Serpientes que maman

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“Matanza de culebras” Autor: Reinaldo Constenla Prado (Barro) Fuente: Publicación de Manuel Man en el grupo de Facebook: “Ollar Galicia. Fotografía Antiga”. Posiblemente años 50.

Seguramente todo el mundo recordará la que se lió en el programa “Sorpresa, Sorpresa” de Antena 3 allá por los años 90. En este show televisivo, presentado entonces por Concha Velasco, se retransmitían en directo sorpresas a los familiares y amigos de quien lo solicitara. En aquella ocasión, los padres de una adolescente quisieron sorprender a su hija, fan de Ricky Martín, metiéndolo en su armario. Los sorprendidos fueron ellos cuando vieron en directo cómo llegaba a su habitación, se untaba de mermelada los genitales y dejaba que su perro le limpiara el desaguisado a base de lambetazos y lenguaradas. La noticia se extendió como la pólvora (y eso que de aquella no habían redes sociales) y al día siguiente todo el mundo conocía a alguien que lo había visto pese a que nadie podía asegurar haberlo visionado personalmente. Este sorprendente rumor ha entrado a formar parte de la lista de leyendas urbanas más conocidas de nuestra historia colectiva.

Una leyenda urbana es una creencia popular que se sitúa en la época contemporánea y que consta de hechos inverosímiles o difíciles de creer que son tomados como ciertos. Suelen ser historias que se cuentan de boca en boca o por otros medios más modernos de comunicación y cuya característica principal es que la fuente que la originó suele ser alguien cercano, un amigo, un conocido o un familiar.

Esta entrada aborda precisamente este fenómeno, un caso que está en boca de todos, que todo el mundo conoce pero que nadie puede asegurar haber visto con sus propios ojos. Investigando, he podido descubrir que esta leyenda urbana no es propia de Galicia exclusivamente, sino que se extiende por toda Europa, en aquellas zonas donde predomina el trato con el ganado. También descubrí que esta creencia falsa se remonta muy lejos en el tiempo, pues ya hay incluso representaciones en capiteles de iglesias románicas.

De todo esto investigado os dejaré constancia más abajo. Pero quizás, para empezar, podríamos ver en qué consiste exactamente esta leyenda:

Se dice, y todo el mundo ha oído hablar de esto (lo cual muchas veces conduce a creer que es cierto) que en ocasiones las vacas, pese a no haber dado de amamantar a sus terneros ni haber sido ordeñadas por su dueño, aparecen con sus ubres vacías de leche. Cuando esto se ha repetido en más ocasiones, el dueño del animal ha comenzado a investigar, ha rebuscado entre el abono de la cuadra, ha remirado orificios y oberturas en paredes y ha llegado a la conclusión de que el causante de este robo lechero no era otra que una culebra o serpiente, que con su mamar dulce y sensible, chupaba de la teta de la vaca sin que esta se asustara ni mugiera extrañamente. Incluso se ha llegado a decir que la propia vaca llamaba por la serpiente, tal era el gusto que le generaba la succión. Se cuentan historias de pastores que han descubierto nidos de serpiente entre el abono de la cuadra, o incluso de haber visto directamente como la serpiente subía por la pierna de la vaca para alcanzar su premio.

Para dar con el ofidio, muchos coinciden en que la mejor manera es dejarle un plato de leche como cebo, para que así, una vez fuera de su escondite se le pueda dar muerte y finalizar así el problema.

La relación de la culebra con el animal no es única. Variantes de la leyenda han venido a relacionar esta clase de parasitismo con el propio humano. Se cuentan casos de culebras que han entrado dentro del aparato digestivo de una persona (igual que ocurre con las lombrices o la tenia) y que para sacarlas de allí se ha utilizado la técnica del platito de leche. Y también se cuenta, y esto es lo más sorprendente, que la serpiente, igual que mama de una vaca, puede mamar de una madre (mientras duerme, claro está) e incluso que puede engañar al bebé de la misma introduciendo la punta de su cola en la boca del niño a modo de chupete.

Hay referencias arquitectónicas en capiteles de iglesias románicas donde se pueden apreciar culebras o a veces algo parecido a una rana, colgando del pezón de la figura de una mujer. Lo que viene a dar que pensar que esta creencia viene de muy lejos.

josercid.REBORDANS. Tuy. Pontevedra. Galicia. Iglesia de San Bartolomé.

Autor: Josercid. Iglesia de San Bartolomeu (s.XI) Rebordáns, Tui (Pontevedra) Fuente: Flirck

Imágenes como esta se repiten en otras iglesias del territorio peninsular como la de Teza, en Burgos, la de Santa María La Real de Sangüesa en Navarra o la de Santa María de Yermo de Asturias.

A continuación tenéis los audios de MEMOGA que hablan en concreto de este tema. Llama la atención cómo la misma historia se repite en cada uno de los Centros donde se grabó. En cada relato se puede apreciar desde auténtica convicción hasta claro escepticismo:

Audición Centro de Ferrol

 

Audición Centro de Pontedeume

 

Audición Centro de Betanzos

 

Audición Centro de Lugo

 

Audición Centro de Monforte

 

Audición Centro de Ourense

 

De todo esto, me parece fascinante la forma como se ha ido transmitiendo la información de persona en persona. Cabe imaginar que la forma más común era la palabra, en aquella época en la que coincidir con alguien en un camino en dirección a un destino era escusa suficiente para entablar una conversación, en un tiempo en el que no existía televisión para impedir sentarse al final del día alrededor del fuego y compartir historias y anécdotas. Pero también ha habido otros medios, y en este caso en concreto no me extrañaría que los sermones eclesiásticos tuvieran también algo que ver, pues es patente la presencia de la historia en la religión católica a través de la arquitectura de la propia iglesia. Esto de informar a través de la escultura, es una forma de comunicar muy visual y acertada. En la noche de los tiempos, la mayoría de parroquianos no sabía ni leer pero acudían semanalmente al centro de culto. Cualquier publicista actual, hubiera asesorado al cura medieval recomendándole imágenes llamativas en un lugar de paso obligado. Por eso pórticos y capiteles son tan historiados. Hoy son bellas obras de arte, pero cuando fueron generados obraron como importantes contenidos publicitarios para apoyar y dar coherencia a lo que se iba a hablar más tarde dentro de aquel templo.

A parte de la palabra y la “publicidad” cristiana, esta historia ha tenido otras formas de hacerse más popular. Es el caso de artículos periodísticos en prensa (como nos comentaba una alumna en la anterior audición del centro de Lugo). Este ejemplo nos puede ayudar a entender que una noticia publicada en un periódico no tiene porqué ser forzosamente verídica. Aunque el periodismo tiene como principal cometido transmitir la información de forma fidedigna, el resultado no es siempre el deseado. Si se obvia la fuente y se aporta algo de cosecha propia o creencia popular, la noticia puede ser del todo desafortunada.

Me dio por investigar el tema que nos ocupa en la hemeroteca gallega y di con una noticia acontecida en 1928, que se cubrió desde diferentes periódicos y que me parece de gran importancia compartir aquí con vosotros para concluir con el tema. En la primera imagen podéis ver como trata la noticia El diario “El Compostelano”:

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Diario “El Compostelano”: 29 de Agosto de 1928

Es curioso que se pudiese comprobar que la serpiente subiese a la habitación de noche para extraer la leche del pecho de la mujer, cuando dicen que el propio marido la mató en el mismo almacén de alfalfa. También es interesante imaginar la forma como se comprobó que la serpiente, una vez muerta, se nutría de leche. Pero claro, un periódico es un periódico, y si además explica un caso que coincide con lo que he ido escuchando previamente, la coherencia de pensamiento es tal que más de uno lo creería a pies juntillas.

El Correo Gallego también se hizo eco de la noticia dos días más tarde:

ElCorreoGallego31081928

Diario “El Correo Gallego”: 31 de agosto de 1928

En este caso el periodista es más prudente y descarta dar como explicación cierta que la serpiente mamase de la mujer. En este caso, se enuncia como una simple sospecha.

Al cabo de unos meses, otro periodista, en este caso del “Diario de Pontevedra”, gastó tiempo y esfuerzo en contrastar con la fuente o al menos, con alguien cercano a la fuente. Su investigación dio su fruto, y pudo así escribir un acertado artículo donde desterraba el error. Os dejo el artículo íntegro que se publicó en dos entregas. Su trabajo no ayudó a corregir la creencia popular (la historia nos lo ha demostrado) pero a mí particularmente me ha ayudado a constatar lo peligroso que es el trato de la información y lo vulnerable que es el ser humano cuando, en vez de mostrar una actitud crítica y objetiva, se deja llevar por lo que quiere creer. Hoy pueden ser las culebras que maman y mañana los extranjeros que nos quitan el trabajo y la sanidad.

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ElDiariodePontevedra05011929

Periódico “El Diario de Pontevedra”: 3 y 5 de enero de 1929

Mal de ojo

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Foto: Carlos Valcárcel, 1979.

En la Galicia rural del siglo pasado, los animales fueron el pilar de la economía del hogar. Una casa con más vacas era una hacienda próspera porque podía criar más terneros y así ganar más dinero vendiéndolos en las ferias. Pero no sólo se conseguía rendimiento vendiendo. Las vacas, por ejemplo, servían para tirar de carros y arados y así resolver con éxito las tareas agrícolas cuando aún no había llegado la moderna maquinaria. A su vez, los excrementos de las mismas, mezclados con la paja que se esparcía en sus cuadras, servía de abono para sembrar los campos y así poder tener patatas, cereal y hortalizas para alimentar la familia. Esa alimentación se complementaba con la matanza del cerdo, si se lograba que este llegara sano y bien criado a su San Martín. Conejos, pollos, corderos y, por supuesto pescado si en casa se dedicaban al mar, eran los otros invitados a la mesa.

Viendo lo importante que eran las reses para la casa, no es de extrañar que tuvieran especial cuidado en mantenerlas fuera de peligro. La economía les iba en ello. Por lo tanto, era preciso protegerlas de las inclemencias del tiempo pero también de aquellos hechos inexplicables que les hacían enfermar y que, más tarde o más temprano, eran atribuidos a la envidia o al mal de ojo.

El mal de ojo explicó en Galicia todas las enfermedades que, a falta de veterinarios y médicos, eran difíciles de diagnosticar. Consistía básicamente en provocar el mal a través de la mirada y lo podían provocar tanto personas que no dominaban tal poder pero que lo tenían (como quien circula con un trailer sin haberse sacado el carnet de conducir), como personas envidiosas que te miraban así para arruinarte la vida o también “bruxas” o “meigas” que, con toda la intención, te lo transmitían.

Es muy popular el dicho: “Haberlas haylas”, en relación a estas profesionales de lo mágico-espiritual. A lo largo de mis talleres en MEMOGA he encontrado en muchas ocasiones a gallegos y gallegas muy escépticos, que dicen no creer en estas cosas, pero a continuación decir que algo hay. No en vano a Galicia se la conoce como “Terra de meigas”.

Podríamos decir que hay dos modalidades de las mismas aunque no está muy clara la atribución de sus funciones. En términos generales, las “meigas” serían las capacitadas para conjurar el mal y atraerlo sobre alguien causando una enfermedad. Las “bruxas”, con un conocimiento similar a las “meigas” serían las que curarían el mal y lo mantendría alejado de la comunidad. Pero en realidad, no todo el mundo está de acuerdo con esta clasificación.

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“La Figa” Fuente: magiamania.com

No es de extrañar que estas señoras fueran temidas y respetadas por igual. En este sentido reciben un trato contradictorio por parte de la gente ya que son denostadas y rechazadas por la sociedad pero a su vez la gente acude a ellas para buscar la solución a sus males de ojo.

No obstante, antes de tener que acudir a una “bruxa” para que enmiende el mal, el gallego se cuida muy bien de mantenerlo alejado mediante objetos protectores. Herraduras, cruces de Caravaca, rescritos, figas, agua bendita, castañas indias, cabezas de ajo… Lo que sea para proteger a uno mismo, a los animales de la casa, a las cosechas o, incluso, a los aperos y herramientas de labranza.

De estas cosas andábamos hablando en el siguiente corte de audio cuando Felipe, del centro de Betanzos, nos explicó lo que le había sucedido con unos cerdos que compró a la vez que otro vecino:

Felipe (Oza de los Ríos, 1937): “Te puedo contar un caso que no me lo creo yo mismo pero que fue verdad. Yo tenía unos animalitos en la huerta. Unos cerdos preciosos que empezaron a medrar, eran, madre mía. Y cuando los compré yo también los comprara otro chaval allí y me dijo un día: oye, ¿puedo ir a verte los cerdos? porque los míos no medran nada. Y yo, pues los míos están muy guapos, vete a ver y verás. Fue verlos y yo no sé aquello, porque hay cosas que no te las puedes creer, el caso es que los cerdos aquel día se tiraron a la cuadra y no comieron más. Yo no sé quien fue el que le dijo a mi mujer que había una bruja de esas, allá le fue a la bruja a llevarle los pelos de los cerdos, y yo le dije, quítate para allá, non vayas allá que los cerdos están malos, pusieronse malos. Y dijo: pues voy a ir allá. Ya te digo yo que a mí esas cosas me cuestan creerlas. Tu quieres ver que fueron allá y cuando vinieron me dice: ¿fuiste a ver a los cerdos? Dije, no. Que carajo voy a ir. Fue ella a verlos y cuando vino me dijo: vete a verlos. ¿Quieres ver que los cerdos estaban comiendo como si nada hubiera pasado? ¡Que no me levante de esta silla si no fue verdad!”

En el Centro de Viveiro también surgió una conversación muy interesante en torno al tema del mal de ojo. Regina, la veterana del grupo, nos explica algo que le pasó cuando estaba junto a unos vecinos recolectando patatas con la ayuda de unas vacas y un arado. Carmen, a raíz de esta vivencia, también relata algo que le aconteció. Aquí vemos un ejemplo claro de cómo ante un hecho que escapa a la razón, se le atribuye una causa mágica que requiere aceptar la existencia del mal de ojo y de las “meigas”. Si la causa es del todo irracional también lo es la forma de devolver a su camino a las reses. De nuevo, un recuerdo destapa otro, y el tema de los orines hace recordar otras supersticiones, esta vez en relación a los pescadores, que encuentro ciertamente interesantes. No dejéis de escuchar el audio, no tiene desperdicio:

Regina (Orol, 1925):”En iso tamén hai verdade ¿eh? O mal de ollo é verdade porque eu o vin. Estabamos una vez collendo as patacas co arado e as vacas. E aquela persoa que pasou cerca de onde estabamos nosoutros, que tamén din que si esa persoa que botaba o mal de ollo di: ¡Dios guarde todo!, que era a costume que había cando se estaba traballando, din que no pasaba nada. Pero ela non dixo nada. Pasou e quedouse mirando, porque ademais, aquela persoa tiña costume, érache una muller nova. Isto foi tan certo e se non aínda hai máis vivos e o meu home tamén o veu. Porque o que non ve non cree, iso xa o sei. Pois aquela señora quedouse mirando por encima dun muro, así un pedaciño. Era veciña nosa. E dicíamos: bueno, esta señora non nos gusta nada aí. Chegamos co rego ao cadullo e os demais viñamos recollendo as patacas. Cando viraron as vacas para o outro lado, dime tu como facía unha vaca por encima do arado cos pes de detrás hasta medio corpo. Non había quen a fixera volver ao seu. E podía volverse se quixera. Empuxaban por ela, pero tiña aquela cousa que non quería. Había que sacar o arado do xugo e entonces volver a tirar para atrás para que a vaca se puxera ben. Volven a poñer, un pouquiño mais adiante volve. Non había forma e mira que había homes que empuxaban pero nada. Entonces, o que estaba arando, o dono das vacas, dixéronlle, mira, non hai nada que facerlle, vamos parar un pouquiño e orinas pola vaca. Oes, paramos un pouquiño, o outro orinou pola vaca e toda a tarde recollemos as patacas e non volveu a pasar cousa.”

Las “meigas” fueron mujeres diferentes y excéntricas que, por hacer lo que no hacía nadie, se ganaron la desafortunada etiqueta que las mantuvo aisladas y rechazadas. Como escuchamos en el audio, la gente era capaz de dar rodeos por no pasar por delante de sus casas y si se las encontraban en eventos públicos, como por ejemplo, la misa, nadie se quería sentar junto a ellas y evitaban toda interacción. Está claro que estas pobres incomprendidas tuvieron que sufrir bastantes injusticias sociales y padecieron, con toda seguridad, la soledad más amarga. Quedaron solas, como así describe la canción popular dedicada a la que es, quizás, la bruja más famosa de Galicia: María Soliña. Muchos grupos musicales han versionado el poema de Celso Emilio Ferreiro en Longa noite de pedra, la versión de Carlos Núñez es quizás una de mis preferidas: