Iste vaise e aquel vaise

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emigracion

Foto: Manuel Ferrol (Coruña, 1957)

Abandonar la tierra donde naciste y creciste para buscar un futuro mejor. Esta ha sido una práctica muy común en Galicia desde hace siglos. No en vano existe la expresión de que hay gallegos hasta en la luna. Pese a no haber colonizado aún nuestro satélite, los destinos elegidos por nuestros antepasados han sido numerosos y diversos: Cuba, Argentina, Uruguay, Alemania, Suiza… Exceptuando casos donde se produjo un exilio por causas políticas, la principal motivación del emigrante fue buscar un futuro próspero, lograr en otro lugar lo que no se conseguía en la propia tierra: un trabajo donde poder tener éxito económico que permitiera un retiro holgado, a ser posible, en la Galicia natal.

No hay una sola causa en este gran éxodo de población. Fueron responsables de ello el gran crecimiento de la población (en la zona rural la gran mayoría de familias eran muy numerosas), el déficit económico y productivo (no había apenas dónde trabajar) o la cultura caciquil (auténticos traficantes de influencias y abusadores de poder). Lo cierto es que no quedaba otra que marchar. Se inició paulatinamente, de forma temporal al inicio y más tarde permanentemente. Un sangrado continuo de población que aún hoy, en nuestros días, continúa.

Según la época, los destinos fueron también muy diversos. Antes de la gran época de los transportes transoceánicos, el destino de los gallegos fue intrapeninsular. Sobretodo a la zona castellana para realizar labores agrícolas como la siega. Era una emigración temporal llamada “anduriña” que afectó sobretodo a la población de Lugo y Orense y que se prolongó en el tiempo hasta bien entrado el s.XX.

En el siguiente poema de Rosalía de Castro se puede apreciar la dureza de los trabajos que tuvieron que soportar:

 

 

Los desplazamientos hacia el Nuevo Mundo tuvieron su máximo esplendor entre finales del s.XIX y principios del s.XX. Hay una serie de países que alojaron más emigrantes gallegos, quizás por el efecto llamada. Entre ellos encontramos Cuba, Argentina, Brasil o Venezuela. En ellos, aún hoy, podemos encontrar amplias colonias galaicas que en su momento tuvieron una importante repercusión en la sociedad de aquellos países.

En los años 30 del s.XX, coincidiendo con la depresión económica de 1929 y el inició de la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, el flujo migratorio se invirtió y muchos de los que marcharon se convirtieron en retornados.

Los años de la postguerra, caracterizados por la miseria y la precariedad elevó de nuevo las partidas hacia América, pero a partir de los 60, los emigrantes cambiaron sus destinos. Ya no marchaban a ultramar, sino que escogían otros países más cercanos que permitieron combatir el desarraigo al poder venir en vacaciones a la tierra natal. Los principales destinos para los gallegos de entonces fueron Alemania, Suiza y Reino Unido,  además de Holanda, Bélgica y Francia.

Los alumnos de MEMOGA también sufrieron en sus carnes o por conocidos los estragos de la emigración. En la grabación que aparece abajo, Rosario (Coirós, 1931), del Centro de Betanzos, nos explica cómo fue su experiencia cuando marchó junto a su marido al Reino Unido para trabajar de sirvientes en una familia acomodada.

 

La siguiente riada emigratoria, la que afectó a partir de los años 70, tuvo como destino comunidades autónomas de la península que gozaban de mayor prosperidad. País Vasco, Cataluña, Madrid… Era una época donde había una gran demanda de empleo, lo que hizo que muchos integrantes de la misma familia marcharan a la misma zona, produciendo de nuevo, el correspondiente efecto llamada.

Conozco una anécdota relacionada con este último punto que viene a demostrar la dimensión de este efecto llamada. Se produjo un verano que acudí junto a un compañero de “Cantigas e Agarimos” a realizar una “recollida” por la zona de los “Ancares”. Por “recollida” se entiende una forma de registrar en vídeo los cantos y bailes característicos de una zona. En definitiva, un estudio de campo etnomusicológico. Pues bien, paseando por los diferentes pueblos de los Ancares, en pleno mes de agosto, me llamó mucho la atención ver un gran número de taxis de Barcelona aparcados en las casas. Está visto que, en aquellos años, cuando alguien de la zona marchó a la capital catalana, y viendo que prosperaba, muchos otros decidieran (por imitación o parentesco) probar la misma suerte. Resultado: concentración rural de taxis blancos y amarillos en pleno agosto.

De lo que sí goza Galicia es de una ferviente actividad cultural en la diáspora. La Galicia exterior, muy tenida en cuenta en las partidas presupuestarias (no en vano, también son votos), cuenta con numerosos grupos que han querido mantener viva la cultura propia o la de sus antepasados.

Ya en la mitad del siglo pasado, con la llegada de los exiliados políticos, la actividad cultural y política creció notablemente, como continuación de la labor que se estaba desarrollando en la Península en los años precedentes a la Guerra. Se fundaron Patronatos de Cultura en diferentes países, se crea el “Instituto Arxentino da Cultura Galega” y el “Consello de Galiza” de carácter político. La producción cultural fue amplísima: programas de radio en gallego, conferencias, publicaciones de libros y revistas…

Las editoriales fundadas por los emigrantes permitieron que salieran a la luz pública sus creaciones literarias y de investigación, ensayos políticos, las obras de los clásicos, etc.
Las revistas se convirtieron en uno de los medios de comunicación más común en las colectividades gallegas, además de algunos periódicos: Galeuzka (1954, Buenos Aires), Vieiros (1959, México) y Galiza Emigrante.

Argentina jugó el papel de capital espiritual de Galicia. Allí se realizó un enorme trabajo de la mano de hombres de la talla de Castelao, Blanco Amor, Luis Seoane, Lorenzo Varela, Rafael Dieste o Lois Tobío.
A la radio se le sacó mucho provecho para la difusión de los valores culturales gallegos y del pensamiento galleguista. En Montevideo, el 3 de setiembre de 1950 salió al aire por vez primera el progama “Sempre en Galiza”, emitido íntegramente en gallego.

El paso del tiempo va siendo testigo del nacimiento de asociaciones, “irmandades”, sociedades y centros que reúnen los emigrantes gallegos como colectividad con carácter propio. El objetivo básico de estas agrupaciones es la protección de sus asociados frente a las grandes dificultades que se les presentaban en un medio ajeno. Sería interminable la lista de Centros y Casas de Galicia hoy activas a lo largo de la geografía.

El portal Galicia Aberta creado por la Secretaría Xeral de Emigración de la Xunta, nos puede dar una buena idea de ello.

Y como final de post: música de Fuxan os Ventos. Su canción, “iste vaise e aquel vaise” que ha dado título a esta entrada refleja una vez más la dureza y el desarraigo que genera tener que marchar lejos de la tierra que te vió nacer.