Personajes emblemáticos

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La diferencia siempre ha llamado la atención y en una villa donde todo el mundo se conoce, no es fácil pasar desapercibido si tu aspecto es diferente al resto. Esta es la historia de las dos en Punto (las Marías) de Santiago o doña Sagrario de Pontevedra.

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Foto: Pinterest (Hotel/Albergue La Salle)

De las primeras mucho se ha hablado en Compostela, y a pesar de su carácter huraño y aspecto extravagante sí que fueron muy queridas por la sociedad, hasta el punto de que el ayuntamiento instaló una escultura de ambas en la entrada de la Alameda. No hay turista que vaya a Santiago y no se fotografíe junto a ellas, a pesar de no saber ni siquiera quienes fueron. Podéis conocer un poco más sobre ellas en este post de Lecturafilia.

Todo el que vivió en Santiago en los años 50 y 60 puede dar testimonio del paseo que se daban todos los días a las dos en punto de la tarde (de ahí su apodo). En el audio de este post, Marina (Villagarcía, 1935) del Centro de Pontevedra, nos explica cómo era una de las canciones que les dedicaban a esta pareja de hermanas.

“Cuando pasean y van del brazo las dos Marías

su maquillaje parece fenomenal

no nos cansamos de verlas todos los días,

por el Toral, por el Toral, por el Toral.

Pero mira que placer, pero mira que ilusión,

el día que me acerqué ella me dijo que no,

-Anda María no seas tan fría bésame un momento

que ya tengo gorra, que ya soy sargento,

-Vete a la porra no me hagas camorra, no seas imprudente,

no quiero sargento, que quiero un teniente.”

“Porque ellas a los estudiantes los querían, pero si le decía un piropo un labrador o un pobre hombre, se ponían… le llamaban de todo. Tenían una boca impresionante.

Entonces los estudiantes se arrodillaban y le decían: ¡ay María me muero por ti! Ellas se les veían felices entonces.

Muchas canciones les teníamos. Le cantábamos alguna obscena y salíamos corriendo.”

En Pontevedra, igual que en Santiago, también había algún personaje de parecidas características. En este caso, Encarna (1934), nos habla de Doña Sagrario:

“Doña Sagrario, yo la conocí. Aquello era un carnaval. Iba siempre maquilladísima, el pelo muy rubio, los labios con unos piquitos, unos coloretes pero coloretes. Llevaba las medias a juego, el jersey a juego. Siempre con colores verde, rojo, amarillo, verde… Nos metíamos con ella y ella se enfadaba.”