La Navidad de entonces

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“Aguinaldo en Asturias”. Grabado de J. Cuevas (1884-1930).

Una de las tradiciones más arraigadas en nuestra cultura y que pasa menos desapercibida por nuestro vivir cotidiano son sin duda las Navidades. Esta celebración que se extiende desde la llegada del invierno hasta la recepción de un nuevo año (con visita incluida de tres foráneos engalanados con túnicas) trastoca de forma irremediable nuestra rutina. Hay quien la rechaza sin tapujos, quien la celebra de forma ñoña, quien la recibe de mal humor mientras dura o quien se tira sin remordimientos (o con ellos) en la telaraña que la sociedad de consumo le tiende maliciosamente. A veces cada uno de nosotros elegimos una forma u otra de transitar por estas fechas, pues si algo nos deja claro esta vida es que cuanto más nos empeñamos en teñir de blanco o de negro, lo que finalmente predomina es el gris. En cualquier caso, se acercan baches, y toca poner un poco de atención para sortearlos (sin dejar de disfrutar de la mejor forma que queramos).

Cuando llegas a una edad avanzada, además de hacerte mayor, eres un testigo presencial de los cambios que se han producido en tu cultura. De hecho, una cultura que no haya cambiado en 80 años se podría decir que está enferma o prácticamente muerta. Pero no siempre los cambios son bien vistos. En realidad, el ser humano, por norma general, se aferra a la rutina, intenta conservar su zona de confort y no adentrarse en zona desconocida. Se empeña en mantenerse rodeado de todo aquello que le de seguridad y coherencia de pensamiento. En este empeño conservador tiene mucho que ver nuestro cerebro, una máquina maravillosa pero llena de imperfecciones que tiene entre sus máximas ahorrar toda la energía posible para mantener su autonomía.

Resumiendo, cuando nos hacemos mayores predomina (no digo que sea así en todo los individuos) aquel pensamiento de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. En esto la memoria juega también malas pasadas (otra vez el cerebro imperfecto) al recordar el pasado no como sucedió sino obviando principalmente los eventos negativos y conservando los positivos.  Además, es lógico que recordemos nuestra etapa de juventud y adolescencia como una etapa excitante y llena de emociones agradables, pues en la mayoría de los casos esta etapa fue precisamente eso.

Si a todo esto le añadimos que, con la llegada del Estado del bienestar, ciertos valores se quedaron por el camino para ver aflorar otros, no es de extrañar que haya una opinión predominante entre los mayores considerando que la Navidad no es lo que era y que el cambio no les ha traído más cosa que tristeza. Esta conversación del Centro de Viveiro trata sobre esto:

 

“Agora non hai nada. Todos salen co seu coche… É moi triste. Agora vivese mellor, todo o mundo vive ben pero non hai aquel espiritu da Navidad. Nin amor, nin ese compañerismo, nin ese aprecio, esa cousa que había. Antes ibamos a misa e xuntabámonos ao mellor sete ou oito no camin. E mira, ibamos falando. As chicas jovenes iban falando coa xente maior. E hoxe non. A xente nova vai sola e os maiores detrás. Levaban unha conversación co maior como se fosemos todos iguales. E agora non.”

Cuando preguntas a un mayor cómo eran antes sus Navidades, una de las cosas que predomina y que, según ellos ha ido perdiéndose, es el uso de la música durante todo el tiempo que duraban las fiestas. Primero en Nochebuena y Navidad, con villancicos y “panxoliñas” (de estas se sabe que en el s.XV ya se cantaban), y después se continuaba con cantos de Aninovo, los cantos a los Manueles y los cantos a los Reises.

Así pues la música, a falta de otros entretenimientos más tecnológicos, era la protagonista y venía a quedarse durante toda la celebración. Estas canciones se cantaban en las reuniones familiares improvisando con cualquier objeto como instrumento, pero también se iba por las casas, sobretodo mozos y mozas, pidiendo el aguinaldo: una recompensa por la actuación que podía recibirse en forma de alimentos o dinero. Cuando acababan de tocar, se hacía la repartición de lo ganado o se hacía una fiesta sólo para los más jóvenes. En la imagen de esta entrada, que forma parte de la fabulosa colección de grabados del dibujante asturiano José Cuevas, se recrea el momento en el que los niños reciben unos chorizos tras haber cantado el aguinaldo. Dicen que si la persona no colaboraba, existían composiciones que les criticaban con la intención de que todo el vecindario lo supiera:

“Cantámosche os  Reises

guedellas de cabra

Cantámosche os Reises

Non nos deches nada.

Esta casa é de palla,

esta casa non val nada…”

Enciclopedia La Voz de Galicia. Do Entroido ao Nadal.

El bache de la Navidad al que apelaba al principio, también se caracteriza por un exceso gastronómico. En estas fechas comemos y no paramos de comer. En la actualidad, es típico ganar algún kilo de más de forma que a partir de enero uno de los propósitos más frecuentes es apuntarse al gimnasio. ¿Pero antes se comía así? ¿Y se comía lo mismo? Pues cuando preguntas te das cuenta de que las cosas no son siempre como esperabas. Por ejemplo, el marisco no comenzó a llenar las mesas navideñas hasta entrados los años cincuenta. Algún alumno de MEMOGA me comentó que antes de esa fecha, un manjar tan preciado como es el percebe, se utilizaba para abonar los huertos. Tampoco se solía comer carne en Nochebuena y el plato más extendido solía ser era el bacalao con repollo o coliflor.

Según Xosé Ramón Mariño Ferro, en su libro “Antropoloxía de Galicia” estos eran algunos de los platos de aquella época:

Os pratos típicos da cea de Noiteboa non conteñen carne porque antano nas vésperas das festas gardaban abstinencia. En terras de Miranda o menu inclúe coliflor con bacallao, torradas de pan molladas en leite, fritas en manteiga e adozadas con azucre, e compota de pera con viño tinto. En Velle cean repolo con bacallao; en Verín, polbo, bacallao con grelos ou verzas e sopa de améndoas, a base de améndoas moídas fervidas en leite augado ó que lle agregan cachiños de pan frito en mantenga de vaca.

Os doces máis comúns son as papas de arroz, as sopas borrachas, as torradas, as compotas, os froitos secos, as castañas cocidas ou asadas.

O de Noiteboa é un banquete familiar. Celebrando a constitución da Sagrada Família, reúnense e comen xuntos os pais, os fillos e fillas solteiros que viven fora e as fillas casadas acompañadas do marido e dos nenos. Tamén se teñen em conta os ausentes, e deixanselles um sitio na mesa co seu correspondente prato.

En Castro Caldelas e outros lugares non recollen a mesa ata o día seguinte por se as animas veñen comer. Ás veces póñenlle-la comida na lareira para que non pasen frío.”

En el siguiente corte podéis escuchar lo que opinan los alumnos del Centro de Pontevedra sobre la Navidad, qué hacían y qué comían en esas fiestas cuando eran jóvenes.

 

Carmen (Meis, 1933) : “Íbamos a cantar por las puertas y luego pues te daban algo. Te daban Mucha nuez porque como se cogían en el campo, no la compraban tu te comías las nueces y te daban higos, higos pasos. En todas te daban algo pero también te daban un dinerillo y nosotros después, como íbamos con la pandilla pues íbamos a la repartición.”

Vidalina (Sanxenxo, 1940): “Lo que me gustaba a mí mucho en aquel tiempo es lo que hacíamos en nuestra parroquia en la Iglesia. Hacíamos un nacimiento. Uno se vestía de San José. Había unos profesores allí, los señores de Mendez y eran los que lo organizaban. Hacían como cuando nació Jesús, hacían los villancicos y luego iba todo el mundo allí. También recuerdo en mi casa, era una casa muy pobre, mi madre había quedado viuda con cinco hijos, no hay nada que decir en aquellos tiempos difíciles pero recuerdo un entrañamiento, un amor y una cosa que ahora no la veo, no existe. En la pobreza teníamos una pobreza pero bueno, lo dijimos aquí un día, el bollo en la lareda y unas manzanitas asadas, y unos pescaditos guisados que hacía mi madre muy bien con unas patatitas y era una cena de maravilla. Pero no se, aquello sabía a gloria.”

José (Vilasantar, 1948): “Yo hablar de marisco ni oí hablar hasta que tuve 20 años. En mi casa, una casa de aldea, de interior, de familia numerosa, eramos ocho hermanos de los que seis estábamos en casa más los dos padres. La cena de nochebuena era coliflor con bacalao y luego algo de turrón. Normalmente nos gustaba el duro que yo no sé que coño debía ser porque había que partirlo con martillo. El turrón duro es lo único que había. Por Reyes se formaban por allí por la parroquia unos grupos de gaitas y gente que le daba muy bien a cantar. Entonces iban a cantar por las casas y al mismo tiempo pedían un poco de aguinaldo. Y tengo el recuerdo de una vez en mi casa que estábamos de matanza y mi padre estaba con una camisa casi negra y como él no quería soltarles nada les dijo: ¡Non, aquí non cantedes que estamos de loito!”

Ahora que se acercan estas fechas y la gente se reúne con la familia no dejéis pasar la oportunidad de preguntar a vuestros mayores por todo esto. Os podrán decir cosas muy interesantes, como estas que nos cuenta Concha de Luneda y que confirman lo que hemos leído y escuchado en este post. Las imágenes están extraídas del programa “Alalá” de la TVG que se emitió en diciembre del año 2006.

¡Feliz Navidad a tod@s!

Premoniciones de muerte

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Virxilio Vieitez. (c.a) 1960.

Si hay algo que está en peligro de extinción en nuestra cultura gallega es esa forma tan especial que teníamos de enfrentarnos a la muerte. La despoblación de las zonas rurales y por tanto de un estilo de vida comunitario ha contribuido sin duda a esta pérdida. También lo ha hecho un cambio de mentalidad en la sociedad, motivado por los avances en la medicina y por la pérdida de creencias de carácter religioso. Hemos conseguido con el tiempo silenciar a la muerte, alejarla de nuestro lado, ignorarla. Y cuando llega, porque siempre llega, nos resistimos a mirarla a los ojos y le desviamos la mirada, aterrados por lo que sentimos, pues en ningún momento nos hemos preparado para recibirla.

En la Galicia Rural del siglo pasado es donde encontraremos los últimos vestigios de este peculiar mecanismo de defensa elaborado por una sociedad y cuyos principales beneficiarios eran sus propios integrantes. Aún existe quien puede recordar como era aquella forma de vivir y aquella forma de morir.

De hecho, se podría decir que en aquella Galicia, la vida y la muerte coexistían. Los vivos y los muertos danzaban en un mismo escenario, en la vida cotidiana. Podías estar caminando tranquilamente en dirección a la feria y ser sorprendido en una encrucijada por la visita de alguien del otro mundo o recibir una señal que te anunciara un tránsito inevitable.

De señales vamos a hablar en esta entrada. Para ello, como viene siendo habitual, contaremos con las conversaciones de los alumnos de MEMOGA, y también con la transcripción de testimonios que relataron su experiencia al antropólogo Marcial Gondar Portasany. Esos testimonios están recogidos en su libro “Romeiros do Alén”.

Las premoniciones o señales son interpretaciones de una información que nos llega por los sentidos y que nos anuncia un hecho futuro. Existen tantos tipos de premoniciones como cerebros estén dispuestos a interpretarlas, pero a la hora de preguntar a los mayores por ellas, siempre hay algunas que se repiten y que han ido transmitiéndose en la sociedad hasta formar parte de un conocimiento colectivo. Entre estas encontramos, por ejemplo, el olor a cera, un tañer de campanas determinado, un pájaro negro sobrevolando, una gallina que cante como un gallo, un perro aullando… Aparentemente son hechos cotidianos, situaciones a las que no deberíamos dar la mayor importancia pero, sin embargo, se convierten en señales.

De esto hablé con los alumnos del Centro de Ourense.  En el siguiente corte de audio, podréis conocer que rezando a San Pascual Baylón todos los días este te avisará antes de morir dando tres golpecitos, que los cuervos y las urracas suelen traer malos augurios, que puedes sentir un malestar inexplicable en medio de la noche cuando un familiar cercano está en tránsito a muchos kilómetros de distancia, que las gallinas, si cantan como gallos, están anunciando una muerte, que las campanas según toquen pueden también estar dando una señal, de la misma manera que ruidos inexplicables:

 

A continuación veremos más ejemplos de señales extraídos del libro de Marcial Gondar. En el siguiente testimonio, se habla de los cuervos, negros pájaros carroñeros que siempre se relacionaron con la visita de la muerte. Cuando uno de estos aparecía, se solía decir que el pájaro pedía plato:

“Unha vez estábamos na praia collendo argazo eu mais miña irmán Dionisia-esto foiche verdá como estamos aquí-, e nesto veu por alí o señor José de Coros, que viña a ver como lle estaba o barco. E díxonos:

-Buenas tardes, fruta de mi tiempo.

E nosoutras éramos pícaras e el home vello. E no palo dun dos barcos que estaban alí había un corvo que berraba. E dixo o tío José:

-¿Non sabedes que pide aquel corvo?

-Eu non sei, tío José, ¿que hei saber?

-Pide plato, pero eu non llo dou.

-¿Que pide que?

-Cando os corvos fan así, piden plato; logo morre alguén. Pero vaino comer o demo, que eu non llo dou; pódello dar calquera. Xa veredes que logo morre alguén.

E pró outro día, ás doce, víñamos nosoutras da veiga, as que estábamos alí, ás que nos contou o conto, e oímos chorar. Cando chgamos á casa, dixémoslle á mamá:

-Mamá, no Sixto choran.

-¿Choran?

-Choran.

-Pois ide a ver quen é o que chora.

Dionisia non quixo ir, e fun eu. E estaban: ¡Ai, José! ¡Ai, mi madre! ¡Ai, mi padre! ¡Ai, José! Eu fun chegando, fun chegando, e era na casa de Coros. O que nos dicía que o corvo pedía plato estaba difunto. Ergueuse pra ir ó mar, e ó chegar hasta riba da fonte de Sixto volveuse e foise prá cama e non se levantou dela. E á muller mandouna ir traballar a Barcofeito, e mais á filla, e cando viñeron atopárano morto na cama. Ves, o corvo pedía plato, e el dicía que non llo daba, e foi el quen llo deu (Cambados)”

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Además de visual, la señal también puede ser auditiva. En el siguiente caso, un extraño ruido es el anunciador de la muerte, a pesar de producirse esta a miles de kilómetros:

“Unha muller que tiña o home traballando en Venezuela, nunhas minas de petróleo, estaba un día na casa e oeu un ruído moi forte, como si explotara algo; saleu á ventana a mirar e non veu nada. Entonces preguntoulle á súa filla se non oíra un ruído moi forte, e ela díxolle que non. Ó cabo dunhas horas, chegoulle un telegrama dándolle o pésame pola morte do seu home nunha explosión do petróleo. (Viveiro)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

La siguiente premonición es similar a la que relataba la alumna de Ourense, cuando no podía dormirse por la noche y descubrió al día siguiente que su madre había muerto esa misma madrugada. Se trata de un malestar físico que se explica por tener una conexión muy íntima con el finado:

“Sempre me acordarei do caso que me pasou cando morreu o meu pai. Eu estaba nos Ánxeles, na América. Facía pouco que chegara. E a noite que morreu el, máis ou menos á mesma hora-serían as tres da mañán-, despertei sobresaltado e pensando nel. Non sei polo que foi, pasoume así sin máis; e despois volvinme a quedar dormido. Ó día seguinte recibín o cable comunicándome que morrera: o que máis me estrañou foi que coincidisen as horas. Non sei por que pasou, o caso é que foi tal como cho contei. (Neda)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Algunas señales son tan extrañas que son difíciles de interpretar. Sólo cobran sentido cuando la muerte ya ha hecho acto de presencia:

“Marchaba eu pró río, cando vin na leira, detrás da casa, catro luces grandes e unha máis pequena por enriba delas. Eu collín medo, e non fun ó río. Corrín a chamar a miña nai, e baixámo-las dúas; mais, xa pra entonces, inda que as catro luces seguían brillando, a pequena desaparecera. Á mañán seguinte fun ó medico ca miña filla; ó volver, tíñamos na casa a noticia da morte dunha irmán miña no Grove, e marchamos miña nai e mais eu pra alá. De corpo presente, catro velas esquinaban a caixa e unha lucita pequena estaba por riba tal como eu vira a noite pasada. Pouco despois, esta lucita fundiuse. E foi cando me din conta de que pasara o mismo a noite pasada. (Ribeira)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Estas otras luces, igual de misteriosas, no reproducen una escena de velatorio, sino que desempeñan otra función:

“Un irmán meu, por mandato de miña nai, subeu ó sobrado pa fecha-las ventanas; pois estaban a face-la cocedura, e as corrientes de aire non son boas. Meu irmán tardou en baixar do sobrado. E, á volta, contounos:

-Miña nai, vin como unha luz pequena levantábase do atrio da iglesia e marchou hacia o campo de Agra, pousándose enriba da casa de Saturno durante un bo pedazo, logo levantouse e foi ó cementerio novo.

Ás doce da mañán do día seguinte, sóubose que morreran afogados tres membros da casa onde se pousara a luz. Os mortos eran: Saturno, dono da dorna, o seu fillo Manuel e o seu xenro Xoán. (Corrubedo)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

En este otro testimonio, se hace un repaso de la diversidad de señales. Muchas ya han salido pero hay otras nuevas que, francamente, hielan la sangre.

“… se berra a curuxa, trae mortes; se se ve pasar a paxariña, hai mortes. Cando cae un fachuzo nunha casa, morre alguén. Din que cando morre o cabo da casa hai sete anos de perda, ben sexa antes, ben sexa despois, nos animales ou noutra cousa; normalmente é antes. Sin ir máis lonxe, o caso de Antón de Xastre: polo San Clodio, mataron o porco; e perdéuselles todo. E inda hubo que dixo:

-É sabido, cando vai pasar un caso así nunha casa, sempre hai perdas.

Pero hai máis. Cando ouvean os cas, traen morte. Tamén soñar con culebras é señal de morte, sobre todo si no soño se poden matar. Antes de que veñan comunica-la morte a alguién, síntense petos na porta. Cando canta unha pita como un galo, ou cando canta un galo á medianoite, si non se mata axiña é que vai haber morte. Cando tocan as campanas doloridas, é que vai haber morte. Cando tocan as campanas doloridas, é que vai haber morte. Cando morre un ánxel na parroquia e leva os ollos abertos, pasa tres veces a cruz pola parroquia. Haberá cousa de tres meses, morreu a nena de Alicia, e levaba os ollos abertos; naquela semana houbo tres enterros: Antón de Xastre, Consuelo de Couto e Manuel do Correo; e dous deles morreron de repente.” (Laxe)

“Romeiros do Alén”. Marcial Gondar Portasany

Virxilio Vieitez

Visto lo visto, en la Galicia de aquel entonces no se podía decir que la muerte llegara de improviso. Para finalizar con un toque de humor (siempre necesario) os dejo con el siguiente relato extraído de la Gran Biblioteca temática de Galicia:

Un rapaz encontrouse coa morte unha vez, e fixéronse moi amigos. Entonces o rapaz díxolle á morte que, xa que eran amigos, que lle iba a pedir un favor: que se podría avisar antes de ir por el, que así podía divertirse mellor. A morte prometeulle ao rapaz que así o faría. Despedíronse, e pasaron moitos anos sin que o rapaz recibira ningún aviso da morte. Pero un día presentouse a morte diante do rapaz, que agora xa ía indo vello, e díxolle que viña por el. O home, todo asustado, díxolle que iso non era o convenido, que quedara de avisalo con tempo, e que estas non eran palabras. A morte contestoulle:

-¿Blanqueouche o pelo?

-Blanqueou-contestou o home.

-¿Caéronche os dentes?

-Caeron.

-¿Cansáronseche as pernas?

-Cansaron.

-¿Perdiches as forzas?

-Perdín.

-E logo, ¿qué máis avisos querías?

Escolma da literatura popular galega

La construcción del aeropuerto de Lavacolla

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Cuando llegas a Compostela a pie por el Camino de Santiago, llama la atención el gran rodeo que realiza la senda cuando estás llegando a Lavacolla. Es un giro artificial y absurdo que te desvía de dirección siempre centrada hacia el oeste y que no responde a ninguna barrera natural, sino a una valla que se prolonga metros y metros. Mientras vas rumiando qué se esconde detrás de aquel cercado es posible que caigas en la cuenta de golpe, sorprendido por un avión al despegar. El aeropuerto de Lavacolla es un pegote en el Camino. De hecho, se construyó sobre la senda original, mancillando una ruta milenaria y obligando al peregrino moderno a añadir algún kilómetro más a su etapa. El hecho de que se permitiera realizar tal atentado contra un patrimonio de la humanidad como es el Camino, hace pensar que esa decisión se tomó hace mucho tiempo, cuando no se valoraba en absoluto la senda milenaria. En aquella época tampoco se valoraban ciertos derechos humanos, como he podido comprobar. Aunque tampoco vamos a entrar a juzgar aquella época viendo como nos va en la actualidad.

Esta entrada nace, al igual que las anteriores, tras escuchar las audiciones de los talleres de MEMOGA. El procedimiento es siempre el mismo: selecciono una conversación y lo que se habla en ella es lo que me motiva a ponerme en situación, investigar y escribir sobre ello. Así que os pido que escuchéis la siguiente. Os sitúo: Estamos en el Centro de Mayores de Santiago de Compostela y MªDominga (Santiago, 1927) nos explica una anécdota relacionada con el criado de su casa. En la misma conversación, Dolores (Portodosón, 1921) añade también información.

 

El hecho de que MªDominga naciera en el año 1927 y que esté relatando un recuerdo de infancia nos hace suponer que las obras del aeropuerto de Lavacolla en las que intervino su criado, se realizaron en los años 30. Si investigamos la historia de esta construcción comprobamos que efectivamente se inició en aquellos años. Primero fue un aeródromo promovido por un grupo de aficionados a la aeronáutica (el Aeroclub Compostela) que en el año 1934 buscaron un lugar idóneo para volar sus planeadores primitivos. Según Juan Cuevas, presidente del Real Aero Club de Santiago de Compostela, en una entrevista que le hizo Ramón J. Castro de Onda Cero Radio, “se escogió Lavacolla por las circunstancias climatológicas, los vientos reinantes en la zona y por el cerro que constituye en sí mismo Lavacolla. Se habían barajado muchos lugares, entre ellos una zona de A Sionlla”. Las obras para las tres pistas de aterrizaje iniciales se terminaron en 1935, de forma que el día 28 de Julio de aquel año se pudo hacer la inauguración:

El Eco de Santiago diario independiente Año XXXIX Número 16284 1935 julio 29

Fuente: El Eco de Santiago diario independiente. 29 de Julio de 1935.

En este otro recorte de prensa nos podemos hacer una mejor idea del gran esfuerzo que en la época se tuvo que realizar para semejante hazaña:

El Pueblo gallego rotativo de la mañana Año XII Número 3528 1935 julio 28

Fuente: El Pueblo gallego rotativo de la mañana. 28 de Julio de 1935.

La llegada de la guerra civil no interrumpió el progreso de esta infraestructura, más bien al contrario, ya que fue utilizada como punto estratégico para el conflicto bélico. Por tanto se siguieron haciendo obras en la zona. Los periódicos de la época relatan también la aportación de donativos económicos, además de la “gran generosidad” de los “picheleiros” o santiagueses:

“Con gran entusiasmo y amor patrio, continúan los campesinos de las cercanías de Compostela prestando su colaboración personal acudiendo a trabajar en las importantes obras que se están realizando en el Aeropuerto Compostela, merced a la incansable labor de los buenos santiagueses que con su óbolo contribuyen a ello, y al entusiasmo que el bizarro comandante de Artillería del Grupo 16 Ligero de esta ciudad D. José Bermúdez de Castro pone para dotar a Compostela y a Galicia de un magnífico aeropuerto” El Eco de Santiago: diario independiente. 20 de noviembre de 1936.

Esta información casa con lo que nos decía MªDominga en la audición de más arriba. Sin embargo, parece difícil creer que las personas que acudían a trabajar lo hicieran de forma tan voluntaria, y más teniendo en cuenta la situación socio-política que se estaba viviendo en aquel 1936. En el mismo diario, el 28 de diciembre de 1936 se escribe: “Santiagueses: Si por vuestra indiferencia alguien pudiera usurparos el Aeropuerto Central de Galicia, las generaciones venideras os maldecirán”. Broma o no (se publicó un 28 de diciembre), parece que alguien no estaba tan satisfecho con la colaboración de la ciudadanía.

Según el relato de MªDominga, su criado iba obligado a trabajar dos veces por semana con el carro de bueyes y no recibía ningún tipo de remuneración (a no ser que consideremos los huevos cocidos como remuneración). Cuando he consultado los periódicos para contrastar esto, descubrí lo que se denominó la “prestación personal” y que consistió precisamente en la obligación a tener que acudir a trabajar a las obras del aeropuerto. Esta prestación era personal e intransferible no pudiendo sustituirte ningún familiar. Si no podías o no querías acudir, siempre podías librarte entregando una aportación-bula de 5 pesetas. Una cantidad que no todo el mundo podía permitirse. En el siguiente artículo se nombra esta prestación personal a la que hago referencia, aunque tal y como está escrito el artículo, no parece que fuera algo de carácter obligatorio.

El Eco de Santiago diario independiente Año XLI Número 16813 1937 agosto 7

Fuente: El Eco de Santiago diario independiente. 7 de agosto de 1937

En este artículo, además de comentar que existió la “generosa” aportación de las personas que contribuyeron con su prestación personal también se habla de centenares de obreros que ganaban su sustento. Este dato también se tendría que matizar si le echamos un vistazo al libro ‘Diario del soldado republicano Casimiro Jabonero’ de Victor Santidrián Arias, donde se pone de manifiesto la existencia de un campo de concentración en Lavacolla en el que prisioneros republicanos tuvieron que realizar trabajos forzosos en la construcción del aeropuerto.

Además de los prisioneros republicanos, creo que más de un santiagués tuvo que acabar cansado de tanto aeropuerto y de tanta prestación personal. En los periódicos de la época se publicaba con bastante frecuencia el anuncio y advertencia de que guardias municipales pasarían a cobrar las “dichosas” cinco pesetas, como podéis comprobar en este otro recorte:

El Eco de Santiago diario independiente Año XLII Número 17422 1938 junio 24

Fuente: El Eco de Santiago diario independiente. 24 de Junio de 1938.

Las obras continuaron durante los años 40 para poder recibir mayor tráfico y establecer lineas regulares nacionales e internacionales. Los textos explican que inicialmente, para recibir a los pasajeros, se contaba con un barracón de madera que sirviera de refugio ante las inclemencias del tiempo:

Helipuerto-de-Compostela.

Primer barracón de pasajeros del Aeropuerto. Años 40 Fuente: http://www.santiagoaeropuerto.com

Y poco a poco hasta nuestros días, con nueva terminal inaugurada en 2011 y una antigua que, sin uso y decadente, nos recuerda también a las nuevas generaciones que el paso del tiempo es inexorable y que lo que vimos en nuestra juventud se convierte con los años en historia.

Pasar más hambre que un maestro de escuela

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

Mirad esta foto. Fijaos en sus protagonistas, niños y niñas que miran a la cámara. ¿Qué pensarían en ese momento? ¿Se imaginaban tal vez que 100 años después completos desconocidos podríamos estar mirándoles a los ojos? Hay algo mágico en todo esto. ¿No creéis?

No os perdáis ninguna de sus expresiones. Cada mirada, cada cabeza alberga un mundo, una forma personal de entender y percibir la realidad que les tocó vivir. Vidas que estaban comenzando, que confluyeron en aquel aula durante el tiempo que duraron sus estudios. Vidas que siguieron su propio camino a lo largo de los años. Unas se truncaron prematuramente, otras fueron exitosas y placenteras, otras solo conocieron el sufrimiento, otras fueron tan dilatadas que prácticamente abrazaron el s.XXI. Hoy nadie de ellos existe. Lo podemos decir con total seguridad. ¿Sí?, ¿seguro?¿No podría ser que hablar de ellos, tenerlos presentes, mirarles a los ojos e imaginar sus vidas haga, en parte, que sigan vivos? Vivos de alguna forma, a pesar de todo.

Lo que sí es cierto es que durante toda su vida terrenal, estas personas tuvieron algo en común, algo con lo que viajaron y que se mantuvo presente en sus cerebros prácticamente hasta su final: el nombre de su profesor. Ese referente que les instruyó y que les enseñó aquellos conocimientos básicos para labrarse un futuro. Es posible que el nombre que estuviera grabado en los cerebros de los protagonistas de esta imagen fuera el de Pedro Brey Guerra (1889-1967), un maestro aficionado a la fotografía que retrató, a lo largo de su vida, las personas que formaron su entorno más próximo en su Estrada natal. En el siguiente enlace podéis conocer su biografía además de contemplar fotos como la de arriba.

Tal como dice el título de esta entrada, ser maestro en aquellos años significaba estar dispuesto a pasar ciertas penurias ya que el sueldo no era lo más atractivo de la profesión. Si además hablamos de una escuela rural, el profesor tenía que exponerse a ciertos contratiempos como podían ser: no contar con la infraestructura más adecuada, tener que atender a un número muy elevado de alumnos con niveles y edades diversas, sufrir absentismo en aquellos meses en que las labores del campo eran más activas… Precisamente, podemos hacernos una idea de esto al leer el siguiente párrafo que pertenece al informe que elaboraron los inspectores que visitaron la escuela rural de Arnois cuando estaba ejerciendo de maestro Pedro Brey allá por el año 1921:

“O ensino encontrase en estado satisfactorio, aínda que dificulte moito o labor do mestre o excesivo número de alumnos e as pésimas condicións do local… Inservible para o obxecto, mal iluminado e con mala ventilación, sen patios de recreo, nin lavabos, nin retretes, cunha soa dependencia de 8,5 por 3,5 por 2,15 metros. Cun presuposto total de 2.750 pesetas ao ano, incluído o soldo do mestre. Cun número total de 130 alumnos matriculados, sistema mixto, de idades entre 8 a 12 anos; que teñen que percorrer camiñando, desde a súa casa á escola, até 4 km de distancia, e que asisten irregularmente a clase porque axudan nos labores do campo. E 28 alumnos de entre 14 e 31 anos, labradores de profesión predominante. Escola situada nun val, na estrada de Ourense a Santiago. Zona de industria e comercio moi escaso, e bastante emigración”

La siguiente foto podría representar con total acierto la escena que acabáis de leer:

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

En MEMOGA hablamos largo y tendido sobre la escuela. Lo vivido en esos años es algo que permanece guardado en la memoria y que se recuerda con agrado. Es curioso (podéis hacer la prueba con vosotros mismos) la potencia del recuerdo para nombres de profesores y compañeros de escuela. De la misma forma que comentaba que los niños de la fotografía podían tener grabado a fuego el nombre de ese referente que fue su maestro, nosotros no somos tan diferentes de ellos, a pesar de la distancia temporal que nos separa.

En el siguiente corte de audio, Rosario del Centro de Betanzos (Coirós, 1931), recuerda con nombres y apellidos las que fueron sus profesoras y rememora con detalle su escuela.

 

La Guerra Civil truncó la educación de muchos alumnos en edad escolar. El conflicto bélico obligaba a muchos profesores a marcharse, a esconderse. Ya fueran monjas o curas, ya fueran profesores sin condición religiosa, pensar de una forma u otra era un peligro ante mentes obcecadas y llenas de odio. Quien mantuvo su posición, a pesar de todo, llevó hasta el final su labor educativa:

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“La última lección del maestro”. Alfonso Manuel Rodriguez Castelao.

Todos conocemos más o menos cómo era la enseñanza una vez se instauró el Régimen a partir de 1940. Como en toda dictadura, la educación se orientó para transmitir a las nuevas generaciones una forma de ser y de entender el mundo condicionado a los valores de la propia dictadura. Por ejemplo, se intentó erradicar el idioma gallego del aula aún sabiendo que muchos de los alumnos (sobretodo en el rural) se expresaban habitualmente en esta lengua. Para muchos de ellos esta obligación de expresarse en un idioma que no dominaban (el castellano) favoreció sin duda su fracaso escolar. Esto  es un hecho que me constataron muchos de los alumnos de MEMOGA pero que también pude comprobar cuando leí “Memorias dun neno labrego”.

Y a pesar de todo, las condiciones de las escuelas rurales bien entrada la segunda mitad del s.XX continuaban siendo casi tan precarias como la de Pedro Brey. En el siguiente corte, MªCarmen (Pontedeume, 1942), del Centro de Pontedeume que trabajó de profesora, nos explica su experiencia profesional en una escuela de Puente Nuevo (actual Pontenova) en la provincia de Lugo.

Los profesores, como se puede comprobar en este audio, no contaban tampoco en 1963 con un gran sueldo. Parece que el título de este post les ha ido acompañando a lo largo del s.XX cual losa pesada. Es de suponer que la profesión les aportaría otra retribución de carácter no económico que supliera la carencia. De lo contrario, haría mucho tiempo que la profesión de maestro se habría extinguido.

“A cada cerdo le llega su San Martín”

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Foto: Propiedad de Carmiña Tinoca. Autor: Xosé Vázquez Arias “O Rizo” Fuente: www.aquelacelanova.es Localización: Rúa de Abaixo (Celanova) c.a 1960

Tarde o temprano llega el momento. No es agradable para los habitantes de la casa porque quien más o quien menos le ha cogido cariño a ese animal que te mira y parece que piense. Desde que lo adquirimos en la feria, hemos estado durante casi un año alimentándolo bien para que se cebara, le hemos dado paseos por la “eira” y le hemos tratado a cuerpo de rey. Hasta le hemos puesto nombre y lo hemos protegido de la envidia y el mal de ojo poniendo un amuleto en su corte. Pero todo 11 de noviembre llega. Ya comienza a hacer frío y en casa, la familia, necesita un aporte extra de proteína en la alimentación para hacer frente al invierno que se acerca y que no sólo se puede pasar con un caldo de verduras o unas castañas con leche. La despensa ya no tiene chorizos, el lacón se acabó hace tiempo y del jamón solo queda un hueso rancio que hará su última función sumergido en el último caldo que por no llevar ya no lleva ni unto.

Es por esto, porque el hambre aprieta, por lo que nuestro apreciado cochino pasará a mejor vida y nos dará, con su sacrificio, la vida que le quitamos. El día de matanza será una fiesta, invitaremos a familiares y haremos filloas de sangre, a ver si así evitamos que los más pequeños acaben con anemia, que están en tiempo de crecer y no siempre reciben la mejor alimentación.

Hablar de la matanza con los alumnos de MEMOGA es una experiencia donde siempre aprendes. Ellos vivieron esos años donde se mataba para comer y cualquier sacrificio del animal de la casa estaba justificado pues eran muchas las bocas que alimentar. Era necesario llenar la despensa sobretodo en una estación del año donde no era fácil encontrar alimento.

El audio de este Post dura bastante tiempo, lo reconozco. Es del Centro de Betanzos, en un día que vinieron pocos alumnos: en la conversación sólo participan Rosario (Coirós, 1931) y Felipe (Oza de los Ríos, 1937). Quizás gracias a ello la conversación se hizo más fluida y nítida. Es así como pude saber que si el matarife no era muy diestro en su faena el cerdo podía arrancar a correr con el cuchillo clavado, que los cerdos comían todo lo que pudieran y más con tal de llegar cebados a su sacrificio, que del cerdo todo se aprovecha, conocí la diferencia entre sebo y unto, o la manera de hacer que un jamón no se echara a perder por culpa de la dichosa mosca.

Este audio es muy largo pero no he visto por donde recortarlo, todo me parecía interesante, por eso lo cuelgo tal cual. De esta forma, os podéis hacer también una idea de como era la parte inicial de una sesión de MEMOGA, en la que conversábamos sobre el tema del día apoyados en material visual (fotos) y también material oral (textos sobre el tema que introducía dentro de las conversaciones para estimular el recuerdo de los participantes). Para haceros más amena la escucha os muestro parte de ese material gráfico que me servía de apoyo para reconducir la sesión. Disfrutadlo.

 

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El Magosto

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Foto: Recolectando castañas de los “ouriceiros”. San Antolín de Ibias, c.a 1930. Walter Ebeling.

En Galicia hay castaños centenarios que, si pudieran hablar, nos explicarían con todo detalle escenas como la que se puede apreciar en la imagen. Durante generaciones, los gallegos, y en general, todos los habitantes de la cornisa cantábrica, se dirigían al bosque por estas fechas con la intención de recolectar un alimento que formaría parte de su dieta básica durante todo el invierno. Los castaños que habitan los bosques han sido testigos de esta tradición que se repite cada otoño y que contaba con una importante organización, pues de llevarla a cabo con éxito o no dependía el poder pasar los rigores del invierno con el estómago más o menos lleno. En el siguiente corte de audio, José, del Centro de A Coruña y natural de As Nogáis (Lugo), nos relata como era esta escena anual, en la que los hombres se dedicaban a subir a los castaños y sacudirlos con varas para hacer caer los erizos que después, y con la ayuda de las mujeres, se recogían y depositaban en los “ouriceiros”.

 

José (As Nogáis, 1936): “Lle chamaban ouriceiros e eran una especie de fornos cerrados, o sea, unos círculos, como un depósito. Alí sacudíanse as castañas, se botaban en aqueles ouriceiros e alí curtían. Chovía por elas. Poñíaselles por encima unhas ramas para que pasara a auga e os ourizos ían pudrindo, sen estropear a castaña porque a cascara da castaña e moi dura e non lle afecta aunque esté húmida. Hasta que estaban curtidas. Para despois sacalas cando pasaba cerca de un mes, despois de chover en elas. Entonces se estendían. Ao redor do ouriceiro normalmente era un sitio raso. Non había parte leñosa. E alí se estendía e entonces dúas ou tres persoas os pisaban porque os ourizos estaban blandiños e ían quedando. Despois cunha especie de horquilla se ían arrastrando, se ían movendo, quitándolle os ourizos e quedaban case limpas.”

“Aquello era una juerga, empezaban a cantar en los árboles los hombres y las mujeres. Sobretodo eran los hombres los que subían a los árboles a sacudir. Yo no sé si era para disimular el miedo, pero se cantaba siempre. Las chicas iban para apañar los ourizos y los metían en los ouriceiros”.

Aparte de las castañas que se quedaban en los “ouriceiros” para curtirse y ser recogidas al cabo de un tiempo, había otras que marchaban para casa, metidas en cestos. En la siguiente imagen podemos apreciar esa escena. En este caso, la pareja se dirige a su casa con el cesto lleno a la cabeza, barruntando quizás sobre cual será la mejor manera de consumirlas, si asadas, cocidas, con leche, o simplemente crudas.

Foto: A Ermida, A Pastoriza, c.a 1930. Walter Ebeling.

 

Lo cierto es que, después de hablar con todos los alumnos de MEMOGA me quedó clara una cosa: antiguamente no se celebraba el Magosto un día en concreto como ocurre hoy en día. La época de castañas, gracias a las diferentes formas de conservarlas se podía prolongar durante todo el invierno, así que se consumían siempre que se podía. Podríamos decir que por Magosto se entendía toda aquella celebración donde hubieran castañas de por medio pero esta no tenía que ser precisamente el día 31 de octubre. Sobre este tema hablamos en el siguiente corte de audio, que fue registrado en el  Centro de Betanzos:

 

Rosario (Coirós, 1931): “En Espenuca vivían los Corrales y se recogía el maíz. Lo echaban en un arcón e íbamos los vecinos todos a ayudar a deshojar el maíz y al final ellos nos hacían un magosto.”

Felipe (Oza de los Ríos, 1936): “En mi parroquia las castañas se usaban como medios de sobrevivir, más que como fiesta. Es decir, se comían a diario cuando las habían. Cuando las había se aprovechaban todas, no se perdía una castaña. Ya podía estar el castaño donde fuera que no se perdía.”

Petronilo (León, 1930): “En la calle de Nuestra Señora, la que va al cementerio, había antes de llegar a la iglesia, en las tres casas anteriores había un campito adosado a las viviendas que tenía castaños. Ya las que cogíamos en el suelo ya no podíamos esperar a que cayeran ni tirarlas porque había muchas. Pero se comían todas y aún faltaban castañas.”

Como habéis podido escuchar en el audio, existen muchas formas diferentes de consumir las castañas. En el libro Antropoloxía de Galicia de Xosé Ramón Mariño Ferro podemos encontrar alguna idea más:

“Para cocelas, primeiro destónanas e logo bótanas nunha pota con auga e fiúncho ou nébeda. Nalgunhas casas cócenas nun pote especial, panzudo e máis ou menos grande, e alí, a carón do lume, quedan ata que se acaban; cando algúen ten fame, achégase ó pote e come. Escórrenas nun cesto, nun cribo ou nun escoadoiro destinado a ese fin. Ás cocidas coa casca chámanlles zonchos. En Mondoñedo adoitan enfialos en colares que logo van comendo.

Ás veces as castañas cocidas con nébeda quítanas do lume a medio cocer, tíranlle-la tona interna e acaban de cocelas en leite. O almorzo e a cea de moitos ancareses consiste, precisamente, en castañas con leite.

Un prato invernal moi apreciado, sobre todo en certas bisbarras luguesas, é o caldo de castañas frescas ou maias. Pélanas, férvenas en auga con sal el, así que sufriron unha fervura, tíranlle-la monda interior e pártenas á metade. Despois póñenas de novo a ferver nunha auga limpa, cunha cebola e un dente de allo, acompañados, ás veces, por un anaco de touciño, unha orella ou unhas pingas de vinagre. Hai variantes, como as de Pallares de Melide, onde cocen coas castañas un par de chanfainas e algo de touciño; logo, comen a carne coas castañas e na auga do caldo fan unhas sopas de pan.”  

Para terminar, me gustaría destacar una curiosa forma de mantener entretenidos a los niños en la jornada del día de todos los Santos, cuando todo el mundo acudía a los cementerios para visitar las tumbas y muchos podrían acabar aburriéndose. Esta costumbre la pude escuchar sobretodo en los alumnos que habían vivido en el norte de Galicia y consistía en lo siguiente:

Ana (Santander, 1928): “Yo lo que me acuerdo de pequeña en mi casa, cuando vivía en Coruña, es que mi madre hacía buñuelos y torrijas. Luego se cocían las castañas con piel y después se comían. Hacíamos collares y pulseras de castañas y los llevábamos puestos. Entonces íbamos a los cementerios comiendo castañas de una en una”

Rosario (Coirós, 1931): “En mi casa, el primero de noviembre cocíamos unas castañas con la piel y hacíamos collares. Los niños salíamos con esos collares de castaña y las íbamos comiendo.”

Marina (Villalba, 1934): “Hacíamos unos rosarios con castañas cocidas, nos los colgábamos y presumíamos.” 

Vamos a disfrutar del otoño. Llegó el frío, llegaron las castañas y es hora de comerlas. Ya sean asadas, cocidas, con leche, pilongas o con “ronco”. Buen provecho. ¡Y feliz Magosto a todos!

Apaga o candil

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Este fin de semana toca cambiar la hora otra vez. En este caso, se trata de retrasar el reloj, por lo que amanecerá y anochecerá una hora antes. Para muchos, esta práctica es algo con lo que hemos convivido durante toda la vida, pero lo cierto es que las personas que nacieron en la primera mitad del s.XX no se toparon con esta práctica hasta bien entrada su edad adulta. En España llevamos cambiando la hora sólo desde 1974, cuando la crisis del petroleo obligó a algunos países a tomar esta medida para ahorrar en electricidad e iluminación. Este año la polémica ha sido más intensa que en otras ocasiones porque a punto hemos estado de acabar con esta tradición. Por el momento todo seguirá igual pero es posible que en muy pocos años recuperemos el mismo horario que se tuvo durante gran parte del siglo pasado.

Foto: La llegada de la luz. Caamaño. c.a 1930

La electricidad fue uno de esos inventos que consiguió cambiar por completo la forma de vivir el día a día en una Galicia que llevaba siglos sumida entre sombras y tinieblas. Con la llegada de la luz, como comenté en este post, la Santa Compaña tenía los días contados. Pero la historia está hecha de periodos largos y tediosos. O al menos la historia de antes, que se movía a un ritmo lento y pausado. Así, la luz llegó despacio y de forma poco uniforme, primero en las grandes ciudades y más tarde a zonas más remotas y rurales. En algunas ocasiones, algunas aldeas contaban con luz antes que otras gracias a algún vecino que, con buenos conocimientos, utilizaba un molino como generador para asombro de muchos de sus convecinos.

La gran mayoría de los alumnos de MEMOGA recuerdan una infancia sin electricidad, en la que tenían que hacer uso de lámparas de carburo, candiles, faroles a gas, velas, quinqués… Estos sistemas de iluminación fueron conviviendo junto a la electricidad durante años. En el siguiente corte de audio, los alumnos de Monforte de Lemos explican cómo se iluminaban antes de que las bombillas comenzaran a ser frecuentes:


 

En los siguientes dibujos del etnógrafo Xaquín Lorenzo podéis ver diferentes sistemas de iluminación, entre los que se encuentran los que han comentado los alumnos.

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La electricidad y su propagación a través de las aldeas  generó un sinfín de anécdotas a lo largo de toda la geografía de la comunidad. En el siguiente relato podemos ver lo que le pasó alguien en su primera experiencia con la luz eléctrica:

Despois da guerra, empezou a chegar a electricidade á maioría das aldeas galegas. E así foi cómo o pobre Trujillo, cos seus vinte anos encima, que nunca antes saíra da súa aldea, ó ir durmir a unha pensión en Silleda, cando subía para o cuarto, o pousadeiro lle dixo que se lembrara de apagar a luz. Pois ben, o infeliz mozo, aquela noite, non pegou ollo, xa que a pasou soprándolle á bombilla, sen, por suposto, conseguir apagala. Esto é unha anécdota real. Coñecín o mozo, ó que tratei moitos anos.” Extraído de “Galicia no recordo”. Fernando Lorenzo Rey.

El hecho de que hubiese llegado la luz no implicaba que estuviera todo solucionado. Al contrario, había un largo camino que recorrer perfeccionando cada vez la calidad de la instalación:

“Por se fora pouco, como as concesións eléctricas as daba por trinta ou corenta anos, revertendo despois as instalacións en favor das fábricas, os concesionarios non puñan os cables axeitados, e moito menos os transformadores, resultando que, se se prendían moitas luces na aldea ó mesmo tempo, as lámpadas iluminaban menos que un candil. E non pensedes que había luces que iluminaban os camiños das aldeas. Cando nelas pola noite se tiña que ir dunha casa a outra, se non se vía co resplandor da lúa, simplemente, no mellor dos casos, iluminábanse cun farol, ou collíase un bo tizón do lume e, abanando, daba claridade suficiente para non tropezar coas pedras do camiño e dar cos fuciños no chan.” Extraído de “Galicia no recordo”. Fernando Lorenzo Rey.

Junto a la luz eléctrica también llegó el uso de los electrodomésticos. En el mejor de los casos la gente sabía cómo hacerlos funcionar pero no acababan de comprender cómo era posible que de una caja pequeña llamada radio se pudiera escuchar a la gente hablando. Algunos alumnos me comentaban que, viendo aquello de pequeños, se ponían a mirar la radio por todos los lados buscando la puerta por donde habían metido a aquellas personas. En el peor de los casos, la gente compraba electrodomésticos obviando un pequeño detalle:

“Tamén se deron casos de paisanos que foron ás vilas e mercaron radios, devolvéndoos ós poucos días dicindo que non funcionaban. O tendeiro, diante deles, enchufaba o aparello, e funcionaba perfectamente. Entón preguntáballe se o enchufara ben, e a resposta era sempre a mesma: que na aldea non había electricidade.” Extraído de “Galicia no recordo”. Fernando Lorenzo Rey.

 

Mal de ojo

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Foto: Carlos Valcárcel, 1979.

En la Galicia rural del siglo pasado, los animales fueron el pilar de la economía del hogar. Una casa con más vacas era una hacienda próspera porque podía criar más terneros y así ganar más dinero vendiéndolos en las ferias. Pero no sólo se conseguía rendimiento vendiendo. Las vacas, por ejemplo, servían para tirar de carros y arados y así resolver con éxito las tareas agrícolas cuando aún no había llegado la moderna maquinaria. A su vez, los excrementos de las mismas, mezclados con la paja que se esparcía en sus cuadras, servía de abono para sembrar los campos y así poder tener patatas, cereal y hortalizas para alimentar la familia. Esa alimentación se complementaba con la matanza del cerdo, si se lograba que este llegara sano y bien criado a su San Martín. Conejos, pollos, corderos y, por supuesto pescado si en casa se dedicaban al mar, eran los otros invitados a la mesa.

Viendo lo importante que eran las reses para la casa, no es de extrañar que tuvieran especial cuidado en mantenerlas fuera de peligro. La economía les iba en ello. Por lo tanto, era preciso protegerlas de las inclemencias del tiempo pero también de aquellos hechos inexplicables que les hacían enfermar y que, más tarde o más temprano, eran atribuidos a la envidia o al mal de ojo.

El mal de ojo explicó en Galicia todas las enfermedades que, a falta de veterinarios y médicos, eran difíciles de diagnosticar. Consistía básicamente en provocar el mal a través de la mirada y lo podían provocar tanto personas que no dominaban tal poder pero que lo tenían (como quien circula con un trailer sin haberse sacado el carnet de conducir), como personas envidiosas que te miraban así para arruinarte la vida o también “bruxas” o “meigas” que, con toda la intención, te lo transmitían.

Es muy popular el dicho: “Haberlas haylas”, en relación a estas profesionales de lo mágico-espiritual. A lo largo de mis talleres en MEMOGA he encontrado en muchas ocasiones a gallegos y gallegas muy escépticos, que dicen no creer en estas cosas, pero a continuación decir que algo hay. No en vano a Galicia se la conoce como “Terra de meigas”.

Podríamos decir que hay dos modalidades de las mismas aunque no está muy clara la atribución de sus funciones. En términos generales, las “meigas” serían las capacitadas para conjurar el mal y atraerlo sobre alguien causando una enfermedad. Las “bruxas”, con un conocimiento similar a las “meigas” serían las que curarían el mal y lo mantendría alejado de la comunidad. Pero en realidad, no todo el mundo está de acuerdo con esta clasificación.

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“La Figa” Fuente: magiamania.com

No es de extrañar que estas señoras fueran temidas y respetadas por igual. En este sentido reciben un trato contradictorio por parte de la gente ya que son denostadas y rechazadas por la sociedad pero a su vez la gente acude a ellas para buscar la solución a sus males de ojo.

No obstante, antes de tener que acudir a una “bruxa” para que enmiende el mal, el gallego se cuida muy bien de mantenerlo alejado mediante objetos protectores. Herraduras, cruces de Caravaca, rescritos, figas, agua bendita, castañas indias, cabezas de ajo… Lo que sea para proteger a uno mismo, a los animales de la casa, a las cosechas o, incluso, a los aperos y herramientas de labranza.

De estas cosas andábamos hablando en el siguiente corte de audio cuando Felipe, del centro de Betanzos, nos explicó lo que le había sucedido con unos cerdos que compró a la vez que otro vecino:

Felipe (Oza de los Ríos, 1937): “Te puedo contar un caso que no me lo creo yo mismo pero que fue verdad. Yo tenía unos animalitos en la huerta. Unos cerdos preciosos que empezaron a medrar, eran, madre mía. Y cuando los compré yo también los comprara otro chaval allí y me dijo un día: oye, ¿puedo ir a verte los cerdos? porque los míos no medran nada. Y yo, pues los míos están muy guapos, vete a ver y verás. Fue verlos y yo no sé aquello, porque hay cosas que no te las puedes creer, el caso es que los cerdos aquel día se tiraron a la cuadra y no comieron más. Yo no sé quien fue el que le dijo a mi mujer que había una bruja de esas, allá le fue a la bruja a llevarle los pelos de los cerdos, y yo le dije, quítate para allá, non vayas allá que los cerdos están malos, pusieronse malos. Y dijo: pues voy a ir allá. Ya te digo yo que a mí esas cosas me cuestan creerlas. Tu quieres ver que fueron allá y cuando vinieron me dice: ¿fuiste a ver a los cerdos? Dije, no. Que carajo voy a ir. Fue ella a verlos y cuando vino me dijo: vete a verlos. ¿Quieres ver que los cerdos estaban comiendo como si nada hubiera pasado? ¡Que no me levante de esta silla si no fue verdad!”

En el Centro de Viveiro también surgió una conversación muy interesante en torno al tema del mal de ojo. Regina, la veterana del grupo, nos explica algo que le pasó cuando estaba junto a unos vecinos recolectando patatas con la ayuda de unas vacas y un arado. Carmen, a raíz de esta vivencia, también relata algo que le aconteció. Aquí vemos un ejemplo claro de cómo ante un hecho que escapa a la razón, se le atribuye una causa mágica que requiere aceptar la existencia del mal de ojo y de las “meigas”. Si la causa es del todo irracional también lo es la forma de devolver a su camino a las reses. De nuevo, un recuerdo destapa otro, y el tema de los orines hace recordar otras supersticiones, esta vez en relación a los pescadores, que encuentro ciertamente interesantes. No dejéis de escuchar el audio, no tiene desperdicio:

Regina (Orol, 1925):”En iso tamén hai verdade ¿eh? O mal de ollo é verdade porque eu o vin. Estabamos una vez collendo as patacas co arado e as vacas. E aquela persoa que pasou cerca de onde estabamos nosoutros, que tamén din que si esa persoa que botaba o mal de ollo di: ¡Dios guarde todo!, que era a costume que había cando se estaba traballando, din que no pasaba nada. Pero ela non dixo nada. Pasou e quedouse mirando, porque ademais, aquela persoa tiña costume, érache una muller nova. Isto foi tan certo e se non aínda hai máis vivos e o meu home tamén o veu. Porque o que non ve non cree, iso xa o sei. Pois aquela señora quedouse mirando por encima dun muro, así un pedaciño. Era veciña nosa. E dicíamos: bueno, esta señora non nos gusta nada aí. Chegamos co rego ao cadullo e os demais viñamos recollendo as patacas. Cando viraron as vacas para o outro lado, dime tu como facía unha vaca por encima do arado cos pes de detrás hasta medio corpo. Non había quen a fixera volver ao seu. E podía volverse se quixera. Empuxaban por ela, pero tiña aquela cousa que non quería. Había que sacar o arado do xugo e entonces volver a tirar para atrás para que a vaca se puxera ben. Volven a poñer, un pouquiño mais adiante volve. Non había forma e mira que había homes que empuxaban pero nada. Entonces, o que estaba arando, o dono das vacas, dixéronlle, mira, non hai nada que facerlle, vamos parar un pouquiño e orinas pola vaca. Oes, paramos un pouquiño, o outro orinou pola vaca e toda a tarde recollemos as patacas e non volveu a pasar cousa.”

Las “meigas” fueron mujeres diferentes y excéntricas que, por hacer lo que no hacía nadie, se ganaron la desafortunada etiqueta que las mantuvo aisladas y rechazadas. Como escuchamos en el audio, la gente era capaz de dar rodeos por no pasar por delante de sus casas y si se las encontraban en eventos públicos, como por ejemplo, la misa, nadie se quería sentar junto a ellas y evitaban toda interacción. Está claro que estas pobres incomprendidas tuvieron que sufrir bastantes injusticias sociales y padecieron, con toda seguridad, la soledad más amarga. Quedaron solas, como así describe la canción popular dedicada a la que es, quizás, la bruja más famosa de Galicia: María Soliña. Muchos grupos musicales han versionado el poema de Celso Emilio Ferreiro en Longa noite de pedra, la versión de Carlos Núñez es quizás una de mis preferidas:

Los “Fazais”

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“El Prestidigitador y el ratero” Atribuido a El Bosco, 1502 o posterior.

Una de las profesiones más antiguas (y la imagen nos lo demuestra) es la de embaucador de inocentes e ingenuos. En esta imagen atribuida a el Bosco, vemos como un individuo absorto en el discurso del charlatán, perderá la bolsa de sus dineros a manos de un habilidoso y disimulado ladrón.

En Galicia, como en todos sitios, existieron y existen grupos de dudosa honestidad que, aprovechando las concentraciones de gente y los lugares donde se mueve dinero, lanzaban su caña con verdadera arte para pescar el jornal ajeno.

Ahora que es tiempo de San Froilán y la ciudad es un hervidero de gente, viene al pelo hablar en este post de los “Fazais”, una suerte de carteristas, trileros o charlatanes, que operaron en la ciudad allá por los años 40 y que aprovechaban precisamente fiestas como la de San Froilán o la feria de ganado para poner en práctica su labor.

Es fácil de imaginar lo tentadora y suculenta que podía ser para un carterista una feria de ganado a mediados del siglo pasado. De aquella, las transacciones económicas se pagaban al contado porque los ingresos a cuenta o pagos con tarjeta eran aún perfectos desconocidos. De esto estábamos hablando en en Centro de Lugo cuando salió el tema de los “Fazais”:

 

Jesús (A Coruña, 1942): “Aquí en Lugo había unos personajes muy típicos, la gente de Lugo tal vez los conozca, que se llamaban los “Fazais”. Yo he tenido el privilegio de vivir al lado de la muralla, yo era un criajo, son recuerdos de la infancia que tengo, y los veía subir por la rampa y había siempre un cebo: un señor que estaba allí jugando a la baraja. Yo les veía desde la ventana de mi casa ahí jugando a la baraja, y llegaba el paisano de turno que había vendido la vaca, con la cartera así y le decían verdaderas perrerías. Entonces el índice cultural era muy bajo, igual le decían que si había visto volar un buey. La cosa era decir cualquier cosa para llamarle la atención al individuo. Iban paseando desde la muralla y veían dos tíos jugando la pasta y uno ganaba la ostia. ¡Pero este no sabe jugar!, le decía el gancho. Y el paisano empezaba a retorcer la gorra. Claro, normalmente la gente en aquel entonces iba a la taberna y había fama de los buenos jugadores y decía, joder pero este no tiene ni idea. El paisano se quedaba con la copla y veía que el otro ganaba y ganaba. Y le decía: ¡Eu si tivera cartos probaba, probe usted si ten cartos! Claro, el paisano se empezaba a meter allí y le dejaban sin cartos con dos o tres manos paliza a paliza y se marchaba algunas veces sin la vaca. Nosotros, desde casa, gritábamos: ¡Señores los Fazais! a los críos nos tenían verdadero odio y rabia porque descubríamos el pastel. Pero eran tan obcecados que ni oían ni nada. Y cantidad de gente. Aquí la muralla de Lugo se quedó sin pasta”

Tal y como habéis podido escuchar, el mundo de las ferias era una auténtica selva donde tenías que lidiar, primeramente contra los tratantes que iban a ponerte mil y una escusas para no pagarte lo que valía tu animal, y más tarde cuando el bolsillo ya estaba lleno, contra carteristas y bandidos en el viaje de retorno a casa. Y en Lugo, además, no dejarte camelar por los “Fazais”.

Efectivamente, los “Fazais” debían su nombre a su lugar de origen. Una aldea muy cercana a Lugo. Era tan pequeña que no me extraña que la gente de bien que provenía de allí, se cuidara mucho de no revelar su origen, tal era la mala fama de los de Fazai. Está visto que actuaban siempre en grupo, con vigilantes que alertaban de peligros con la autoridad, con auténticos actores que sabían hacerse los tontos para animar a las víctimas a apostar su dinero y con verdaderos charlatanes que eran capaces de vender los árboles de la plaza Mayor (antigua plaza España), como dice José Manuel en el corte de audio.

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Vista aérea Plaza Mayor de Lugo. Fuente: Pinterest (Majo Seijas)

De esto último se comenta que tal vez no fuera más que una leyenda urbana y que en realidad no existió tal incauto que llegara a creerse que le vendían los árboles de la plaza ni que se presentó allí con una sierra para comenzar a talarlos. Tal vez esto no se pueda demostrar nunca, pero a juzgar por la foto y dado que por aquel entonces la madera era un bien muy preciado como combustible, no es de extrañar que alguien creyera que había hecho el negocio del siglo.

Si queréis saber un poco más sobre estos personajes son interesantes estos comentarios extraídos del blog del periodista lucense Paco Rivera. En cualquier caso, y sobretodo si vais a comer el pulpo al San Froilán, ¡tened mucho cuidado con vuestras carteras!

 

 

La suerte del pajarito

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Foto Bene c.a 1950

Esta foto de mediados del s.XX es una auténtica llave para abrir los recuerdos de aquellos que presenciaron las ferias y romerías del siglo pasado en Galicia. Lo que vemos en ella es ni más ni menos que una jaula abierta de la cual sale un pájaro amaestrado. Esta inocente ave, que lo único que ansiaba era recibir como premio un cañamón, nunca fue consciente de las innumerables esperanzas e ilusiones que la gente depositaba en ella. Una alumna explicaba que conoció a una persona cuyo marido había emigrado a Cuba. Emigrar por aquel entonces suponía marchar muy lejos y no tener noticias ni forma de comunicarte con los tuyos durante mucho tiempo. En ocasiones, incluso, la distancia física y emocional era tal, que el emigrado comenzaba una nueva vida desde cero, olvidándose de los que dejó en Galicia y formando una nueva familia. El caso es que esta señora no tenía noticias de su marido desde hacía meses. Seguramente las malas lenguas en la aldea ya la estuvieran coronando con una cornamenta monumental, pero ella nunca perdía la ocasión, cada vez que acudía a la feria, de consultar a aquel pajarito con la esperanza de que él sí le pudiera decir algo de su marido. Cliente fiel de aquel tenderete, se dirigía a la dueña del pájaro, le pagaba lo estipulado y con la emoción contenida esperaba a que aquel animal saliera de la jaula y pacientemente eligiese un papelito de los muchos que había en la bandeja que le ofreció la dueña. No sabemos cuantos intentos tuvo que hacer la pobre para encontrar un mensaje que le satisfaciera, pero finalmente el pajarito dio en el clavo con un mensaje donde le vaticinaba que un familiar cercano regresaría desde muy lejos después de mucho tiempo. Podéis imaginar la alegría que aquellas palabras generaron en alguien que llevaba tanto tiempo esperándolas. Alegría que se transformó en desilusión, incertidumbre y desesperación cuando los días que sucedieron a la noticia aviar no trajeron ni a familiar cercano ni a familiar lejano. Es posible que aquel pájaro perdiera una clienta con el paso del tiempo, ese es el riesgo cuando juegas con el sentimiento de las personas.

En el siguiente corte de audio los alumnos del Centro de Lugo nos explican otra anécdota relacionada con la suerte del pajarito:

 

Antonio (Lugo, 1933): “Dabas una peseta y entonces el pajarito salía de la jaula, cogía con el pico un papel y te lo daba. El pajarito salía porque la señora después le daba un grano de cañamón. Entonces leías lo que te ponía y voy a explicar una anécdota que le pasó a mi familia. Mi hermana iba con un primo mío y le salió que iba a recibir una herencia de un tío por parte de madre y no tenía más tío que el padre del primo que iba con ella. El otro se llevó un disgusto… y que le iba a morir el padre, y que le iba a morir el padre y que le iba a dejar la herencia a mi hermana. El padre al final murió con setenta y tantos años”.

La popularidad de esta atracción de feria se da por hecho cuando hablas con tantos gallegos que la recuerdan. En la siguiente foto extraída del Archivo Histórico Provincial de Lugo,  podemos ver otro ejemplo de esta atracción.

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Foto: Lugo, 1962. José Luís Vega Fernández

No fue, sin embargo, algo exclusivo de Galicia. En una ocasión hablé con una persona mayor que me confirmó que ella también lo había visto en la Rambla de Barcelona hacía muchos años. Cuando me puse a investigar por internet, encontré un precioso documento que demuestra que así fue:

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Fuente: http://www.todocoleccion.net Vendedor: santvictor26

 No sé vosotros, pero yo no puedo remediar ver cierto paralelismo entre esto y el horóscopo de nuestros días.

Al seguir buscando por internet descubrí también que en México se atribuyen el origen de esta tradición. Allí aún hay familias que llevan toda una vida dedicándose al adiestramiento de canarios pero por lo visto, es algo que ya no va en aumento y está en vías de desaparición igual que desapareció en nuestro país. Siempre he pensado que, para presenciar ciertas manifestaciones culturales de nuestro pasado no hace falta viajar en el tiempo, simplemente tienes que viajar a otro país. Este sería un ejemplo de ello. Mirad este vídeo donde se entrevista a uno de estos “domadores” de canarios. No parecen haber tantas diferencias entre unos países y otros, ¿no?.