Auroras Boreales

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Foto: Lasse Holsthansen

En la Galicia de 1938 la gente no estaba para presenciar más casos extraordinarios. Pero el caso es que sí ocurrió algo excepcional. Fue en enero de aquel año, y no solo se presenció en Galicia, sino en el resto de toda Europa.

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El Diario de Pontevedra : periódico liberal: Año LII Número 71583 – 1938 enero 27

Una rojiza Aurora Boreal tiñó el cielo, para espanto de muchos que, sin haber visto nunca nada semejante, pensaron que el fin del mundo estaba a punto de comenzar.

Así se puede leer en esta columna extraída de El Diario de Pontevedra del día siguiente al fenómeno. Según el periódico, la mayor intensidad se produjo entre ocho y nueve de la noche y a las dos de la madrugada ya había desaparecido. En la zona de Galicia, Asturias y Cantabria, se observó una cortina inmensa suspendida del cielo que apareció en colores verde y rojo subido, casi púrpura.

Comentan también el espanto que sufrieron en algunas poblaciones de la provincia de Sevilla, donde la gente, creyendo que el fin del mundo había llegado, se lanzaron al campo o a las iglesias a rogar.

Teniendo en cuenta la cantidad de gente que viaja a los países nórdicos para presenciar tan bonito espectáculo natural, parece un desperdicio que en aquella época desaprovecharan tal oportunidad de verlo desde su propia casa. Pero era otra época, no nos engañemos, y la ignorancia unida a creencias irracionales propiciaron este tipo de reacciones. Más suerte tuvieron los vecinos de Lalín de contar con un párroco estudiado, que les explicó lo que sucedía sin que a nadie le diera un sofoco de más.

En este artículo de La Voz de Galicia se habla sobre este caso y el que se produjo en 1989, con una nueva Aurora Boreal, esta vez en exclusiva para Galicia.

También se habla sobre la Aurora frustrada de 2015. Supongo que más de uno se llevaría una decepción.

Y es que hoy en día se ha perdido el romanticismo. Si lo piensas, la naturaleza poco nos puede sorprender. Si va a suceder algo, enseguida hay meteorólogos, geólogos, sismologos, o cualquier “loquesealogo” que vaticine el acontecimiento. Y después, una vez ha sucedido, los encargados de ello ya se dedican a explicarte científicamente lo que ha pasado. Francamente, así perderemos la capacidad de asombrarnos.

No es el caso de lo que aconteció en Fátima en 1917 con el denominado “milagro del Sol”. La cuestión es que aquel día sí que existía también un vaticinador (los pastores), lo que hizo que se agolparan unas 70.000 personas esperando ver lo que sucedía. Es de esperar que tras ver danzar el sol de forma milagrosa, y teniendo en cuenta el estado de fe en el que se encontraban aquellas personas, la explicación de los hechos fueran del todo menos científica y racional. Hoy en día, una de las teorías que explicarían lo sucedido se respaldan en la gran actividad solar que hubo por aquellas fechas, al igual que sucede cuando se producen Auroras Boreales.

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Devotos contemplando el milagro del Sol. Fátima (Portugal). Octubre de 1917

En MEMOGA también surgió el tema de la Aurora Boreal de 1938. El recuerdo surgió de la forma más mágica posible, la asociación: estas rememorando algo y sin saber cómo lo relacionas con otro recuerdo que no tiene nada que ver pero que, como es el caso, tiene un importante valor histórico. Aquel día estábamos hablando en el Centro de Lugo sobre los Inventos del s. XX y cuando hablábamos de la luz y la electricidad, Antonio, nacido en Lugo en 1933, nos regaló esto:

“Hablando de la corriente, aquí en Lugo, se surtía de una central que hay frente a la playa, entonces había un problema, cuando había una crecida pues no había corriente, no había luz, y cuando había una sequía pues también daban pocas horas de luz porque no había agua suficiente para generar. Eso también pasaba. Y ardió, una vez ardió y también, hace muchísimos años, tendría yo 10 años o 12. Y fuera en un caso, hubiera una Aurora Boreal que fue la única que se acuerda por aquí en Lugo, decían que era la sangre de los muertos de la guerra. Y toda la gente en la calle, toda la gente asustada porque aquí ni Rita conocía lo que era una Aurora Boreal. Pero por ahí, a los 8 días, ardió la fábrica de la luz y entonces estaba el cielo todo rojo y volvíamos a decir que era la sangre de los muertos de la guerra. Eso es lo que decían los mayores.”