contemplar fotos como la de arriba.

Tal como dice el título de esta entrada, ser maestro en aquellos años significaba estar dispuesto a pasar ciertas penurias ya que el sueldo no era lo más atractivo de la profesión. Si además hablamos de una escuela rural, el profesor tenía que exponerse a ciertos contratiempos como podían ser: no contar con la infraestructura más adecuada, tener que atender a un número muy elevado de alumnos con niveles y edades diversas, sufrir absentismo en aquellos meses en que las labores del campo eran más activas… Precisamente, podemos hacernos una idea de esto al leer el siguiente párrafo que pertenece al informe que elaboraron los inspectores que visitaron la escuela rural de Arnois cuando estaba ejerciendo de maestro Pedro Brey allá por el año 1921:

“O ensino encontrase en estado satisfactorio, aínda que dificulte moito o labor do mestre o excesivo número de alumnos e as pésimas condicións do local… Inservible para o obxecto, mal iluminado e con mala ventilación, sen patios de recreo, nin lavabos, nin retretes, cunha soa dependencia de 8,5 por 3,5 por 2,15 metros. Cun presuposto total de 2.750 pesetas ao ano, incluído o soldo do mestre. Cun número total de 130 alumnos matriculados, sistema mixto, de idades entre 8 a 12 anos; que teñen que percorrer camiñando, desde a súa casa á escola, até 4 km de distancia, e que asisten irregularmente a clase porque axudan nos labores do campo. E 28 alumnos de entre 14 e 31 anos, labradores de profesión predominante. Escola situada nun val, na estrada de Ourense a Santiago. Zona de industria e comercio moi escaso, e bastante emigración”

La siguiente foto podría representar con total acierto la escena que acabáis de leer:

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

En MEMOGA hablamos largo y tendido sobre la escuela. Lo vivido en esos años es algo que permanece guardado en la memoria y que se recuerda con agrado. Es curioso (podéis hacer la prueba con vosotros mismos) la potencia del recuerdo para nombres de profesores y compañeros de escuela. De la misma forma que comentaba que los niños de la fotografía podían tener grabado a fuego el nombre de ese referente que fue su maestro, nosotros no somos tan diferentes de ellos, a pesar de la distancia temporal que nos separa.

En el siguiente corte de audio, Rosario del Centro de Betanzos (Coirós, 1931), recuerda con nombres y apellidos las que fueron sus profesoras y rememora con detalle su escuela.

 

La Guerra Civil truncó la educación de muchos alumnos en edad escolar. El conflicto bélico obligaba a muchos profesores a marcharse, a esconderse. Ya fueran monjas o curas, ya fueran profesores sin condición religiosa, pensar de una forma u otra era un peligro ante mentes obcecadas y llenas de odio. Quien mantuvo su posición, a pesar de todo, llevó hasta el final su labor educativa:

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“La última lección del maestro”. Alfonso Manuel Rodriguez Castelao.

Todos conocemos más o menos cómo era la enseñanza una vez se instauró el Régimen a partir de 1940. Como en toda dictadura, la educación se orientó para transmitir a las nuevas generaciones una forma de ser y de entender el mundo condicionado a los valores de la propia dictadura. Por ejemplo, se intentó erradicar el idioma gallego del aula aún sabiendo que muchos de los alumnos (sobretodo en el rural) se expresaban habitualmente en esta lengua. Para muchos de ellos esta obligación de expresarse en un idioma que no dominaban (el castellano) favoreció sin duda su fracaso escolar. Esto  es un hecho que me constataron muchos de los alumnos de MEMOGA pero que también pude comprobar cuando leí “Memorias dun neno labrego”.

Y a pesar de todo, las condiciones de las escuelas rurales bien entrada la segunda mitad del s.XX continuaban siendo casi tan precarias como la de Pedro Brey. En el siguiente corte, MªCarmen (Pontedeume, 1942), del Centro de Pontedeume que trabajó de profesora, nos explica su experiencia profesional en una escuela de Puente Nuevo (actual Pontenova) en la provincia de Lugo.

Los profesores, como se puede comprobar en este audio, no contaban tampoco en 1963 con un gran sueldo. Parece que el título de este post les ha ido acompañando a lo largo del s.XX cual losa pesada. Es de suponer que la profesión les aportaría otra retribución de carácter no económico que supliera la carencia. De lo contrario, haría mucho tiempo que la profesión de maestro se habría extinguido.

Auroras Boreales

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Foto: Lasse Holsthansen

En la Galicia de 1938 la gente no estaba para presenciar más casos extraordinarios. Pero el caso es que sí ocurrió algo excepcional. Fue en enero de aquel año, y no solo se presenció en Galicia, sino en el resto de toda Europa.

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El Diario de Pontevedra : periódico liberal: Año LII Número 71583 – 1938 enero 27

Una rojiza Aurora Boreal tiñó el cielo, para espanto de muchos que, sin haber visto nunca nada semejante, pensaron que el fin del mundo estaba a punto de comenzar.

Así se puede leer en esta columna extraída de El Diario de Pontevedra del día siguiente al fenómeno. Según el periódico, la mayor intensidad se produjo entre ocho y nueve de la noche y a las dos de la madrugada ya había desaparecido. En la zona de Galicia, Asturias y Cantabria, se observó una cortina inmensa suspendida del cielo que apareció en colores verde y rojo subido, casi púrpura.

Comentan también el espanto que sufrieron en algunas poblaciones de la provincia de Sevilla, donde la gente, creyendo que el fin del mundo había llegado, se lanzaron al campo o a las iglesias a rogar.

Teniendo en cuenta la cantidad de gente que viaja a los países nórdicos para presenciar tan bonito espectáculo natural, parece un desperdicio que en aquella época desaprovecharan tal oportunidad de verlo desde su propia casa. Pero era otra época, no nos engañemos, y la ignorancia unida a creencias irracionales propiciaron este tipo de reacciones. Más suerte tuvieron los vecinos de Lalín de contar con un párroco estudiado, que les explicó lo que sucedía sin que a nadie le diera un sofoco de más.

En este artículo de La Voz de Galicia se habla sobre este caso y el que se produjo en 1989, con una nueva Aurora Boreal, esta vez en exclusiva para Galicia.

También se habla sobre la Aurora frustrada de 2015. Supongo que más de uno se llevaría una decepción.

Y es que hoy en día se ha perdido el romanticismo. Si lo piensas, la naturaleza poco nos puede sorprender. Si va a suceder algo, enseguida hay meteorólogos, geólogos, sismologos, o cualquier “loquesealogo” que vaticine el acontecimiento. Y después, una vez ha sucedido, los encargados de ello ya se dedican a explicarte científicamente lo que ha pasado. Francamente, así perderemos la capacidad de asombrarnos.

No es el caso de lo que aconteció en Fátima en 1917 con el denominado “milagro del Sol”. La cuestión es que aquel día sí que existía también un vaticinador (los pastores), lo que hizo que se agolparan unas 70.000 personas esperando ver lo que sucedía. Es de esperar que tras ver danzar el sol de forma milagrosa, y teniendo en cuenta el estado de fe en el que se encontraban aquellas personas, la explicación de los hechos fueran del todo menos científica y racional. Hoy en día, una de las teorías que explicarían lo sucedido se respaldan en la gran actividad solar que hubo por aquellas fechas, al igual que sucede cuando se producen Auroras Boreales.

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Devotos contemplando el milagro del Sol. Fátima (Portugal). Octubre de 1917

En MEMOGA también surgió el tema de la Aurora Boreal de 1938. El recuerdo surgió de la forma más mágica posible, la asociación: estas rememorando algo y sin saber cómo lo relacionas con otro recuerdo que no tiene nada que ver pero que, como es el caso, tiene un importante valor histórico. Aquel día estábamos hablando en el Centro de Lugo sobre los Inventos del s. XX y cuando hablábamos de la luz y la electricidad, Antonio, nacido en Lugo en 1933, nos regaló esto:

“Hablando de la corriente, aquí en Lugo, se surtía de una central que hay frente a la playa, entonces había un problema, cuando había una crecida pues no había corriente, no había luz, y cuando había una sequía pues también daban pocas horas de luz porque no había agua suficiente para generar. Eso también pasaba. Y ardió, una vez ardió y también, hace muchísimos años, tendría yo 10 años o 12. Y fuera en un caso, hubiera una Aurora Boreal que fue la única que se acuerda por aquí en Lugo, decían que era la sangre de los muertos de la guerra. Y toda la gente en la calle, toda la gente asustada porque aquí ni Rita conocía lo que era una Aurora Boreal. Pero por ahí, a los 8 días, ardió la fábrica de la luz y entonces estaba el cielo todo rojo y volvíamos a decir que era la sangre de los muertos de la guerra. Eso es lo que decían los mayores.”