Subidos al autobús

Los inventos seguían llegando al s. XX. Eso sí, muy poco a poco. Las carreteras apenas albergaban vehículos motorizados. En los pueblos, muy de tanto en tanto pasaban coches, por lo que lo que los niños corrían por las calles sin preocupaciones, las bicicletas circulaban libremente y los carros, tirados por vacas o bueyes, lo hacían también a su velocidad, sin necesidad de señalizar la lentitud de sus pasos. Estos mismos carros, o más bien, sus ruedas, eran el terror de los escasos coches que circulaban, pues las tachuelas que iban clavadas en la madera y servían para evitar un desgaste prematuro, a veces se soltaban y provocaban numerosos pinchazos.

El hecho de que no pasasen tantos coches hacía que no se les tuvieran en cuenta a la hora de celebrar alguna fiesta. Si llegaba una orquesta, se instalaba el escenario y el baile en medio de la carretera, si era preciso. De forma que, si llegaba algún coche muy de tanto en tanto, la gente que estuviera bailando se apartaba simplemente para dejarlo pasar, y luego continuaba con lo suyo.

Fuente: www.canedo.eu

A Palentina en Allariz nun día de feira. Bus dos americanos c.a 1940. Foto: Chelo Lago Ct en (OLLAR GALICIA.FOTOGRAFÍA ANTIGA. Grupo de Facebook).

Si bien la gente no utilizaba el coche, sí comenzó a aprovechar los autobuses que tenían líneas regulares entre poblaciones. Fue un gran avance, en tanto que ya no había que recorrer a pie o a caballo la distancia que te separaba de la feria. (Si no llevabas alguna vaca o cerdo para vender, claro está). En una Galicia rural con carreteras mal asfaltadas y repletas de curvas, los trayectos motorizados duraban una eternidad. La velocidad que alcanzaban los autobuses no era para tirar cohetes. De hecho, como me comentaba algún alumno de MEMOGA, los coches de línea circulaban tan lentamente que era posible coger de los árboles la fruta si ibas sentado en el techo. Ese techo que, como se ve en la foto, no sólo transportaba pasajeros sino también cualquier tipo de mercancía.

Para hablar de este tema, yo leí a los alumnos un texto extraído del libro “Galicia no Recordo” de Fernando Lorenzo Rey que podéis escuchar en la audición. Lo que explico forma parte del recuerdo del autor pontevedrés sobre una anécdota que le ocurrió en el techo de uno de esos autobuses. La intención de leerles un texto así no es otra que la de generar en la audiencia otros recuerdos relacionados. Y eso es lo que precisamente ocurrió:

En la audición me llama la atención el comentario de Pilar (Villalba, 1931) que recuerda lo que hacían algunos ciclistas con los autobuses para ahorrar energía y tiempo, aún a riesgo de acabar mal parados. Parece que era una costumbre bastante común porque, de hecho, en el mismo grupo había alguien que reconocía haber realizado una práctica tan peligrosa:

Antonio (Lugo, 1933): “Eu tería uns dez anos o así, ía para o catecismo no San Froilán en bicicleta, eu tiña unhas zapatillas novas. E parou en una gasolineira, en San Fernando, un coche militar. Eu engancheime no coche militar pra ir correndo con el. Pero metín os dedos no choio onde se poñía a porta de atrás e entonces non os podía sacar. Ata que cheguei á porta Falsa non sei como fixen que tirei para arriba e caín e cheguei ao catecismo chorando coas zapatillas comidas por diante e sangrando. E había unha señorita que se chamaba señorita Lina, que era muy buena, e tivo tanta lástima de min que foi á farmacia pra comprarme unhas zapatillas novas para que non se enterara a miña nai porque se non…”

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