Los “Fazais”

 

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“El Prestidigitador y el ratero” Atribuido a El Bosco, 1502 o posterior.

Una de las profesiones más antiguas (y la imagen nos lo demuestra) es la de embaucador de inocentes e ingenuos. En esta imagen atribuida a el Bosco, vemos como un individuo absorto en el discurso del charlatán, perderá la bolsa de sus dineros a manos de un habilidoso y disimulado ladrón.

En Galicia, como en todos sitios, existieron y existen grupos de dudosa honestidad que, aprovechando las concentraciones de gente y los lugares donde se mueve dinero, lanzaban su caña con verdadera arte para pescar el jornal ajeno.

Ahora que es tiempo de San Froilán y la ciudad es un hervidero de gente, viene al pelo hablar en este post de los “Fazais”, una suerte de carteristas, trileros o charlatanes, que operaron en la ciudad allá por los años 40 y que aprovechaban precisamente fiestas como la de San Froilán o la feria de ganado para poner en práctica su labor.

Es fácil de imaginar lo tentadora y suculenta que podía ser para un carterista una feria de ganado a mediados del siglo pasado. De aquella, las transacciones económicas se pagaban al contado porque los ingresos a cuenta o pagos con tarjeta eran aún perfectos desconocidos. De esto estábamos hablando en en Centro de Lugo cuando salió el tema de los “Fazais”:

 

Jesús (A Coruña, 1942): “Aquí en Lugo había unos personajes muy típicos, la gente de Lugo tal vez los conozca, que se llamaban los “Fazais”. Yo he tenido el privilegio de vivir al lado de la muralla, yo era un criajo, son recuerdos de la infancia que tengo, y los veía subir por la rampa y había siempre un cebo: un señor que estaba allí jugando a la baraja. Yo les veía desde la ventana de mi casa ahí jugando a la baraja, y llegaba el paisano de turno que había vendido la vaca, con la cartera así y le decían verdaderas perrerías. Entonces el índice cultural era muy bajo, igual le decían que si había visto volar un buey. La cosa era decir cualquier cosa para llamarle la atención al individuo. Iban paseando desde la muralla y veían dos tíos jugando la pasta y uno ganaba la ostia. ¡Pero este no sabe jugar!, le decía el gancho. Y el paisano empezaba a retorcer la gorra. Claro, normalmente la gente en aquel entonces iba a la taberna y había fama de los buenos jugadores y decía, joder pero este no tiene ni idea. El paisano se quedaba con la copla y veía que el otro ganaba y ganaba. Y le decía: ¡Eu si tivera cartos probaba, probe usted si ten cartos! Claro, el paisano se empezaba a meter allí y le dejaban sin cartos con dos o tres manos paliza a paliza y se marchaba algunas veces sin la vaca. Nosotros, desde casa, gritábamos: ¡Señores los Fazais! a los críos nos tenían verdadero odio y rabia porque descubríamos el pastel. Pero eran tan obcecados que ni oían ni nada. Y cantidad de gente. Aquí la muralla de Lugo se quedó sin pasta”

Tal y como habéis podido escuchar, el mundo de las ferias era una auténtica selva donde tenías que lidiar, primeramente contra los tratantes que iban a ponerte mil y una escusas para no pagarte lo que valía tu animal, y más tarde cuando el bolsillo ya estaba lleno, contra carteristas y bandidos en el viaje de retorno a casa. Y en Lugo, además, no dejarte camelar por los “Fazais”.

Efectivamente, los “Fazais” debían su nombre a su lugar de origen. Una aldea muy cercana a Lugo. Era tan pequeña que no me extraña que la gente de bien que provenía de allí, se cuidara mucho de no revelar su origen, tal era la mala fama de los de Fazai. Está visto que actuaban siempre en grupo, con vigilantes que alertaban de peligros con la autoridad, con auténticos actores que sabían hacerse los tontos para animar a las víctimas a apostar su dinero y con verdaderos charlatanes que eran capaces de vender los árboles de la plaza Mayor (antigua plaza España), como dice José Manuel en el corte de audio.

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Vista aérea Plaza Mayor de Lugo. Fuente: Pinterest (Majo Seijas)

De esto último se comenta que tal vez no fuera más que una leyenda urbana y que en realidad no existió tal incauto que llegara a creerse que le vendían los árboles de la plaza ni que se presentó allí con una sierra para comenzar a talarlos. Tal vez esto no se pueda demostrar nunca, pero a juzgar por la foto y dado que por aquel entonces la madera era un bien muy preciado como combustible, no es de extrañar que alguien creyera que había hecho el negocio del siglo.

Si queréis saber un poco más sobre estos personajes son interesantes estos comentarios extraídos del blog del periodista lucense Paco Rivera. En cualquier caso, y sobretodo si vais a comer el pulpo al San Froilán, ¡tened mucho cuidado con vuestras carteras!

 

 

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