Saltar a la cuerda

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Jardines de Méndez Núñez. A Coruña (1927). Foto Blanco

Quizás una de las cosas que más me maravillan de la infancia es todo lo que se puede hacer con objetos banales, con utensilios que no nacieron para aquel fin pero que han encontrado una segunda vida gracias a la creatividad de niños y niñas. Es el caso de la cuerda. Nació con una finalidad de privación de libertad y sin embargo, ha regalado miles de horas de diversión y entretenimiento al aire libre.

Porque el entretenimiento infantil de antes, si el tiempo y las tareas familiares lo permitían, era básicamente en el exterior. Esta es una de las cosas que más me comentan los alumnos de MEMOGA al hablar de su infancia: la cantidad de tiempo que pasaban fuera de casa, junto a sus amigos. Recalcan que la ausencia de coches en la calle así lo permitía. Y lamentan que los niños de hoy en día no puedan gozar de esa libertad por culpa, precisamente, del tráfico.

El juego de saltar a la cuerda era territorio exclusivo de las niñas. A veces se metían por en medio niños, pero con una intención más de entorpecer o hacer rabiar a la niña que les gustaba, que por colaborar o llevar hasta su fin las reglas del juego. Y así pasaban sus horas muchas niñas, desarrollando la habilidad psicomotriz, poniendo a prueba la memoria, marcando el ritmo de la canción a base de golpes de cuerda y trabajando su habilidad social en tanto se relacionaban con otras niñas de la comunidad. Y todo esto, con una simple cuerda.

Cuando pregunté a las mujeres de MEMOGA por aquellas canciones que cantaban de pequeñas, surgieron algunas comunes entre varios centros y otras propias de cada zona. Pero en todos los casos la sonrisa e ilusión de recordarlo era unánime, así que añado este recuerdo a la lista de todos aquellos que buscan generar emociones positivas en nuestros mayores. Si escucháis con atención algunos de los próximos audios podréis comprobar lo que os digo. El primero de ellos fue registrado en el Centro de Pontedeume, en él participan Manuela (Ferrol, 1932) y MªCarmen (Pontedeume, 1942):

 

“Pimpolito fue a la escuela; le echaron para fuera; pin pon fuera.”

“Pimpolito era una fila y solo dabas un salto, tenías que dar la vuelta y entrar por otro lado, así dando vueltas”.

“Los dátiles de Ferrol dicen que saben muy ricos; porque tienen la semilla metida en un botijo.”

“Las glorias de Teresa corazón, corazón, Teresita; Las glorias de Teresa yo las quiero cantar; Do re mi, do re fa, yo las quiero cantar.”

“Esto era chos. Que era cuando te daban cuerda dos y muy fuerte. Esto era muy difícil porque “corazón, corazón, Teresita” era con fuerza y tenías que dar 4 saltos grandes”.

En Ferrol:

“La señora Lindolejo fue al baile en reunión; al bailar el pasodoble el polisón encallo; su novio muy afligido se bajo y se lo cogió; eran tres camisas viejas atadas con un cordón; por eso niñas tener cuidado; llevarlo todo muy arreglado; que a la señora de Lindolejo; se le han caído los trapos viejos.”

“Me casé con un enano, no, no; para hartarme de reir, reir; le puse la cama alta, ta; para no poder subir, subir; al subir las escaleras; una pulga me picó; maldita sea la pulga; que en la pierna me picó.”

“Pase misí, pase misá; Por las calles de Alcalá; La de adelante corre mucho; La de atrás se quedará.”

“A esto jugábamos mucho, había que elegir entre dos cosas, nos quedábamos en medio y tú decías, en Cabañas se jugaba mucho al Chalé del Arenal o al de Doña Rosa de arriba y elegías. También era, escoge entre azul o rosa, así se repartían”.

También se jugaba mucho a la rueda:

“Al levantar una lancha una jardinera vi; regando sus lindas flores y al momento la seguí; jardinera tu que entraste en el jardín del amor; de las flores que tu riegas dime cual es la mejor; la mejor es una rosa que se viste de color; del color que se le antoja y verde lleva la hoja; tiene tres hojitas verdes las demás son encarnadas; a ti te escojo “fulanita” por ser la más resalada; muchas gracias jardinera por el gusto que has tenido; tantas niñas en el corro; y a mí sola me has cogido.”

La semana siguiente a la sesión en que se grabó este audio, Mª Carmen volvió a recordar algunas canciones más:

Entre ellas esta canción en estilo romance, que tiene como título “La doncella guerrera” y que parece ser que pertenece a un cancionero infantil extremeño.

“Un capitán sevillano, siete hijos le dio Dios, y tuvo la mala suerte que ninguno fue varón. Un día la más pequeña, presentó la inclinación, de ir a servir al rey vestidita de varón. No vayas, hija, no vayas, que te van a conocer, tienes el pelo muy largo y dirán que eres mujer. Si tengo el pelo largo madre, córtemelo usted, que después de bien cortado un varón pareceré. Siete años en la guerra y nadie la conoció, hasta que un día en la lucha el refajo se le vio. El rey que estaba allí, de ella se enamoró, pidió permiso a sus padres y con ella se casó”.

Se pueden encontrar en internet diferentes versiones de la canción, esta es una de ellas:

Y esta otra, interpretada por el músico y folklorista zamorano Joaquín Díaz.

La siguiente, titulada “La Cantinerita” está registrada en un cancionero vasco:

“Cantinerita, niña bonita, si yo pudiera gozar tu amor, una semana de buena gana sin comer rancho estaría yo. Yo soy la cantinerita, niña bonita del regimiento, y todos los soldados cuando me ven pasar, se cuadran, saludan y empiezan a cantar”.

Para la rueda: “Esa que está en el medio parece boba, pero para los novios se pinta sola, vente a mis brazos te adoraré y para siempre tu amor seré, muy bien, muy bien, muy bien sabe usted bailar, muy bien, muy bien, muy bien que gusto me da”.

“Los dátiles de Ferrol dicen que saben muy ricos; porque tienen la semilla metidita en un botijo, a la punta y al tacón, que se baila con un pie y me lo enseñó a bailar, mi amado Rafael, Rafael de mi vida, Rafael de mi amor, enseñame a bailar con la punta y el tacón.”

En el Centro de Pontevedra surgieron estas otras canciones:

La primera de ellas, titulada “La reina de los mares” está fabulosamente recogida e interpretada de nuevo por Joaquín Díaz en esta dirección.

La siguiente, también muy popular, es la canción del barquero:

“Al pasar la barca, me dijo el barquero: las niñas bonitas no pagan dinero. Yo no soy bonita ni lo quiero ser. Arriba la barca una dos y tres.”

La anécdota que nos explica Encarna sobre el juego del caracol hace referencia efectivamente a una modalidad de la rayuela con forma de espiral. Un juego que aún hoy en día se juega en muchas partes del mundo:

En el Centro de Santiago, las alumnas recordaron también la canción del barquero y la reina de los mares. Así como otras que transcribo abajo:

Una, una abanico, de la pluma, por aquí pasó Pilatos, haciendo maragatos con una bola verde pierde que pierde, enanita, peluquera, ¿(transportas)? calaveras, por aquí pasó Pilatos…”

“Tres, dos una, La Coruña, la farmacia, de vermejo, de (?), de conejo…”

Todas estas canciones son como llaves maestras para abrir los recuerdos de aquellos que las cantaron cuando eran niños. Su función no es otra que la de conectar con ese instante que se ha mantenido aletargado en lo profundo de la memoria y que fue tan especial e intenso que sigue vivo allí dentro, asociado a una emoción agradable que se vivió en una etapa en la que había en perspectiva toda una vida por vivir. Con este post os presto el llavero, confío en que haréis buena labor como seren@s.

Batallas campales

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Foto: Niños del colegio de la rúa Herrerias (A Coruña). Autor: Alberto Martí. Fuente: Grupo de Facebook “Ollar Galicia” colgada por María Jesús Vázquez Castro

¿Crees que podría existir algún día un mundo en paz como aquel que describía John Lennon en su canción “Imagine”? Tal vez, no pierdo la esperanza, pero para lograrlo necesitaríamos cambiar mucho la forma que tenemos de interpretar la realidad y las amenazas que nos rodean. Volvemos de nuevo al cerebro. Ese órgano que busca reducir el consumo de energía y que prefiere rodearse de cosas conocidas, confortables y coherentes a su propio pensamiento, llegando a simplificar tanto lo más complejo que corre el peligro de pecar de intolerante. Y así nacen las guerras, las xenofobias y el miedo a lo diferente.

He aprendido, después de trabajar muchos años con personas afectadas por demencia, que la agresividad que manifiestan estos enfermos se produce cuando perciben una amenaza, es decir, cuando el miedo les obliga a ponerse en modo “lucha” para preservar su integridad. La dificultad que tienen de interpretar la realidad hace que “luchen” contra el que está intentando darle de comer, ducharlo o acostarlo. Incluso con alguien que le está aturullando con demasiadas preguntas o frases complejas. En realidad, esta persona no es agresiva. Se está defendiendo de una amenaza mal percibida.

En este sentido, no nos diferenciamos tanto los que aún mantenemos sano nuestro cerebro. Aunque en nuestro caso es más grave acabar agrediendo o sintiendo ira, ya que nosotros sí mantenemos aún la capacidad de decidir qué queremos pensar o no pudiendo interpretar la realidad sin dejarnos llevar por miedos y amenazas inexistentes. Creo que todo aquel que se deja llevar por pensamientos reduccionistas y totalitarios es un vago cerebral. Me refiero a todos estos partidos políticos radicales que no saben mantener la dirección y se acaban estampando en la siguiente curva, ya sea hacia la izquierda o hacia la derecha. Pero no les culpo, al fin y al cabo, yo mismo decía más arriba que el cerebro es vago por naturaleza.

Y mientras sigan las cosas así, el ser humano seguirá luchando por causas de tal trascendencia que bien le valgan una y mil batallas. Batallas que comienzan ya desde niños como un juego, cuando el individuo está desarrollando su personalidad y busca la pertenencia a un grupo, o lo que es lo mismo, la distancia respecto a aquello que siente como ajeno. De esta forma nacieron las batallas campales entre niños (y niñas), un fenómeno muy interesante que descubrí con los alumnos de MEMOGA y que he disfrutado investigando. En el siguiente corte de audio, Horacio nos explica esa forma de jugar tan bruta que tenían los niños. El escenario es la Compostela de los años 30, pero podríais imaginar cualquier escenario, pues allá donde hubiesen varios grupos de niños, una colina o extensión de terreno y montones de piedra, la batalla campal estaba asegurada.

 

Horacio (Santiago,1929): “En Santiago, a los de la rúa San Pedro, les llamaban los de los Estados Unidos y entonces los de San Caetano, Pastoriza, los de la calle Espíritu Santo, Calle de Abajo, calle de Arriba, Basquiños, pues nos retaban allá en la Almáciga a tirar piedras unos contra otros. Los de San Pedro tenían muy buenos tiradores. Además íbamos a ver si les cogíamos e íbamos con tijeras para ver si les cortábamos el pelo al rape.”

Esta información que transmite Horacio invita a viajar con la imaginación y los datos a ese Santiago de Compostela de principios del s.XX, más rural que urbano, donde los carros de bueyes se paseaban por delante de la catedral y cada jueves se celebraba la feria de ganado en la carballeira de Santa Susana. De hecho, esta carballeira es el escenario de la siguiente noticia de periódico, rescatada en la Hemeroteca, que describe una batalla entre bandos utilizando palos, piedras y navajas como armas.

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El Eco de Santiago. 26 de mayo de 1933

Si viajamos un poco más atrás en el tiempo, encontramos esta otra noticia donde se da cuenta de otra batalla infantil, en este caso, en el monte de la Trisca. Escenario similar al de la Almáciga (que nos relataba Horacio) o al de Santa Susana (de la anterior noticia).

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Gaceta de Galicia. Diario de Santiago. 3 de Marzo de 1879

Parece que ya en aquella época los propios medios veían normal y habitual este tipo de “chiquilladas”. Llama la atención la insistencia de los combatientes en la batalla a pesar de la presencia de los agentes municipales. Seguramente, la emoción y la adrenalina de este juego les invitaba a seguir y seguir luchando a pesar del peligro de ser reprendidos por la autoridad o sus padres.

Los escenarios habituales eran montes, pero eso no quita que pudieran darse contiendas en lugares más públicos donde sin duda se generarían daños colaterales:

Manuela (Pontedeume, 1932): “A pedrada limpia participé una vez. Desde la plaza del pan hacia abajo tiré una piedra, rompí el cristal de un escaparate y ¡mi madre!… Vino el dueño, preguntó y todos dijimos que no habíamos sido. La culpa se la llevó un niño. Después la conciencia me remordía y le dije a una amiga que tenía que por favor fuera a decirle al señor que había sido yo. Al final el señor vino a mi casa y mi abuela tuvo que pagar el cristal. Menos mal que de aquella los cristales no era una luna grande. Eran cuatro cristales y fue uno solo. Y ya ves las guerras, unos niños que vinieron a meterse con nosotras y nosotras a pedrada limpia.”

En el siguiente corte de audio grabado en el Centro de Pontevedra, Raimundo (Cesures, 1933) y José (Vilasantar, 1948) también nos describen cómo era sus batallas campales cuando ellos eran niños:

 

José (Vilasantar, 1948): “Eu ía a unha escola unitaria onde eramos 40 rapaces. Para a batalla utilizabamos terróns. O máis curioso é que iamos falando amigablemente ata chegar ao campo de batalla. Cando chegabamos empezabamos a batalla. Despois volviamos todos como amigos.” 

Viendo de donde venimos, parece más fácil entender porqué la gente se pelea en los campos de fútbol, porqué disfrutamos tanto jugando al “paintball” o porqué existen las guerras entre bandas juveniles.  John, yo imaginar lo imagino pero de ahí a conseguirlo… creo que queda mucho camino.

 

Ya llegan los Reyes

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Cabalgata de Reyes, 1961. José Luis Vega Fernández

Un año más ha terminado. Ahora son fechas para hacer balance y reflexionar sobre lo rápido que pasa el tiempo. Para palpar cada momento presente antes de que desaparezca sin darnos cuenta y entre a formar parte del archivo de nuestra memoria. También son fechas para reflexionar sobre nuestros éxitos y nuestros fracasos y sobre el rumbo que queremos dar a nuestra vida para sentirnos bien con nosotros mismos y con los que nos rodean.

En estas fechas los niños también reflexionan, a nivel más sencillo, cuando tienen que responder a sus progenitores si este año se han portado bien o mal y si son merecedores, por ello, de recibir regalos en la visita de sus Majestades los Reyes Magos. Un balance, por otra parte, que en nuestro mundo actual siempre suele ser positivo, a juzgar por la gran cantidad de regalos que reciben los niños.

Hubo otra época que no fue así. Y no es precisamente porque los niños antes se portasen tan mal que no fueran merecedores de regalos (si en algún momento podemos llegar a ponernos de acuerdo sobre qué es “portarse mal”). Más bien lo que ocurría es que los Reyes no eran tan ricos como para ser tan generosos y gracias a ello, de rebote, enseñaban a los niños a ser menos caprichosos, trabajando su frustración y preparándolos para ser más felices en un mundo donde las cosas no se reciben a cambio de nada.

Provocar los recuerdos de Infancia en relación a los Reyes Magos suele tener éxito asegurado entre nuestros mayores. Y además nos enseña que no es precisamente la abundancia de regalos lo que fomentará un recuerdo agradable en nuestra futura vejez, sino la existencia de otros valores que deberíamos considerar si siguen vigentes en nuestra época o no.  Por lo general, estos recuerdos suelen estar bastante presentes en las personas mayores, pues con la llegada de sus hijos y más tarde de sus nietos, han tenido que ir confrontando y reviviendo anécdotas relacionadas con el tema en diferentes etapas de su vida. Por eso, cuando les preguntas por el tema, surgen recuerdos de su infancia, pero también de su vida adulta, como padres y de su vejez como abuelos. E inevitablemente surge la reflexión sobre qué es mejor o peor y sobre lo que han cambiado las cosas en todo este tiempo. Un ejemplo de ello es el siguiente corte de audio, extraído de una conversación con los alumnos del Centro de Lugo:

 

Ahora cierra los ojos e intenta regresar a aquellas noches de Reyes en que dejabas con ilusión tus zapatos y te ibas a dormir temprano, con la esperanza de conciliar el sueño enseguida y así despertar cuanto antes al día siguiente. Lo más seguro es que lo recuerdes con agrado, que se generen emociones positivas y que sientas cierta mezcla de placer y nostalgia unido a una pizca de felicidad. ¿Lo has experimentado?

Si es sí, comprenderás lo importante que es generar estos recuerdos y mantener la ilusión de los niños durante el tiempo que sea posible. Lo hacen en la actualidad los medios de comunicación cubriendo la noticia de la visita de los Reyes y televisando las espectaculares cabalgatas que quedarán fijadas para siempre en las memorias de nuestros más pequeños. Y a lo largo de la historia, la sociedad ha colaborado también en ello, sabedora del bien que se les estaba haciendo a sus integrantes más jóvenes. De hecho, si preguntas a los mayores por las cabalgatas, los de edad más avanzada ya te podrán hablar de ello, si acaso vivieron en una ciudad. En el rural gallego, sin embargo, no existían cabalgatas pero sí la tradición de ir a cantar los “reises” por las casas (de forma similar a como se hacía en nochebuena con el aguinaldo).

Tirando de Hemeroteca, encontré algún artículo de principios del siglo XX que ya cubre la gran noticia de la visita de los Reyes en forma de cabalgata:

elProgreso05011923

Diario “El Progreso”. 05/01/1923

Lo que hoy en día organiza el ayuntamiento, por aquel entonces era organizado por “Ligas de Amigos” o agrupaciones culturales que con gran empeño y dedicación se esmeraban en mantener viva la ilusión. Según se lee en este artículo de La Voz de Galicia, el primer año que se celebró cabalgata en A Coruña fue 1909. Fue una gran iniciativa que, además, pretendía que los mismos Reyes repartieran en persona los regalos a domicilio. Para ello contaban con la colaboración de los padres que, previamente, habían solicitado tal servicio. Al día siguiente El Eco de Galicia relataba cómo había ido el acontecimiento. En este enlace puedes consultar el documento en PDF de la página donde aparece la noticia.

La Iglesia también  fomentaba que la fiesta de Reyes fuera un evento que llegase a todos los niños, incluso lo más necesitados. No en vano esta es una fiesta de influencia claramente religiosa. El siguiente recorte de prensa así lo atestigua:

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Diario “El Pueblo Gallego”. 03/01/1947

En el siguiente corte de audio, una alumna nacida en 1929 explica que en el catecismo se solían repartir unos tíquets o vales cada vez que acudía. Estos eran para poder canjearlos por regalos una vez llegaba la víspera de Reyes. Otra alumna, que también lo recuerda, comenta que esta era una estrategia para asegurar la asistencia de los niños a la Catequesis.

En el mismo audio, grabado en el Centro de Pontevedra, podrás escuchar también más anécdotas y curiosidades relacionadas con esta noche tan mágica, así como la diferencia de costumbres entre el rural y la urbe.

 

Para finalizar, una imagen para la reflexión del gran Castelao. No os deseo que os traigan muchas cosas los Reyes sino, simplemente, que podáis sentir emociones positivas en esta recta final de las Navidades. Ahí es nada.  ¡Hasta la próxima!

 

 

 

Falcatruadas

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Esta foto pertenece a Xosé Veiga Roel y se titula FALCATRUADA. Me encanta esta palabra en gallego. Su traducción viene a ser algo así como “travesura”, las que solían realizar los niños en su descubrimiento del mundo y de sus normas. Travesuras que podían tener un buen o mal recibimiento por parte de sus víctimas aunque en ello también radicaba la emoción.

La violación de una norma, de forma moderada, es una acción necesaria y sana por parte de los integrantes de toda sociedad. Que uno o varios días al año se de licencia para realizar ciertas locuras que escapan del orden establecido ayuda a romper con la monotonía y, aunque parezca mentira, a establecer mejores lazos de unión entre la comunidad.

En el ámbito de nuestra Galicia rural, las fechas más propicias para estas bromas solían ser las del Carnaval (cualquiera que conozca el “Entroido” de Ourense podrá dar fe de esta afirmación) pero también se daban en la noche de San Juan cuando se permitían ciertos actos de vandalismo. Por ejemplo, que tu carro o la verja de tu casa desaparecieran de su sitio habitual para hacerlo en cualquier inhóspito o inaccesible lugar de la parroquia. Pero quizás, el día más extendido para las bromas sea precisamente el de los Santos Inocentes, y no deja de ser paradójico, pues según la Biblia, ese día se conmemora la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén con la intención de así acabar con la vida del niño Jesús. Imagino que nada mejor para recordar tal masacre que hacerlo con un acto inocente (la broma) que es característico de los niños y que está cargado de sano humor. Inteligente y creativa forma de reivindicar, quizás deberíamos tomar ejemplo para aplicarlo en las manifestaciones de nuestro mundo actual.

Todos tendréis en mente la broma del famoso monigote que se pegaba en la espalda de viandantes despistados. Pero en la Galicia Rural se realizaban otras como por ejemplo inventar noticias falsas que causaran disgusto o noticias buenas que generaran decepción al descubrir que eran mentira. También se engañaba para que alguien acudiera a algún sitio sin que realmente hiciera falta o se le obligaba a realizar un fatigoso trabajo que luego era totalmente inútil. Había quien clavaba monedas en el suelo o le ataba un hilo a un billete para que quien lo encontrara se llevara un chasco o quien rellenaba paquetes con cosas pueriles y hasta asquerosas para que quien lo abriera se acordara de su madre.

A continuación escucharéis y leeréis ejemplos de las bromas que los alumnos de MEMOGA recuerdan de su infancia y juventud, esa época mágica e inocente que todos los niños del mundo deberían poder vivir con plenitud sin que ni un solo “Herodes” se la arrebate.

“A mi me hicieron una buena. Trabajábamos para un abogado que era
de Vigo y tenía una huerta enorme. Todos los días le llevábamos la leche.
Ese día, en vez de cargar leche nos metieron piedras. Yo le decía
a mi compañera: ¿será posible que pese tanto la leche hoy? Al rato
nos paramos para mirar lo que llevábamos y vimos la tina toda llena de
piedras”. Carmen (Pontevedra, 1944)

“Fixemos unha vez unhas roscas feitas coas cabezas dos nabos. Parecían
roscas e iámolas dando. Estaban rebozadas e parecían roscas
de verdade. En canto as metían na boca… “. Regina (Viveiro, 1925)

La siguiente audición pertenece al Centro de Ourense, en ella Elena (1934) explica una que hizo ella cuando era niña:

“E resulta que por Santos Inocentes, faciamos unha caixiña moi preparadiña e se cadra ibamos ao primer piso o ao segundo: Mire, está a señora abaixo e díxome que lle traiga este regaliño. ¿E como se chama? Pois non sei. Díxome, nena, fas o favor, subes arriba ao segundo piso e dáslle esta caixa. Díceslle que e dunha amiga. ¿E que iba na caixa? Pedras, hasta con permiso basura. Bueno. E despois nós sorriamos e diciamos, ay, Dios mío, cando abriran e que vexan… As veces nos daban unha cadela ou can de propina.”

Y en el Centro de Lugo también se habló del tema, es lo que escucharéis en este otro corte de audio:

“En tempos o periódico traía sempre unha inocentada. Houbo unha que en la epoca de Jorge Negrete, resulta que salía que chegava as 12 da mañá no tren á estación o dichoso Jorge Negrete. E todas as mulleres de Lugo estiveron alí na estación espera que te espera e Jorge Negrete non chegou e ainda non chegou. E fixeron outra, que se falaba que iban poñer un carrillón na catedral e que xa poñeran o carrillón e que as 12 da mañá se inaguraba e toda a plaza de Santa María chea mirando si tocaba o carrillón.” Antonio (Lugo, 1933)

Lo que dice Antonio sobre Jorge Negrete se puede corroborar en el blog de Paco Rivera donde se comenta la que se armó en los años cincuenta con esta inocentada. Además de aquella, hubo otras relacionadas con la Catedral como la que comenta Antonio o aquella otra, con fotomontaje incluído, que anunciaba que las torres de la catedral de Santa María habían caído. Al respecto, parece que anunciar la caída de torres también era bastante habitual, pues otra alumna del centro de Betanzos me comentó que a ella le habían intentado “colar” que la torre de Hércules se había caído.

Dado que el 28 está al caer, tened mucho cuidado con vuestra inocencia y a disfrutar de esta tradición que aún sigue latente en nuestros días.

Pasar más hambre que un maestro de escuela

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

Mirad esta foto. Fijaos en sus protagonistas, niños y niñas que miran a la cámara. ¿Qué pensarían en ese momento? ¿Se imaginaban tal vez que 100 años después completos desconocidos podríamos estar mirándoles a los ojos? Hay algo mágico en todo esto. ¿No creéis?

No os perdáis ninguna de sus expresiones. Cada mirada, cada cabeza alberga un mundo, una forma personal de entender y percibir la realidad que les tocó vivir. Vidas que estaban comenzando, que confluyeron en aquel aula durante el tiempo que duraron sus estudios. Vidas que siguieron su propio camino a lo largo de los años. Unas se truncaron prematuramente, otras fueron exitosas y placenteras, otras solo conocieron el sufrimiento, otras fueron tan dilatadas que prácticamente abrazaron el s.XXI. Hoy nadie de ellos existe. Lo podemos decir con total seguridad. ¿Sí?, ¿seguro?¿No podría ser que hablar de ellos, tenerlos presentes, mirarles a los ojos e imaginar sus vidas haga, en parte, que sigan vivos? Vivos de alguna forma, a pesar de todo.

Lo que sí es cierto es que durante toda su vida terrenal, estas personas tuvieron algo en común, algo con lo que viajaron y que se mantuvo presente en sus cerebros prácticamente hasta su final: el nombre de su profesor. Ese referente que les instruyó y que les enseñó aquellos conocimientos básicos para labrarse un futuro. Es posible que el nombre que estuviera grabado en los cerebros de los protagonistas de esta imagen fuera el de Pedro Brey Guerra (1889-1967), un maestro aficionado a la fotografía que retrató, a lo largo de su vida, las personas que formaron su entorno más próximo en su Estrada natal. En el siguiente enlace podéis conocer su biografía además de contemplar fotos como la de arriba.

Tal como dice el título de esta entrada, ser maestro en aquellos años significaba estar dispuesto a pasar ciertas penurias ya que el sueldo no era lo más atractivo de la profesión. Si además hablamos de una escuela rural, el profesor tenía que exponerse a ciertos contratiempos como podían ser: no contar con la infraestructura más adecuada, tener que atender a un número muy elevado de alumnos con niveles y edades diversas, sufrir absentismo en aquellos meses en que las labores del campo eran más activas… Precisamente, podemos hacernos una idea de esto al leer el siguiente párrafo que pertenece al informe que elaboraron los inspectores que visitaron la escuela rural de Arnois cuando estaba ejerciendo de maestro Pedro Brey allá por el año 1921:

“O ensino encontrase en estado satisfactorio, aínda que dificulte moito o labor do mestre o excesivo número de alumnos e as pésimas condicións do local… Inservible para o obxecto, mal iluminado e con mala ventilación, sen patios de recreo, nin lavabos, nin retretes, cunha soa dependencia de 8,5 por 3,5 por 2,15 metros. Cun presuposto total de 2.750 pesetas ao ano, incluído o soldo do mestre. Cun número total de 130 alumnos matriculados, sistema mixto, de idades entre 8 a 12 anos; que teñen que percorrer camiñando, desde a súa casa á escola, até 4 km de distancia, e que asisten irregularmente a clase porque axudan nos labores do campo. E 28 alumnos de entre 14 e 31 anos, labradores de profesión predominante. Escola situada nun val, na estrada de Ourense a Santiago. Zona de industria e comercio moi escaso, e bastante emigración”

La siguiente foto podría representar con total acierto la escena que acabáis de leer:

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

En MEMOGA hablamos largo y tendido sobre la escuela. Lo vivido en esos años es algo que permanece guardado en la memoria y que se recuerda con agrado. Es curioso (podéis hacer la prueba con vosotros mismos) la potencia del recuerdo para nombres de profesores y compañeros de escuela. De la misma forma que comentaba que los niños de la fotografía podían tener grabado a fuego el nombre de ese referente que fue su maestro, nosotros no somos tan diferentes de ellos, a pesar de la distancia temporal que nos separa.

En el siguiente corte de audio, Rosario del Centro de Betanzos (Coirós, 1931), recuerda con nombres y apellidos las que fueron sus profesoras y rememora con detalle su escuela.

 

La Guerra Civil truncó la educación de muchos alumnos en edad escolar. El conflicto bélico obligaba a muchos profesores a marcharse, a esconderse. Ya fueran monjas o curas, ya fueran profesores sin condición religiosa, pensar de una forma u otra era un peligro ante mentes obcecadas y llenas de odio. Quien mantuvo su posición, a pesar de todo, llevó hasta el final su labor educativa:

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“La última lección del maestro”. Alfonso Manuel Rodriguez Castelao.

Todos conocemos más o menos cómo era la enseñanza una vez se instauró el Régimen a partir de 1940. Como en toda dictadura, la educación se orientó para transmitir a las nuevas generaciones una forma de ser y de entender el mundo condicionado a los valores de la propia dictadura. Por ejemplo, se intentó erradicar el idioma gallego del aula aún sabiendo que muchos de los alumnos (sobretodo en el rural) se expresaban habitualmente en esta lengua. Para muchos de ellos esta obligación de expresarse en un idioma que no dominaban (el castellano) favoreció sin duda su fracaso escolar. Esto  es un hecho que me constataron muchos de los alumnos de MEMOGA pero que también pude comprobar cuando leí “Memorias dun neno labrego”.

Y a pesar de todo, las condiciones de las escuelas rurales bien entrada la segunda mitad del s.XX continuaban siendo casi tan precarias como la de Pedro Brey. En el siguiente corte, MªCarmen (Pontedeume, 1942), del Centro de Pontedeume que trabajó de profesora, nos explica su experiencia profesional en una escuela de Puente Nuevo (actual Pontenova) en la provincia de Lugo.

Los profesores, como se puede comprobar en este audio, no contaban tampoco en 1963 con un gran sueldo. Parece que el título de este post les ha ido acompañando a lo largo del s.XX cual losa pesada. Es de suponer que la profesión les aportaría otra retribución de carácter no económico que supliera la carencia. De lo contrario, haría mucho tiempo que la profesión de maestro se habría extinguido.

¡Morreu o demo, acabouse a peseta!

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Foto: Barriga Verde. Foto Vega. Lugo. c.a. 1960

En la infancia de todo niño se viven episodios que permanecen presentes para siempre en el recuerdo. La carga emotiva de una experiencia es fundamental para fijar en la memoria los acontecimientos, y esa podría ser una de las explicaciones para los recuerdos imborrables. Cuando somos niños, aún mantenemos viva la capacidad de sorprendernos. La curiosidad nos impele a experimentar, y descubrir cosas desconocidas nos genera un estado emocional propicio para aprender y fijar ese conocimiento.

Es curioso que al preguntar a cualquier persona que nació en Galicia entre 1920 y 1960 (por acotar una fecha) si significa algo para ellos el título de este post, todos puedan decirte algo, más o menos fidedigno, sobre quién era el que lo pronunciaba. Tal fue la importancia de este personaje en ferias y romerías en la Galicia de aquel tiempo. A pesar de todo, y pese a que se expuso a tanta gente a través de sus espectáculos, no existen demasiadas fotos de él, o al menos de su cara al descubierto, pues la mayoría de las veces, o iba maquillado (como en la foto del post) o estaba detrás del escenario dando vida con sus propias manos a aquellos títeres que tanto divertían a pequeños y mayores, entre los cuales se encontraba el famoso Barriga Verde.

El nombre del artífice de todo aquel tinglado era José Silvent, un extremeño de origen francés que vivió en Portugal para aprender el oficio que después pondría en práctica en toda Galicia. En este enlace encontraréis más datos de quién era y de todo lo que hizo.

Los alumnos de MEMOGA, con mayor o menor precisión, conocían también la historia de Barriga Verde. En este fragmento, Luis (A Coruña, 1936) del Centro de Ourense, es quien más se acercó a la realidad en el recuerdo de este personaje.

 

Su dilatada existencia le permitió llegar a lo más alto en su profesión, haciéndose a sí mismo y progresando poco a poco hasta llegar a tener una barraca cada vez más grande y más rentable. Su espectáculo recibió el reconocimiento merecido: le esperaban en todas las fiestas importantes de las ciudades (San Froilán de Lugo, La Peregrina de Pontevedra, San Lucas de Mondoñedo, La Ascensión en Santiago…), no le faltaban clientes dispuestos a pagar y las críticas en los diarios eran siempre muy positivas. Esta del diario “La Noche” nos describe a un José ya maduro, que ha comenzado a delegar en su nieto (uno de los pocos que aprendió a utilizar la palleta que les permitía cambiar las voces de los personajes) y que parece tener asegurada su continuidad.

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Diario La Noche, mayo 1957

El autor de este artículo, que firma con el seudónimo Borobó, es en realidad Raimundo García Dominguez que, en aquellos años, dirigía el diario “La Noche”, poco antes de pasar a dirigir “El Correo Gallego” en 1960.

Seis años después, en otra entrevista del mismo diario al yerno de José, comprobamos que esa continuidad que parecía asegurada no era tal. Y la historia lo demostró. Pese a tener 8 hijos, finalmente nadie continuó con aquella empresa. En esta entrevista es también interesante ver qué tipo de premios se repartían en las tómbolas.

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Diario La Noche, 22 de mayo de 1963

Antes de morir Barriga Verde, el poeta Manuel María se inspiró en el personaje que tantas veces había visto en ferias, para escribir una serie de textos teatrales que recopiló en un libro llamado Barriga Verde.

Y tras la muerte, el olvido. Pasaron los años y los títeres, la barraca y todo lo que giraba en torno a ellos quedó abandonado en un trastero hasta bien entrado nuestro siglo. Tras 40 años, un grupo de personas decidió recuperar el títere tradicional y fue así como surgió una asociación que, entre otras muchas cosas, se centró en reconstruir y recrear la barraca de José tal y como fue. Tenéis información detallada en su web.

Gracias a ellos y al recuerdo de todos los que lo vieron y viven para contarlo, Barriga Verde sigue repartiendo leña a ese “demo” para acabar con él y dar por finalizada la peseta.