Apaga o candil

Este fin de semana toca cambiar la hora otra vez. En este caso, se trata de retrasar el reloj, por lo que amanecerá y anochecerá una hora antes. Para muchos, esta práctica es algo con lo que hemos convivido durante toda la vida, pero lo cierto es que las personas que nacieron en la primera mitad del s.XX no se toparon con esta práctica hasta bien entrada su edad adulta. En España llevamos cambiando la hora sólo desde 1974, cuando la crisis del petroleo obligó a algunos países a tomar esta medida para ahorrar en electricidad e iluminación. Este año la polémica ha sido más intensa que en otras ocasiones porque a punto hemos estado de acabar con esta tradición. Por el momento todo seguirá igual pero es posible que en muy pocos años recuperemos el mismo horario que se tuvo durante gran parte del siglo pasado.

Foto: La llegada de la luz. Caamaño. c.a 1930

La electricidad fue uno de esos inventos que consiguió cambiar por completo la forma de vivir el día a día en una Galicia que llevaba siglos sumida entre sombras y tinieblas. Con la llegada de la luz, como comenté en este post, la Santa Compaña tenía los días contados. Pero la historia está hecha de periodos largos y tediosos. O al menos la historia de antes, que se movía a un ritmo lento y pausado. Así, la luz llegó despacio y de forma poco uniforme, primero en las grandes ciudades y más tarde a zonas más remotas y rurales. En algunas ocasiones, algunas aldeas contaban con luz antes que otras gracias a algún vecino que, con buenos conocimientos, utilizaba un molino como generador para asombro de muchos de sus convecinos.

La gran mayoría de los alumnos de MEMOGA recuerdan una infancia sin electricidad, en la que tenían que hacer uso de lámparas de carburo, candiles, faroles a gas, velas, quinqués… Estos sistemas de iluminación fueron conviviendo junto a la electricidad durante años. En el siguiente corte de audio, los alumnos de Monforte de Lemos explican cómo se iluminaban antes de que las bombillas comenzaran a ser frecuentes:


 

En los siguientes dibujos del etnógrafo Xaquín Lorenzo podéis ver diferentes sistemas de iluminación, entre los que se encuentran los que han comentado los alumnos.

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La electricidad y su propagación a través de las aldeas  generó un sinfín de anécdotas a lo largo de toda la geografía de la comunidad. En el siguiente relato podemos ver lo que le pasó alguien en su primera experiencia con la luz eléctrica:

Despois da guerra, empezou a chegar a electricidade á maioría das aldeas galegas. E así foi cómo o pobre Trujillo, cos seus vinte anos encima, que nunca antes saíra da súa aldea, ó ir durmir a unha pensión en Silleda, cando subía para o cuarto, o pousadeiro lle dixo que se lembrara de apagar a luz. Pois ben, o infeliz mozo, aquela noite, non pegou ollo, xa que a pasou soprándolle á bombilla, sen, por suposto, conseguir apagala. Esto é unha anécdota real. Coñecín o mozo, ó que tratei moitos anos.” Extraído de “Galicia no recordo”. Fernando Lorenzo Rey.

El hecho de que hubiese llegado la luz no implicaba que estuviera todo solucionado. Al contrario, había un largo camino que recorrer perfeccionando cada vez la calidad de la instalación:

“Por se fora pouco, como as concesións eléctricas as daba por trinta ou corenta anos, revertendo despois as instalacións en favor das fábricas, os concesionarios non puñan os cables axeitados, e moito menos os transformadores, resultando que, se se prendían moitas luces na aldea ó mesmo tempo, as lámpadas iluminaban menos que un candil. E non pensedes que había luces que iluminaban os camiños das aldeas. Cando nelas pola noite se tiña que ir dunha casa a outra, se non se vía co resplandor da lúa, simplemente, no mellor dos casos, iluminábanse cun farol, ou collíase un bo tizón do lume e, abanando, daba claridade suficiente para non tropezar coas pedras do camiño e dar cos fuciños no chan.” Extraído de “Galicia no recordo”. Fernando Lorenzo Rey.

Junto a la luz eléctrica también llegó el uso de los electrodomésticos. En el mejor de los casos la gente sabía cómo hacerlos funcionar pero no acababan de comprender cómo era posible que de una caja pequeña llamada radio se pudiera escuchar a la gente hablando. Algunos alumnos me comentaban que, viendo aquello de pequeños, se ponían a mirar la radio por todos los lados buscando la puerta por donde habían metido a aquellas personas. En el peor de los casos, la gente compraba electrodomésticos obviando un pequeño detalle:

“Tamén se deron casos de paisanos que foron ás vilas e mercaron radios, devolvéndoos ós poucos días dicindo que non funcionaban. O tendeiro, diante deles, enchufaba o aparello, e funcionaba perfectamente. Entón preguntáballe se o enchufara ben, e a resposta era sempre a mesma: que na aldea non había electricidade.” Extraído de “Galicia no recordo”. Fernando Lorenzo Rey.

 

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